SE QUEDA EN EL FRENTE AMPLIO

Darío Pérez en las trincheras

El diputado “rebelde” del FA es criticado en la interna por votar la ley de vivienda popular.

Darío Pérez, el diputado "rebelde" del FA. Foto: Ricardo Figueredo. VEA LAS FOTOS
El mate es su gran compañero cuando regresa a su chacra. Foto: Ricardo Figueredo
Es el propio legislador quien cuida a sus siete caballos y cuatro perros. Foto: Ricardo Figueredo
El legislador se hace tiempo para cultivar tomates, rúcula, lechuga, melón, frutillas y hasta sandía. Foto: Ricardo Figueredo

Darío Pérez anda armado. Y está dispuesto a tirar si es necesario para defenderse. Tiene una pistola nueve milímetros, un rifle calibre 22, un revólver 32 que era de su abuela y una escopeta de su padre.

El diputado de la Liga Federal, al que se le conoce por su rebeldía, no anda con rodeos. Da igual que sea en el Parlamento, para votar una ley aun desoyendo al Frente Amplio —como sucedió días atrás con la iniciativa de vivienda popular— o en su chacra de San Carlos, donde ha tenido que recurrir alguna vez a las armas para defenderse de los intrusos.

"No le aconsejo a nadie que tenga o no tenga un arma, pero sí considero que un ciudadano tiene el legítimo derecho a defender su vida y su familia", dijo Pérez a El País. En una pared de piedra de su chacra, que fue levantada por él mismo, hay viejas armas colgadas como piezas de un museo familiar, junto con otros objetos que eran de su abuelo, como un gancho de cortar paja y una trampa para nutrias. La decoración se mezcla con los juguetes de sus dos hijos más pequeños: Benjamín de seis años y Belén de tres.

Fue educado a la manera de la "gente de campo". Su padre, que era mecánico y capataz de fábrica, fue quien le enseñó a disparar. "Me dijo que el día que yo usara las armas era para disparar y hacerme cargo de lo que pasara después", recordó.

Esa lección le sirvió también para la actividad política a la que ingresó de muy chico, con apenas 13 años. Supo integrar las filas del Partido Nacional, donde fue presidente del movimiento estudiantil. Tres días antes del golpe de Estado, el 24 de junio de 1973, pronunció su primer discurso en un acto en Maldonado junto a uno de los principales referentes de la época, como lo fue Wilson Ferreira Aldunate.

En épocas donde no se podía hacer política salió a pintar muros para marcar su rebeldía. Uno en especial le quedó en la memoria: "El Partido Nacional está en guerra, abajo la dictadura". Pero "la gente de esa época" le pidió que se fuera "para la casa", algo que no hizo.

No tenía miedo y era bastante revolucionario como para quedarse quieto. Decidió alejarse de las filas nacionalistas y militar junto a otros de sus compañeros en el Grupo de Resistencia Antifascista. "No éramos conscientes de lo que podía pasar y nos llevaron a todos presos", señaló. Estuvo detenido 12 meses y con libertad vigilada cinco años más, pero eso no fue impedimento para que estudiara Medicina gracias a una "picardía" de un profesor que le ayudó a conseguir la firma del decano de la Facultad para asistir a clase.

Entre tanto, volvió al Partido Nacional formando parte de la Corriente Popular Nacionalista de Carlos Pita y al poco tiempo lo abandonó nuevamente cuando se aprobó la ley de Caducidad.

ENTREVISTA

Darío Pérez: "No se me va la mano"

—Al presidente Tabaré Váz-quez lo mandó trabajar en un tambo. A la senadora socialista Mónica Xavier la tildó de "malagradecida". Al presidente del Banco República, Jorge Polgar, lo calificó de "burócrata". ¿No se le va la mano en las críticas que hace?

—Se lo puedo explicar, me parece que no se me va la mano. Lo del presidente Vázquez lo dije en el contexto de que es un hombre de ciudad, nacido en un barrio de Montevideo, que conoce el campo cuando va a pescar. Si no tiene la vivencia de lo que significa trabajar en el campo, es lógico que una pasantía ayude (...) Me refiero a ponerse en el lugar del otro. Por otro lado, desafío a cualquiera a que me explique que Polgar no es un frío burócrata que se aparta de los lineamientos históricos del Frente Amplio. A Mónica le aportamos 60.000 votos para que fuera electa senadora y antes teníamos un buen trato. Si no es posible discrepar, entonces quiere decir que el espíritu de Stalin todavía anda vivo en alguna parte de los compañeros del Frente.

—¿Cómo evalúa la presidencia de Javier Miranda en el Frente Amplio?

—En los años que llevamos en política nos hemos dado cuenta que gente que llega de afuera es como una paloma. Porque hay una cantidad de cosas que se dicen o se actúan en política que precisan una práctica, un tiempo y cuando se llega de afuera sos un inocente. No importa de qué partido seas.

—¿Está diciendo que es "un paloma" Miranda?

—Cuando llegás de afuera de la política a la política llegás como una paloma y la política está llena de halcones (...) Cuando llega alguien impoluto tiene posibilidades de cambiar muchas cosas, pero para eso hay que tener inteligencia y coraje.

—¿Nunca le hicieron llegar el malestar de Vázquez por alguna declaración que hizo?

—No, nunca. Francamente creo que Vázquez ni se fija en mí. Leerá en el diario que hay un loco en la bancada (risas).

—¿Hay riesgo de perder el gobierno?

—Sí hay riesgo, pero la oposición tampoco logra convencer a los uruguayos de que son alternativa. Me animo a decir que el FA gana sin mayoría parlamentaria.

—¿Usted es un desencantado con el Frente Amplio?

—No me puedo permitir el lujo de desencantarme, porque estoy en el medio de la pelea.

Con el título en la mano.

Una vez recibido de médico general regresó a su pueblo. Se integró al Frente Amplio y en paralelo cursó el posgrado de anestesia. Trabajaba en forma gratuita en dos policlínicas de San Carlos y a pesar de culminar todos los años no se recibió porque le faltó la tesis, la que no terminó por falta de tiempo.

Se hizo conocer como médico del pueblo y recibió la invitación para integrar la lista de Asamblea Uruguay. En campaña electoral bajaba de la ambulancia, se sacaba el uniforme de médico y se subía al estrado para dar sus primeros discursos que, según sus propias palabras, solían ser "espantosos".

"Era muy tosco" y "breve" en sus conceptos. Pero al impulso de la figura del actual ministro de Economía, Danilo Astori, en Asamblea Uruguay fue electo diputado en 1994. Luego rompió con el sector y fundó el suyo propio: Cabildo, en 1997. Hizo campaña en contra de la reforma constitucional de 1996 y recorrió "la calle". En el 2000 fundó la Liga Federal Frenteamplista, lista 1813, sector que pregona ideales artiguistas y se define como "orejano".

Allí se transformó en lo que es hoy. Un político frontal que le habla sencillo a la gente con una lengua muy filosa, que no tiene problemas para criticar a sus compañeros de bancada, al titular del Frente Amplio, Javier Miranda, o a nada menos que el presidente Tabaré Vázquez, del que recientemente opinó que "no le haría mal" trabajar unos días en un tambo para entender la problemática de los productores autoconvocados. Fue candidato a intendente por Maldonado y perdió varias veces. Pero se presentará nuevamente en la próxima elección de mayo de 2020 para dispu- tar el cargo, según confirmó a El País. No le molesta que el resto de los diputados oficialistas lo critiquen o lo acusen de "soberbio" y "antipático".

Piensa que puede ser la "barrera" que evite que más frenteamplistas abandonen la coalición de izquierda y se siente reconfortado por el apoyo que recibe "de la gente en la calle". No pide permiso "a nadie" para dar su opinión, como cuando reclamó la renuncia del exvicepresidente Raúl Sendic o en el momento en que se refirió a la ley de legalización de la marihuana como una "bosta".

Para el diputado "rebelde" no existe la diplomacia. "Solo si es un tema humanitario y delicado", dice mientras toma mate y le pide a su perro "Requeche" que no se suba al sillón de su chacra. "Requeche" es solo uno de los cinco perros que corretean en la casa de ladrillos que está prácticamente aislada en la ruta 9, camino a Rocha. Así de aislado lo sienten también sus compañeros de bancada, pero Darío Pérez entiende que son ellos los que están viviendo "en una burbuja".

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