LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

Francisco Rodríguez Folle: “Las encuestas han contenido las ansiedades”

Más de 700 personas trabajan para la proyección del escrutinio del balotaje. El presidente de la cámara de encuestas y socio de Research cuenta sobre esta labor.

Francisco Rodríguez Folle, presidente de la cámara de encuestas y socio de Research. Foto: Fernando Ponzetto
Francisco Rodríguez Folle, presidente de la cámara de encuestas y socio de Research. Foto: Fernando Ponzetto

-¿La veda incide en el trabajo de las encuestadoras?

-Es una veda de difusión, no de producción. La mayoría (de las encuestadoras) sigue trabajando por lo bajo, durante la veda, porque eso ayuda a visualizar posibles desvíos en el electorado. Un técnico de Kantar Group, quien analizó 30.000 encuestas desde la década de 1940, descubrió que casi el 30% de la gente define su voto el día de la elección. Dicho esto: se puede concluir que los resultados de una encuesta, que es una medición de lo que la gente declara unos días antes, no necesariamente tiene por qué coincidir con lo que finalmente se vota. La gente cambia.

-¿La veda afecta su negocio?

-No. Pero hay algo más relevante sobre nuestro negocio: lo que el público percibe por los medios de comunicación es solo la punta del iceberg de nuestro trabajo. Primero: de las 12 empresas que integran la Cámara (de encuestadoras), solo cinco publican encuestas electorales. Segundo: de las que sondean la opinión pública en época electoral, su mayor cliente son los políticos a los que se les debe dar información que luego les sirve para la toma de decisiones. No somos un pronóstico al estilo meteorología.

-No es un pronóstico, pero sí fotos de un momento. ¿Cuán perfectas son esas fotos?

-Toda medición es imperfecta, aún más cuando se trata de cuantificar declaraciones que luego se deberían traducir en la actitud de votar. Distinto es si yo le pregunto a una persona qué marca de leche se consume en su casa. Antes no hablábamos de esa imperfección, pero tras 2014 empezamos a hacerlo más público.

-¿Cuándo la encuesta pasó a ser tan importante (o llamativa) para la ciudadanía uruguaya?

-La primera aproximación fue en el plebiscito de 1980, aunque el trabajo más complejo se populariza en la campaña electoral de 1984. Previamente, se tejían muchas especulaciones sobre quién sería el ganador, sobre todo en base a concurrencia a actos, a publicidades en las casas. Las encuestas le han aportado a la política el hecho de llegar al día de la elección con ansiedades contenidas.

-Hay quienes dicen que “hacer una encuesta en Uruguay es una papa: no hay grandes accidentes geográficos, es un país pequeño, la gente habla…”. ¿Es así?

-El contexto ayuda, pero sobre todo importa que la empresa más antigua ya tiene 40 años y la más joven tiene 12. La experiencia, la revisión de las técnicas, es lo que hace la diferencia. La mejor prueba ocurrió el pasado 27 de octubre, cuando veíamos que en Argentina había incertidumbre hasta las 23 de la noche y, en Uruguay, a las 20.30 horas ya había aproximaciones muy buenas.

-¿Cuánto del negocio se juega en “embocarle” a un resultado?

-Ninguna de las empresas vive de la política. La publicación de resultados implica jugarse un prestigio que luego puede incidir, o no, en el trabajo de los cinco años posteriores.

-Hay poco más de 2.699.000 electores y al menos cinco empresas que realizan encuestas de opinión pública electorales. ¿Es una buena relación entre oferta y demanda?

-Así como está, la relación está equilibrada. Algo importante es que el tamaño del universo no te condiciona el tamaño de la muestra. Es decir: en Estados Unidos uno puede decir quién será el presidente con 1.000 casos, igual que lo hacemos en Uruguay. Importa cómo esté armada esa muestra. Lo importante del caso uruguayo, además, es que los partidos políticos les suelen comprar encuestas a más de una consultora y, a la vez, ninguna consultora vive del financiamiento de un partido político concreto. Eso en otros países no sucede.

-¿Quién financia las encuestas?

-Los clientes: los partidos políticos y los medios de comunicación que pagan por la exclusividad de la difusión.

-¿La consultora busca “contentar” a su cliente?

-Tenés más de un cliente, así que no podrías contentar a todos. Pero, sobre todo, la clave de este negocio es la confiabilidad. Para eso importa la honestidad.

-A las 20.30 horas habrá, gracias a la proyección de escrutinio, una idea sobre quién ganara: ¿por qué adelantar el reloj?

-Si se adelanta, nunca es más de dos minutos. A esa hora las empresas llegan solo con un 25% de los circuitos cargados. Pero la gente, y los medios, quieren saber el resultado lo antes posible.

Urnas en la Corte Electoral. Foto: Darwin Borrelli
Urnas en la Corte Electoral. Foto: Darwin Borrelli

-Tras los “errores” de 2014, ¿hubo cambios en la técnica?

-Se cambió poco. La realidad tocó márgenes muy sensibles: ¿se tiene o no mayoría parlamentaria? Entre la última encuesta y el momento de la votación hubo leves movimientos que terminaron llamando la atención. El margen de error tiene sentido en lo que la gente dijo una semana antes, pero no en lo que hizo una semana después. De cinco años atrás hasta ahora, solo cambió que la telefonía celular fue asentándose y se va mejorando la medición en redes sociales.

- ¿Este 2019, qué les quitó el sueño?

-(Se toma su tiempo…) Hacer un buen trabajo. Y hacer un buen trabajo implica un buen presupuesto. Hace un tiempo fui a conversar con las autoridades de un organismo público que llamaban a una licitación de encuesta. Querían una muestra perfecta, con exigencias perfectas. Pero solo estaban dispuestos a invertir $ 300.000. Con eso no se les paga siquiera a los encuestadores.

-¿Cuánto cuesta una buena encuesta?

-Seguro más de $ 1 millón.

-¿Cómo se llega a ese monto?

-Alemania lo resolvió con subsidios por encuestas realizadas.

-¿Hay que regular las encuestas?

-A lo sumo transparentar más las fichas técnicas. La mejor regulación te la da el mercado.

-¿Cuál es el entrevistado más sencillo de encontrar y cuál el más difícil?

-La mujer adulta es la que más encontramos con tiempo de responder. El joven, hombre, es el más complicado.

-¿Hubo una reunión para acordar resultados?

-No, era una fake news.

-¿Hoy los cuestionarán?

-Somos como los árbitros de fútbol (risas).

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