Movimientos migratorios

Por décimo año, viene más gente a Uruguay de la que se va

Pese al saldo positivo, cada vez emigran más compatriotas.

Carrasco: la llegada de un avión venezolano generó conjeturas. Foto: archivo El País
Foto: archivo El País

El año pasado Uruguay recibió más gente de la que se fue, y lo que parecía una rareza pasajera, llega así a una década ininterrumpida.

En 2018 parecía que se iba a romper con la tendencia. Hasta noviembre el país llevaba un saldo migratorio negativo, que es como le dicen los técnicos a lo que pasa en las sociedades de las que sale más población de la que entra. Pero en diciembre, sobre la hora, la estadística hizo un vuelco y acabó con un saldo positivo de 134.761.

¿Eso significa que inmigraron más de 130 mil personas? No. Las entradas y salidas al país son un mero trámite administrativo, ese que uno hace cada vez que pasa por un puesto migratorio. Los saldos permiten marcar tendencias, pero no calcular personas. Por lógica, un turista que entra y sale da un resultado igual a cero.

El saldo positivo tampoco significa que la población uruguaya esté necesariamente creciendo. Es que la población de toda sociedad varía según la cantidad de personas que nacen, las que mueren, las que vienen y las que se van. En este sentido, la mortalidad está bastante incambiada, pero la natalidad cayó. Hay 8.500 bebés menos en tres años.

Esta falta de niños, y por consiguiente de jóvenes que en el futuro "mantengan" a los más veteranos, hace que el saldo migratorio positivo de esta década tenga un sabor más positivo aún.

Pero la buena noticia esconde un detalle no menor: sigue en aumento la cantidad de uruguayos que emigran.

Otra vez, los datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio del Interior no permiten calcular con exactitud cuántos son los uruguayos que se fueron. Pero sí se comprueba que son más los que salen con un documento de nacionalidad uruguaya que los que entran.

Esto coincide con lo que se viene observando en España, uno de los principales destinos, que desde 2016 capta a más uruguayos de los que "expulsa", según el Instituto Nacional de Estadística del país ibérico.

Estos datos están en sintonía con la investigación del demógrafo uruguayo Martín Koolhaas, quien reveló que la cantidad de uruguayos retornados tuvo su pico máximo en 2012 y luego la cifra empezó a declinar.

Varios uruguayos residentes en el extranjero, muchos de los cuales se habían ido durante la crisis de 2002, comenzaron a retornar a medida que mejoraba la situación económica de Uruguay y empeoraba la europea.

La desaceleración económica de Uruguay y la recuperación de Europa, en especial de España, parece haber vuelvo a invertir la tendencia. O, mejor dicho, retomó el curso "normal" del flujo migratorio.

Es que Uruguay era, desde hacía más de seis décadas, un país expulsor de población. La antropóloga Pilar Uriarte explicó que ahora "se pasó a formar parte de los circuitos migratorios, pero no cambió el status de país emisor".

A su vez, la literatura científica respecto a estos temas dice que en los países pequeños, como Uruguay, la gente tiende a irse a otros que tienen renta más alta. Incluso cuando no hay crisis.

Entran y salen por todos lados

Aquello de que el Aeropuerto de Carrasco es la mejor imagen para narrar la migración, va quedando obsoleto. Así como hay nuevas nacionalidades que pasaron a ver a Uruguay como un posible destino, también se han diversificado los puntos de ingreso. Los argentinos siguen teniendo un flujo pautado por el puerto de Colonia. De ahí que este punto sea el que más pasajeros hayan transitado en 2018. También muchos argentinos han ingresado por Punta del Este, el séptimo puesto migratorio de mayor tránsito, a medida que se incrementa el flujo aéreo directo. Pero la llegada cada vez más notoria de cubanos, que por razones de documentación ingresan por la frontera seca, muestra el crecimiento de puestos migratorios que antes eran insignificantes, como Río Branco, Rivera y Chuy.

Sucede que Uruguay exige visa de ingreso a los cubanos. La mayoría de ellos, sin embargo, encontró una vía de acceso mediante la ruta Guyana-Brasil-frontera con Uruguay. Una vez del lado uruguayo, los isleños solicitan el refugio, status al que luego renuncian para comenzar el trámite de residencia sin ser deportados.

Desde el 1 de enero pasado, sin embargo, rige una flexibilización de las visas, por medio de un decreto que aprobó el gobierno uruguayo para evitar las redes de tráfico que se estaban "abusando" de las necesidades de los migrantes.

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