ENTREVISTA

Lucía Topolansky: "Uruguay es un país raro en el tema de la mujer"

La vicepresidente puso en duda que Uruguay esté preparado para tener una presidenta.

Lucía Topolansky. Foto: EFE.
Lucía Topolansky sobre Graciela Villar: "Ella viene del mundo sindical, eso le da mucha facilidad de comunicación". Foto: EFE.

Lucía Topolansky es la única mujer de Uruguay que asumió el rol de presidenta en la historia del país. Lo hizo "por casualidad", como dice ella, por primera vez en 2010 cubriendo la ausencia por viaje del entonces mandatario, José Mujica, desde su posición de senadora más votada. Después hubo más ocasiones.

La hoy vicepresidenta de Uruguay reconoció que jamás pensó en postularse a la Presidencia y puso en duda que su país esté "preparado" para ese salto de género.

En septiembre cumple dos años en la Vicepresidencia. ¿Qué balance hace?

Yo llegué a la Vicepresidencia por una circunstancia no deseada y, ese día, cuando la Asamblea General votó afirmativamente la renuncia de mi antecesor (Raúl Sendic), prioricé la estabilidad del país y eso quería decir que yo me tenía que subir a un auto en marcha y tratar de que hubiera el menor ruido posible. Podía haber rearmado los equipos y decidí dejar todo como estaba y no hacer ningún ruido extra, poner alguna gente de mi confianza en apoyos y tratar de que fuera una transición suave, serena. Creo que lo he logrado. No lo digo con petulancia, sino porque es un objetivo que estoy contenta de que se haya hecho porque es en bien de la democracia. ¿Se podría haber hecho más? Siempre se puede hacer más en cada orden de la vida. Me remito a este tiempo y a este trabajo que siento que he hecho para el país.

Estamos en pleno año electoral...

Esto está al rojo vivo.

Las encuestas no dejan bien situado al Frente Amplio, que perdería el Gobierno en favor del Partido Nacional. ¿Qué opina de la dupla Daniel Martínez-Graciela Villar (candidatos del FA)?

Lo que dan las encuestas, veremos... Estamos en plena pelea. La respuesta final la tendremos el 27 de octubre, no antes. El Frente Amplio es una construcción sui generis, casi única en el mundo, porque es una coalición donde tenemos partidos, como el Comunista, el Socialista, el Demócrata Cristiano; movimientos como el que yo pertenezco (MPP), sectores más progresistas, más de centroizquierda... es un abanico. ¿Qué nos une? Un programa que construimos entre todos, un estatuto que son nuestras reglas del juego y un compromiso ético. Son tres pilares que nos unen. ¿Y por qué nos juntamos? Porque la izquierda uruguaya comprendió tempranamente, en el 71, que si no estábamos unidos nunca íbamos a llegar.

Algunas circunstancias de economía internacional que nos pegan en la cuestión económica y laboral del país, algunos dicen el desgaste de gobernar, etc... hacen que esta elección sea más complicada, más difícil para nosotros pero no es imposible. Daniel es un ingeniero industrial que tiene experiencia de gobierno. Y tiene un énfasis muy fuerte en dos aspectos: en el equipo de trabajo y en la eficiencia de la gestión de gobierno. En el caso de Graciela Villar, ella viene del mundo sindical, eso le da mucha facilidad de comunicación. Son muy complementarios los dos. El discurso de Graciela es más de tocar el corazón y el de Daniel es más de tocar la razón, pero en la política se precisan las dos cosas. El Frente tiene ya su fórmula, tiene su programa y ahora tiene que salir a hacer la campaña. Nosotros vamos a pelear hasta el último día de octubre y, si tenemos que pelear el balotaje, lo vamos a pelear.

La mujer en la política

Ahora mismo hay dos mujeres (Villar y Beatriz Argimón, del Partido Nacional) que aspiran a la Vicepresidencia. ¿Está Uruguay preparado para una presidenta?

