Marcha por la Diversidad

Un grito de siete colores retumbó en pleno Centro

Como cada último viernes de septiembre, miles marchan por la diversidad y por una “ley-trans-ya”

Marcha por la Diversidad. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Marcha por la Diversidad. Foto: Tomer Urwicz

Cuando el físico Isaac Newton descubrió que la luz solar se descomponía en siete colores, esos que forman el arco iris, en Europa recién comenzaban a inaugurarse los primeros boliches gay —en la clandestinidad. Tres siglos después, esos mismos siete colores son la expresión más potente de quienes celebran la diversidad. Son los colores de las dos banderas que, entre ambas, ayer ocuparon 70 metros de la avenida 18 de Julio; son el maquillaje que ayer miles pintaron en sus pómulos o en sus frentes; son el mástil que cargó ayer Roberto Acosta para abrir la marcha, como cada último viernes de septiembre.

Entre ese espectro de colores ayer había uno que sobresalía sobre el resto. Un color que quería decir algo más fuerte que el Todos Me Miran de Gloria Trevi que salía de los parlantes. Un color que estaba en forma de pañuelos, en brazaletes y calcomanías: el amarillo de la defensa de la ley trans que está a estudio del Parlamento.

"Ni con todo el dinero del mundo lograrán convencernos de que es correcto aceptar que las personas trans vivan 30 años menos en promedio que las personas cis (NdeR: para las que su identidad de género coincide con su sexo biológico)", decía ayer Tommy, integrante de una de las 14 organizaciones que convocaron a la 25ª marcha LGBTI.

Marcha por la Diversidad. Foto: Fernando Ponzetto
Marcha por la Diversidad. Foto: Fernando Ponzetto

Los uruguayos trans tienen una esperanza de vida de 35 años —lo mismo que un poblador de Angola o de Zambia. Los matan las enfermedades de transmisión sexual porque la mayoría tiene que ejercer la prostitución; los mata la calle, las siliconas truchas cuando no hay dinero para una buena operación; y las burlas que terminan en la idea de autoeliminación.

Naty Mattos sabe de eso. Se le nota en las cicatrices del brazo izquierdo, esas que le quedaron de las tantas veces (no recuerda cuántas) que intentó cortarse "porque el dolor físico opacaba el dolor del alma". O cuando se envenenó. O cuando cayó presa porque era mejor una cama detrás de rejas que vender su cuerpo en las noches y dormir en la calle mientras daba el sol.

Pero Naty sabe, también, que pese a todo ya pasó el promedio de vida de las trans uruguayas y que ayer pudo marchar por 18 de Julio siendo por primera vez Naty. Recién este último marzo, 22 años después de que se puso una medias Can Can por primera vez, obtuvo el cambio de nombre en su documento de identidad.

"Hoy estoy plena, hoy tengo un trabajo, la cédula con el nombre que siempre quise y un tratamiento de hormonización (gratuito que da ASSE)", dijo mientras participaba de la marcha y acompañaba el reclamo de "ley-trans-ya".

La de Naty no es solo una transformación personal, con seguridad similar a muchas de las personas que ayer bailaron en la avenida al ritmo de la DJ Paola Dalto. Es el cambio que aceptó su madre pese a que no le fue fácil dejar de llamarla Leandro o es el propio "progreso de la sociedad", como dijo el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, también presente.

—¿Qué falta?

—Falta terminar con la intolerancia. Hoy el senador Luis Lacalle Pou puso en Twitter un lindo mensaje de apoyo a la diversidad y le llovieron insultos de todo tipo. Me solidarizo con Luis Lacalle y veo en esa reacción de parte de la sociedad mucho de lo que resta por cambiar, señaló el jefe comunal.

Puede que el tiempo vaya poniendo las cosas en su lugar. El diputado Fernando Amado, también presente en la marcha, lo nota en la participación cada vez más masiva de adolescentes. Es que gran parte del "desfile" de ayer parecía, por momentos, una fiesta de egresados del liceo. Eran miles los que saltaban con la música techno al costado de los carros, los que estaban a los besos y los que gritaban "ley-trans-ya".

Marcha por la Diversidad. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Pero la juventud no apartó a los "históricos": a los muchachos que travestidos con los hábitos de monja marchan hace 18 años; a la pareja homosexual que siempre porta un cartel diciendo que su hijo es "hétero" y que también caminan por él; a los médicos del Saint Bois, a Puglia, y a los que sin desfilar se asomaron a los balcones para vivir el show.

Eso sí: como buena diversidad, además de "los de siempre" y los cada vez más adolescentes, este año hubo otras expresiones. Un joven llevaba una bandera de Uruguay y sobre ella una foto con la cara tachada de Jair Bolsonaro —el ultraderechista brasileño que, pese a que lo apuñalaron, quiere ser presidente de Brasil. También debutaba en la marcha Anabel, una joven transexual cubana que en su país no podía manifestarse "tan abiertamente". Y estaba Naty, estrenando su cédula de Naty.

El lunes se jugará otra marcha

Fernanda y su pareja, también mujer, acaban de estrenar la maternidad. Tuvieron gemelas gracias a la reproducción asistida que les facilitó el Fondo Nacional de Recursos. Pero lo que era pura felicidad terminó en un juicio. En el Registro solo les permitieron inscribir a las pequeñas con el apellido de la madre que las gestó.

Como la pareja no está casada, las funcionarias que las atendieron les explicaron que "distinto era si hubiese un padre varón", pero que tal como está el reglamento no podían hacer nada. "Esto vulnera el derecho de la otra madre de dar su apellido y de las dos niñas de tener toda su identidad", dijo Juan Ceretta, abogado que, en defensa de la pareja, el lunes presentará un recurso de amparo. "Es el primer caso de este tipo que llega a la Justicia", explicó Ceretta, quien está convencido de que los reglamentos administrativos muchas veces corren por detrás del avance de los derechos. Una semana después se sabrá qué curso tomó esta marcha.

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