EL PULSO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL

Juan Sartori en una charla con amigos y pocos empresarios

El precandidato del Partido Nacional disertó en ADM.

El precandidato se instaló en Uruguay para pelear la interna del Partido Nacional. Ayer hizo hincapié en cuidar la unidad blanca. Foto: Leonardo Mainé
El precandidato se instaló en Uruguay para pelear la interna del Partido Nacional. Ayer hizo hincapié en cuidar la unidad blanca. Foto: Leonardo Mainé

Juan Sartori llegó a la disertación de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) en su mejor momento. Horas antes, dos encuestadoras lo colocaron segundo en la interna del Partido Nacional y creciendo. El multimillonario aún está detrás de Luis Lacalle Pou, pero superó a Jorge Larrañaga.

“Ya esto es una interna entre dos”, respondió el precandidato blanco. Ayer volvió a presentar parte de sus propuestas electorales. Dijo que es tiempo de cambiar la política uruguaya, para tener un sistema político aggiornado al siglo XXI, y dejar de lado el “clientelismo” por el que se coloca a familiares y allegados.

Eligió un tono calmo. Criticó a la Justicia por su lentitud, y mal funcionamiento, y también al gobierno por su política monetaria y dijo que hay que dejar de intervenir el mercado cambiario porque no tiene sentido los montos de dinero que se inyectan para contener algo que es muy complejo de aguantar.

Su mensaje estaba dirigido al sector empresarial. Es que ese ámbito es una marca de las campañas electorales desde hace varios años. Los empresarios compran un tíquet, o sus empresas pagan por toda la mesa e invitan a asociados para escuchar de primera mano a quienes aspiran a llegar al sillón presidencial. Los desayunos y almuerzo organizados por la ADM sirven como lanzamiento de propuestas, como “examen” para que el candidato se gane “el voto empresarial”.

Ese que para algunos politólogos define elecciones. Ese votante que es “de centro”, el votante que logra arrastrar a sus pares. Ese votante que está dispuesto -incluso- a apoyar económicamente a determinado partido si sus propuestas le seducen, le dan tranquilidad y seguridad para sus inversiones.

Juan Sartori viene de esa rama. Es empresario, pero desde noviembre eligió cambiarse de bando para remar en aguas políticas. Ayer fue al evento de ADM como disertante. Fue a hablar con sus pares. Pero no.

Lo que estaba organizado como un desayuno de trabajo con empresas y empresarios terminó en una charla de Sartori con sus amigos y conocidos. De las 22 mesas instaladas en el salón, 11 fueron compradas por el comando de Sartori.

Cada mesa tenía lugar para ocho personas y si se adquiría el tíquet de forma individual costaba US$ 140 (US$ 11.320 por el total de los lugares). El resto de las mesas fue dispuesto para la organización de ADM, Antel, una mutualista, una empresa del rubro digital y la mesa para que los periodistas hicieran su cobertura.

“No, no soy empresario. Yo soy amigo de Alem García”, dijo uno de los consultados por El País sobre a qué empresa representaba. García es uno de los mentores de la candidatura de Sartori y puso su agrupación nacional para que el empresario saliese a la cancha.

“Imagino que a Juan lo escuchó varias veces, ¿no?”, preguntó el periodista. “Masiado (sic). Claro m’ hijo. Si soy amigo de él. Estoy desde el arranque”, dijo con un claro acento rochense y prefirió no identificarse. “Pasa que esto de la política es entreverado, disculpa”, se excusó el caballero cambiándose de mesa para una de las de la primera fila.

Dos ejecutivos de una firma financiera adquirieron tiques en forma personal. “Nosotros teníamos intriga de cómo es este personaje”, dijo uno de los ejecutivos a El País, explicando el porqué de su asistencia al desayuno. La pareja fue ubicada en el fondo de la sala junto a la mesa de la prensa. El resto de las mesas ya estaba destinado al comando de Sartori.

Cuando el precandidato ingreso al local lo recorrió. Saludó mesa por mesa. Algo que antes no se había visto en este tipo de eventos. “¿Cómo es esto? ¿Cuánto tengo para hablar?”, preguntó Sartori a la organización. Le dieron las indicaciones. Lo invitaron a la mesa central y le comentó a los moderadores que hablaría 25 minutos. Su exposición fue de 45. En tono de broma uno de los moderadores contó la anécdota al público: “Está aprendiendo rápido de los políticos”.

Aclaración: Una versión previa de esta nota indicaba que habían sido 17 las mesas disponibles en ADM, cuando en realidad se utilizaron 22.  

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