Yo tengo algunas dudas. Uruguay es un país raro en el tema de la mujer porque fue el primer país que le dio el voto en toda Latinoamérica, el divorcio por sola voluntad de la mujer, derechos de herencia de tener propiedades... Todo eso fue muy temprano en Uruguay. José Batlle y Ordóñez peleaba por que las mujeres estudiaran y creó una universidad especial para las mujeres, que se llamó La Femenina para que hubiera mujeres profesionales. Es decir, tuvimos vanguardia ahí. Después eso quedó como quieto en el período de la dictadura (1973-1985) y el feminismo se puso con fuerza sobre la mesa después de la dictadura. Yo no sé si el Uruguay culturalmente está preparado. Tengo la duda, pero es una lucha que hay que seguir dando y, por lo menos, apareció ese escalón: hay dos mujeres que aspiran a la Vicepresidencia.

¿Nunca se planteó abiertamente postularse a la Presidencia?

No, yo no, porque además de la condición de mujer se precisan otra cantidad de cuestiones que a mí me faltan. Hay gente mucho más capacitada que yo en el Frente Amplio. No pasa por ahí lo mío. Yo soy una militante de muchos años y me voy a morir militando y creo en la causa en la que estoy, que para mí es lo más importante de mi vida. Yo empecé a militar en el año 58. Para mí es parte de mi vida. La circunstancia institucional es de los últimos años. En realidad no es mi meta principal. Mi meta principal es la felicidad del Uruguay y creo que se puede hacer política desde muchísimos ángulos, no solo desde la institucionalidad.

La crisis en Venezuela

¿Por qué considera que Uruguay sigue siendo una isla en la izquierda latinoamericana?

Los tres grandes partidos del Uruguay son frentes. Eso es parte de la impronta uruguaya, te diría, que es muy distinta a nuestros vecinos, totalmente distinta. Por eso se explica Uruguay, por nuestra historia. El modo de hacer política... Nosotros coordinamos todas las semanas los partidos, discutimos entre todos en esa mesa, un delegado por partido, cómo se va a posicionar un partido frente a una ley, no hay una guerra salvaje. Hay una cortesía parlamentaria, una forma de hacer política en la que tratamos de buscar acuerdos. Creo que ese ejercicio republicano, porque es muy republicano Uruguay, le ha ayudado en la negociación. Todos negociamos acá.

¿Eso hace que también busquen las negociaciones fuera? Lo digo pensando en el papel de mediación de Uruguay en la crisis de Venezuela.

Sí, nosotros estamos convencidos. Nadie va a sospechar de intentos imperialistas del Uruguay (ríe). Sería ridículo. Uruguay siempre ha jugado el rol de puente. No es esta la primera vez. A nosotros nos duele una invasión porque hemos visto lo que pasa en los países cuando se producen invasiones. En Venezuela puede ser una masacre porque hay mucha gente armada. Por eso participamos de los dos mecanismos que hay en marcha y finalmente el Grupo de Lima nos está dando la razón. Y por suerte los noruegos, que son especialistas en mediación, han agarrado el toro por los cuernos y ojalá se llegue. Esa salida, de las dos o tres o 15 partes que hay en Venezuela, todos van a tener que ceder algo, no es tampoco blanco y negro, y si Uruguay logra eso ya ha logrado algunas cosas. Por lo menos para la invasión no hay acuerdo en Latinoamérica. Eso quedó ahí. Y si eso sale, tiene una salida negociada, aunque tenga rengueras la salida, siempre va a ser mejor que una guerra desatada.

¿Cree que se está jugando algo más en Venezuela que no vemos?

Hay intereses internacionales, que juegan en todos los conflictos, en el de Venezuela, Libia, Siria, Irak, Irán, Ucrania... En todos lados hay intereses. Pero nosotros nos enteraremos cuando se desclasifiquen los documentos. Nosotros capaz que ni nos enteramos, nos morimos antes, cuando se escriba esa parte de la historia.

¿Qué opinión le merece que una de las personas más beligerantes con el Gobierno de Nicolás Maduro haya sido un excanciller uruguayo?

Creo que (Luis) Almagro se equivoca porque la Secretaría General de la OEA tiene que tener equidistancia en los conflictos, tiene que tratar de dialogar con las partes y él tomó partido. Y no se puede tomar partido. Él tendría que hacer lo que hizo Bachelet, fue y dialogó; después informó lo que, a su entender, pasaba. Pero tuvo una actitud mucho más equidistante, pero Almagro, desde hace más de un año, tomó partido y eso ha generado una cantidad de enojos en el continente, por lo cual creo que no hay ningún país, salvo Estados Unidos, que quiera su reelección.

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