LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTON

El Inefop

El Inefop, incluso sin esos recursos, siguió gastando. Financió todo aquello que alguien le presentó. Dinero a manos llenas para todos, como si no hubiera mañana. ¿Controles? Poco, tirando a nada.

Inefop. Foto: Fernando Ponzetto.
Inefop. Foto: Fernando Ponzetto.

El Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), el mismo que inexplicablemente prestó a la inviable Envidrio US$ 1,5 millones que la cooperativa apadrinada por el expresidente José Mujica jamás devolvió, se financia por ley con un fondo al que aportan los empresarios, todos los trabajadores y el gobierno.

Los empresarios y los trabajadores nunca dejaron de cumplir con esa obligación. El gobierno, durante las últimas administraciones del Frente Amplio, sí. Desde 2012 a 2019 no aportó unos US$ 65 millones. ¿Por qué? Habrá que preguntarle a quienes decidieron, a la callada y sin dar explicación alguna, dejar de cumplir con la ley y no volcaron los dineros correspondientes al fondo de reconversión de trabajadores. Esos mismos trabajadores son cuya defensa tanto se llenaron y se llenan la boca.

El Inefop, incluso sin esos recursos, siguió gastando. Financió todo aquello que alguien le presentó. Dinero a manos llenas para todos, como si no hubiera mañana. ¿Controles? Poco, tirando a nada. Como ejemplo, en 2019 la consultora CPA Ferrere le advirtió al Inefop por su omisión reiterada en solicitar información sobre las finanzas de Envidrio. ¿Para qué? De última, es dinero de empresarios y trabajadores. ¿Por qué tanta ansiedad por controlar a quién se le presta y si ese dinero un día regresará?

El Inefop creció y creció. Más de un centenar de funcionarios. Y para tanto crecimiento, un edificio nuevo, en la esquina de Sarandí y Misiones. Todo por lo alto. Y ocho directores bien pagos, que reciben mensualmente un salario equivalente al 70% del que cobra un ministro de Estado.

El resultado de tanto descontrol está a la vista. El Inefop gastó año tras año más de lo que le ingresaba. Hoy, cuando en medio de la crisis se le necesita más que nunca, tiene sus finanzas comprometidas.

Hay una auditoría en marcha. Y eso hay que celebrarlo. Pero debe llegarse hasta el hueso.

¿En qué se gastaron tantos millones de dólares?

¿Quiénes fueron los beneficiarios de todos esos programas? ¿Eran personas en situación de desempleo? ¿Es verdad que no hay registro alguno de ello? ¿Y evaluación de los diferentes programas?

¿Hubo, como se dice, sobreprecios? ¿Se cobró por algunos cursos mucho más de lo razonable y del valor de mercado? ¿Quién o quiénes debían controlar que ello no sucediera?

¿Qué responsabilidad tuvieron, por acción o por omisión, los directores del Inefop? ¿Deben responder con su patrimonio, por ejemplo, por el indefendible préstamo a Envidrio?

¿Por qué en todos estos años el Pit-Cnt, que debe velar por el bienestar de los trabajadores, no alzó la voz para señalar lo que estaba sucediendo?

¿Por qué tampoco lo hicieron las cámaras empresariales?

¿Cómo es posible que todos hayan mirado para el costado mientras, en tiempos de bonanza, se vaciaba un fondo que debe estar más fuerte que nunca en momentos de crisis como el que ahora vivimos?

Debe llegarse hasta el fondo. Y deberá, cuando se haya terminado la auditoría y no en cuotas, realizarse un informe completo a la ciudadanía, y en especial a los que aportaron y siguen aportando para que el Inefop funcione.

No deberemos conformarnos con menos.

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