LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

El mandato

Las elecciones, y un final para el infarto, quedaron atrás. En pocas horas la Corte Electoral confirmará lo que a la medianoche del domingo ya estaba claro. Aunque por un margen ciertamente más estrecho del que las encuestas pronosticaban, la coalición opositora liderada por Luis Lacalle Pou asumirá el gobierno el 1° de marzo de 2020 y, tras quince años en el poder, el Frente Amplio volverá a ser oposición.

Entre la primera vuelta de octubre y el balotaje del último domingo los uruguayos hablaron fuerte y claro.

Hace un mes, castigaron al Frente Amplio haciéndole perder la mayoría parlamentaria propia, reduciéndolo a su peor votación desde 1999 y desalojando a muchas figuras de la coalición de izquierda de sus bancas. Y en ese mismo acto, los uruguayos transformaron a Luis Lacalle Pou en el líder de la oposición y le dejaron en claro que, si quería ser presidente, debería ser capaz de armar una coalición que le garantizara el triunfo en las urnas y el respaldo parlamentario para aplicar sus reformas.

Todos recibieron el mensaje de la ciudadanía.

El Frente Amplio entendió que quince años en el gobierno le habían alejado de la gente y salió a recorrer el país para pelear voto a voto la posibilidad de retener el poder. Comenzó a admitir que algunas cosas no se habían hecho bien y puso en la cancha toda su artillería electoral y su enorme capacidad de movilización.

Lacalle Pou, por su parte, comprendió que para ganar primero debía ser capaz que nuclear a toda la oposición. No parecía una tarea sencilla, pero el líder blanco mostró su capacidad para zurcir un acuerdo programático que transmitiera el apoyo otros cuatro partidos a su candidatura. Y con ese compromiso en la mano, salió a recorrer el país para pedir el voto para el cambio.

Nadie preveía un balotaje tan parejo. ¿Qué pasó? ¿Hubo a último momento, especialmente durante la veda, un corrimiento de votos de magnitud? ¿Tuvo algo o mucho que ver el video del general Manini Ríos? ¿Cuánto pesaron los pronunciamientos del Pit-Cnt y de numerosos colectivos que, en el cierre de la campaña, insistieron con que si no ganaba el Frente Amplio se perderían beneficios, prestaciones o derechos ya conquistados?

¿O es que en realidad la pelea fue siempre más pareja y todos nos dejamos llevar por encuestas que anunciaban una ventaja clara? ¿Cuánto era el porcentaje de error de esas encuestas? ¿Tres puntos porcentuales? ¿Tres y medio? ¿Y qué pasa si un candidato le lleva una diferencia de siete puntos a otro, y el error de la muestra puede hacer que el que va ganando baje tres puntos y medio, y el que va perdiendo aumente en la misma proporción? ¿Habrá que regular las encuestas?

Como sea, el Uruguay ha decidido cambiar de rumbo. La coalición del cambio, liderada por Lacalle Pou, tendrá una oportunidad para mostrar que las cosas pueden hacerse mejor. Y el Frente Amplio tendrá la suya para demostrar que, aunque el domingo no reconoció la derrota, es capaz de asumir la misma con grandeza y de ser una oposición constructiva, pero a la vez de fuerte contralor de quien ha sido preferido por la ciudadanía. Un nuevo mandato de la ciudadanía del que todos deberán tomar nota.

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