La columna de Pepepreguntón

Encuestitis

Aun año de las elecciones de octubre de 2019 las encuestas de intención de voto parecen coincidir en algunas cosas.

La primera es que hay dos partidos que pelearán por la Presidencia de la República: el Frente Amplio y el Partido Nacional.

La segunda, que parece poco probable que el próximo gobierno tenga mayoría parlamentaria propia.

Y la tercera, que cuando se comparan las intenciones de voto que hoy manifiestan los uruguayos con las que exhibían un año antes de los comicios de 2014, el Frente Amplio es por lejos el partido que más apoyo ha perdido.

Por lo demás, las encuestas presentan diferencias. Alguna dice que hay un 28% de uruguayos indeciso. Y que, cuando les presentan a los consultados una lista con los nombres de los partidos políticos que competirán en 2019, el Frente Amplio saca alguna ventaja. ¿Cómo es eso? ¿Hay gente a la que si no le dicen que el Frente Amplio existe no lo tiene presente y no manifiesta su intención de votarle? Raro.

Otra da al Partido Nacional por encima de un Frente Amplio con una escuálida intención de voto del 25%. ¿Es posible? ¿Puede el partido de gobierno haber perdido la mitad de los votos en cuatro años?

A la hora de medir el crecimiento que ha mostrado el Partido Colorado con el retorno a escena del expresidente Julio Sanguinetti y la aparición de Ernesto Talvi, algunas encuestas le dan un 7%. Otras, un 9%. Y alguna habló de hasta un 12%.

¿Cuál será la realidad? Es imposible saber, en verdad, cuál sería el resultado de una elección si los uruguayos sufragaran este domingo. Lo que es indiscutible es que las encuestas generan en la ciudadanía, y también en la dirigencia política de todos los partidos, una sensación térmica.

¿Cuánto influye esa sensación térmica en el voto de los que aún no han definido su sufragio o de quienes no tienen, al menos, una decisión firme?

¿Es lo mismo votar por alguien que, según las encuestas, va perdiendo su interna, que hacerlo por el que los sondeos adelantan que va a ganar la contienda?

¿Qué tan atractivo es votar por un partido que, siempre según las encuestas, no tiene posibilidades de ganar? ¿Acaso todos los electores valoran el hecho de que en octubre se eligen senadores y diputados, y no necesariamente presidente?

Nadie dice que las encuestas mientan o falseen la realidad que registran sus trabajos de campo. ¿Pero por qué no podría suceder en Uruguay lo que desde hace algunos años está pasando en el mundo?

Las encuestas daban a la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires perdiendo y con claridad con el kirchnerista Aníbal Fernández. Y ganó.

Las encuestas daban perdiendo al Brexit en Gran Bretaña. Y ganó. Las encuestas daban a Hillary Clinton como la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Y ganó Trump.

Las encuestas daban a los colombianos refrendando con luz el proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Y fue a la inversa.

Las encuestas hablaban de un empate técnico entre Bolsonaro y Haddad en Brasil. Y le erraron por veinte puntos porcentuales.

Mirar las encuestas está bien. Son un dato. Pero la realidad estará en las urnas.

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