DESPEDIDA

Manino

Todos los muchos que lo quisimos le llamábamos por su sobrenombre al punto que muchos correligionarios del Partido Nacional y aun amigos, no sabían cuál era su nombre de pila.

Antonio Mercader falleció a los 74 años de edad. Foto: Archivo El País
Antonio Mercader falleció a los 74 años de edad. Foto: Archivo El País

Antonio Mercader nació en Madrid, diríamos que en el corazón de esa ciudad, el Madrid de los Austria en el punto en que la callecita Señores de Luzón se junta con la calle Mayor. Sus raíces están, sin embargo, hacia el noroeste en la Catalunya de su padre, con un toque francés por parte de su madre. Pero el andar fue parte de su vida. Su padre, oficial de la República, las pasó malas después de la Guerra Civil.

Eventualmente llegó a nuestras tierras a cumplir una destacada carrera en la banca. De su mano venía el pequeño Manino quien sin saberlo entonces iba a marcar y muy alto en la vida de su patria de adopción. Siempre recordaba con emoción la oportunidad en que siendo Ministro de Educación, visitó la Escuela Brasil, en la que comenzó a hacerse uruguayo como alumno. Tampoco olvidaba y lo decía con orgullo el haber bebido el cotidiano vaso de leche que se suministraba a los escolares como complemento de dieta. El estribo se lo brindó un buen sistema educativo público, él supo aprovechar la oportunidad y se formó como abogado y devolvió a esta su patria segunda, con creces de servicio, lo que había recibido.

Se casó con Rosario Medero y así la Providencia juntó dos potentes intelectos, una pareja que iba a más, iba a todo con la apoyatura de sus respectivos talentos y el acicate de dos voluntades parejas. No fue en vano, ambos llegaron muy alto en las responsabilidades de gobierno.

Con ser la suya una importante carrera en los puestos de honor, lo que seguramente él hoy reivindicaría como su profesión del alma sería la de periodista pues esa noble tarea llevada a la profundidad y a la vez a la altura, se adecuaba muy bien a un intelecto en permanente ebullición, a un interés por todo lo humano y a una pasión por servir a la verdad y desentrañar sus vericuetos. Así fue el primero en escribir sobre el fenómeno de los Tupamaros, en una obra que es de consulta obligada, indagó en los archivos de los EE.UU. siendo embajador ante la OEA para relatar el episodio de la derrota de las bases militares que se intentó crear en nuestro país en 1941, la obra definitiva sobre el tema, "El año del león".

Mercader junto al expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera. Foto: Archivo El País
Mercader junto al expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera. Foto: Archivo El País

Se integró al Partido Nacional y sirvió a nuestra divisa con gallardía en todos los terrenos. Sintió como tantos la fascinación de Wilson y lo siguió. Fue en 1989 un consejero sensato y perspicaz cuando aquella campaña inolvidable a la que agregó su instinto publicitario que fue otra de las facetas de su brillante carrera.

En El País encontró su definitivo hogar periodístico luego de haber ejercido principales jerarquías en La Mañana y El Diario. Editoriales, sueltos, reportajes de alto vuelo, crónicas entretenidas, crítica de cine, punzantes estiletes, humor de alto nivel fueron sus municiones. Una ancha cultura, sus lecturas permanentes y sobre todo su espíritu alerta a las corrientes de actualidad lo volvían interlocutor preciado. ¡Si habremos pasado horas regalándonos con su prosa! Los habitués de los miércoles en los altos de esta casa periodística sabían que si Manino estaba entre los asistentes ello aseguraba que los temas serían de alto nivel y profundo análisis. La vulgaridad no le rozó, la envidia no lo envenenó, la maldad no lo cegó. Más alto, más lejos, más noble fue su divisa de ser humano ejemplar. Cuando comenzó su calvario médico, cuando él mismo ya anunciaba su final, hizo de la tarea de periodista el ancla de su alma gallarda. Hasta hace pocos días, su firma engalanó estas páginas.

Su ejemplo de vida y de profesión seguirán rondando, para ejemplo, por esta redacción. Su recuerdo nos eleva como ocurre cuando una vida se cumple a cabalidad dejando a su fin, un mundo mejor.

¡Hasta siempre, Manino!

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados