LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

Ignacio Zuasnabar: "Estamos ante una elección de transición"

Mientras unos hacen pencas por la Copa América, otros las hacen por las elecciones internas. Pero a quince días de la votación, Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública de la consultora Equipos, prefiere no apostar.

Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública de la consultora Equipos. Foto: Marcelo Bonjour
Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública de la consultora Equipos. Foto: Marcelo Bonjour

-¿Cómo define al período electoral que estamos atravesando?

-Es una elección interesante. Estamos ante una elección de transición. Estamos viviendo un momento de distanciamiento entre el ciudadano promedio y la política. Es un proceso gradual. Algunos estudios de cultura política, como el Latinobarómetro, vienen mostrando una caída en el porcentaje de uruguayos que apoyan la democracia. Estamos en un momento de transición porque, tras más de una década con una opinión pública satisfecha con la marcha del país y la economía, pasamos a un clima de insatisfacción. Eso implica cambios respecto a, al menos, los últimos dos períodos electorales.

-¿Cabe leer en su respuesta que estamos en la antesala de una alternancia del poder?

-No, es muy apresurado. A esta altura no se puede pronosticar un cambio de gobierno. Uruguay, en lo que va del siglo XXI, viene demostrando un electorado dividido en dos bloques de tamaño relativamente similar. Y eso es, probablemente, lo que vamos a encontrar hacia octubre. ¿Cuál es el bloque que tiene un tamaño un poco mayor? Eso es lo que está en discusión. Eso sí: el Frente Amplio tiene una elección 2019 bastante más complicada que las dos últimas elecciones.

-¿Por qué?

-Por razones externas e intrínsecas. Las ajenas tienen que ver con esta insatisfacción con la marcha de las cosas, asuntos no resueltos. Otros internos que tienen que ver con los recambios de liderazgos. Hay desgaste de los viejos líderes y hay un lento crecimiento de nuevos liderazgos. Hay que ver si en el breve tiempo de una campaña electoral, el Frente Amplio es capaz de alcanzar liderazgos tan poten- tes como los que tuvo en otros períodos.

-Lucía Topolansky había dicho que “el susto despertó al mamado”. Hace un año, usted dijo que si el FA no estaba asustado, debería estarlo. ¿Cambió algo en este año?

-Sigue siendo el mismo escenario, pero pasó un año. El tiempo para que “despierte el mamado” es menor. También es cierto que, de haber un despertar, se suele ver más hacia las elecciones nacionales, cuando estén definidas las candidaturas y las fórmulas.

-Sus encuestas vienen mostrando que el Frente Amplio pierde votos respecto a la elección de 2014, pero eso no lo capitalizan los blancos y colorados. ¿Dónde están esos electores?

-El llamado “frenteamplista desencantado” está dividido. Cortando grueso: es un 15% del electorado. Un tercio manifiesta intención de voto por otro partido, y los otros dos tercios están sin cruzar la frontera: aún no saben qué hacer o se inclinan por el voto anulado.

-¿En esos dos tercios de desencantados está el ganar o perder una elección?

-Sin dudas. Esos diez puntos le daría el impulso al partido de gobierno para superar tranquilo el 40% del electorado total.

-La insatisfacción con la democracia tiene otro indicador: el uruguayo apolítico. ¿Qué está pasando hoy con ese apolítico que representaba un 10% del electorado?

-Sigue estando, pero se moderó. Los procesos electorales suelen acercar la oferta política al ciudadano. Al menos se moderó ese enojo tan duro de quienes dicen que “los políticos son el principal problema del país”. Aun así, no es una elección en que la ciudadanía esté entrando en calor electoral rápidamente. Hay altos niveles de desinterés y desinformación, sobre todo se ve cuando se pregunta qué día es la elección y muchos no saben. También es cierto que la interna, es una elección primaria y que la última vez solo concurrió a votar un tercio del padrón.

-¿Cuántos votarán en las internas de este 30 de junio?

-No lo sabemos. Tenemos internas más competitivas que la elección anterior, eso podría hacer crecer la votación. Pero, al mismo tiempo, estamos viendo mayor frialdad y liderazgos menos potentes. Eso puede jugar en sentido contrario. Debería estar en el eje de 35%, un poco más o un poco menos.

-Parecería que los llamados partidos chicos están creciendo. ¿Es viable estimar qué pasará con ellos luego del 30 de junio y, en particular, de cara a octubre?

-Es imposible hacer pronósticos finos. Sí hay algunas cosas que tienen una altísima probabilidad de acontecer: muy probablemente habrá segunda vuelta y muy probablemente no haya ningún partido con mayoría parlamentaria propia. Pero la composición de las alianzas es difícil de aproximar.

-Pero, ¿es de esperar que los partidos chicos accedan efectivamente al Parlamento?

-Si miramos la última encuesta, la de mayo, tendríamos un resultado histórico: ocho partidos políticos tendrían al menos una banca. Eso no se había dado nunca, y eso que aún queda 15% de indecisos por repartir, lo que podría hacer entrar a algún partido más. El nicho de Unidad Popular está muy estable en las encuestas. También el PERI, con un fuerte apoyo de ambientalistas. Se ve el crecimiento de Cabildo Abierto. Pero, de cara a octubre, pueden ocurrir dos procesos antagónicos. Uno es la hiperpolarización: que las campañas de los grandes partidos sean muy exitosas y termine primando el voto útil, el voto de bloque. O, por el contrario, puede que no haya armonía y que se favorezcan los partidos más pequeños. El solo plantearse esta posibilidad de crisol de Parlamento habla de la transición de esta elección.

Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública de la consultora Equipos. Foto: Marcelo Bonjour
Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública de la consultora Equipos. Foto: Marcelo Bonjour

-¿La “campaña sucia” también es parte de la transición?

-Ojalá que no. Estas campañas le hacen mucho daño a la democracia, mucho más aún cuando ni siquiera se conoce a ciencia cierta la fuente de donde provienen estas prácticas. Hay solo una cosa peor que tomar decisiones sin informarse, tomar decisiones con mala información.

-En las últimas internas del Partido Nacional ganó el que, según las encuestas, iba segundo. ¿Puede que se repita ese fenómeno?

-Es muy difícil estimar las elecciones internas, por la no obligatoriedad y por cuestiones técnicas. Hasta ahora se ve un liderazgo sostenido de Lacalle Pou, sistemáticamente por encima del 45%; un crecimiento sostenido de Juan Sartori; y una estabilidad con moderado decrecimiento de Jorge Larrañaga. ¿Qué va a ocurrir? Tenemos una encuesta en marcha, de casi 2.800 casos, así que veremos unos días antes cómo viene la evolución. 

-Si Sartori no pasa a Lacalle, o Talvi a Sanguinetti, ¿puede decirse que “les faltó tiempo”?

-En campaña lo ideal es llegar con el mejor nivel de apoyo el día de la elección, porque también puede pasar que mantener un liderazgo mucho tiempo sea difícil.

-¿Puede que esto último le esté sucediendo a Daniel Martínez en la interna frentista?

-No lo sabemos, aunque sí puede que haya quienes digan “si este ya gana seguro, voy a votar a otro”. Por ahora, los movimientos identificados son minoritarios.

-¿La votación en Canelones seguirá siendo el termómetro de lo que acontezca en el país?

-En Estados Unidos se usa mucho el término “pueblito de oro”, que es aquel que reproduce mejor la votación nacional. En las últimas dos elecciones aquello que se decía de Canelones migró hacia San Carlos y la ciudad de Maldonado. Pero ojo que es un juego, no es lineal. De lo contrario solo haríamos encuestas en esos pueblos y listo.

-¿La compra de votos sí puede ser decisiva?

-Que se le pague a un elector creo, o mejor dicho quiero creer, que todavía no es una práctica instalada con fuerza en Uruguay. Nosotros trabajamos en Paraguay y ahí está instalado como parte de la cultura política el “voto 100.000 guaraníes (565 pesos uruguayos)”. En Uruguay todavía tenemos un sistema de partidos políticos denso que limita (no inmuniza) la compra de votos.

Las encuestas “son fotos del pasado” no del futuro

-¿Cuánto se juegan las “encuestadoras” en esta elección?

-Nosotros también estamos en transición. En su origen, las encuestas eran vistas como algo mágico: cómo es posible estimar con pocos casos lo que sucede con algo más grande. Eso, sumado a la figura del gurú, legitimó la profesión: figuras como César Aguiar, Luis Eduardo González u Óscar Bottinelli. Hoy por hoy es imposible pensar una campaña electoral sin los insumos de la investigación en opinión pública. Pero, al mismo tiempo, es erróneo pensar que las encuestas son una foto de lo que pasará en el futuro. En todo caso, son de fotos del pasado que sirven para tomar decisiones y entender. En 2014 tuvimos una advertencia: una diferencia de cuatro puntos respecto al resultado del FA. No así en el balotaje o las Departamentales. Tal vez parte de nuestro error fue no advertir que las encuestas sirven para lo que sirven y no más que eso.

-Permítame ser encuestador por una pregunta. ¿Cuánto confía en sus números? ¿Muchísimo, mucho, algo, poco, o nada?

-Confío 100% en mis números. Eso no quiere decir que mis números sean una foto del futuro o de lo que va a suceder dentro de tres semanas.

-Tabaré Vázquez dijo que usted le bajó cinco puntos una medición luego de que cancelara el contrato con su empresa. ¿Qué le responde?

-Hemos decidido no hacer declaraciones públicas sobre este tema y mantenemos esa postura hasta el día de hoy.

-¿Complica que sean los propios políticos los que desacreditan el trabajo profesional?

-Pasa en todos lados y es normal que un líder se enoje. También es cierto que cuando José Amorín dice que se subestima su capacidad de voto, tiene razón: porque tiene estructuras departamentales fuertes y eso la técnica no lo mide con tanta precisión. Lo que no se explica es cuando critican la honorabilidad o adjudican intencionalidad.

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