ANÁLISIS

Empate en un debate que no fue

El debate es, por definición, una controversia. Pero durante la hora y media del llamado “debate”, hubo una pincelada de confrontación y el resto fue lo previsible.

Debate presidencial entre Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou. Foto: Fernando Ponzetto
Debate presidencial entre Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou. Foto: Fernando Ponzetto

Todo estuvo negociado. No hubo preguntas ni repreguntas y hasta la dinámica de quién empezaba cada bloque era un tedio repetitivo. Uno-otro, uno-otro.

La imagen. El debate que no fue dice más de los uruguayos de lo que imaginamos: candidatos y periodistas vestidos de gris o azul. ¿Acaso el colorido no aterrizó en Uruguay?

Daniel Martínez tuvo, en ese sentido, un acierto: usó colores neutros y no los clásicos blanco, azul y rojo frenteamplistas. Eso, en un “debate gris”, lo hizo quedar como parte de la cita. Los lentes desentonaban, tal vez quiso mostrar modernidad, pero fue una infeliz elección del modelo.

Luis Lacalle Pou usó lo previsible: representaba al Partido Nacional y sus colores. La camisa blanca, al hacer más contraste, le daba más luminosidad y brillo en la cara.

Más que la vestimenta, lo que hablaban eran los gestos. Cada tanto Martínez esbozaba una sonrisa irónica. A Lacalle se lo veía más serio. La seriedad puede ser sinónimo de seguridad pero, a la vez, puede leerse como soberbia.

Las palabras. El candidato oficialista cometió varios furcios, no así su contrincante. Lo curioso es que en un formato tan guionado y negociado, Martínez tuvo chance de ensayar una y mil veces. No fueron errores de concepto -más allá de que hubo diferencias en algunas cifras- sino errores en las conjugaciones y las terminaciones de las palabras. Ninguno de los dos transmitió emociones, fueron más bien racionales, Lacalle quiso mostrar una postura más presidenciable, pero eso puede alejarlo de la gente.

Los dichos. Martínez ironizó con que Lacalle era el intérprete del Frente Amplio porque se dedicó más a criticar al oficialismo que a proponer. Pero es lo natural, ¿no? En las elecciones se suele definir la continuidad o la alternancia. Es evidente que el contendiente de la oposición insistirá en los errores del Frente Amplio. De hecho Lacalle criticó el hoy y Martínez hizo lo mismo de los gobiernos de hace 15 años.

El partido. En el primer bloque estuvo mejor Lacalle, con creces. Se lo notó más seguro y dinámico. Martínez leyó demasiado. El segundo bloque era, por la temática, el que el nacionalista tendría que haber ganado con luz, pero no fue así. La seguridad, o mejor dicho la inseguridad, es para los uruguayos el principal problema del país, dicen las encuestas. Sin embargo, Martínez sale airoso de este bloque y hasta da la noticia de anunciar a su candidato a ministro el Interior: Gustavo Leal.

En el tercer bloque, ya más parejo, pudo haber ganado Lacalle cuando le retruca las cifras de la inversión en educación. Pero en el cuarto espacio, sobre el futuro, Martínez sacó a relucir su experiencia de ingeniero e intendente. Puede que el cliché “hechos, no palabras”, haya perdido su efecto de tanta reiteración. Lacalle se mostró demasiado formal en el final, y eso lo pudo haber alejado de la gente. ¿Conclusión? No hubo un claro ganador. Empate. Eso sí, un empate que no mueve la aguja.

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