INFANCIA

Uno de cada cinco niños vive en el hacinamiento

Uruguay está mejor que otros países, pero existe inequidad.

Casi la mitad de niños de los hogares carenciados habita en viviendas con más de dos personas por habitación. Foto: F. Ponzetto
Casi la mitad de niños de los hogares carenciados habita en viviendas con más de dos personas por habitación. Foto: F. Ponzetto

La pobreza tiene cara de niño. Es una frase repetida, pero cada vez que se presenta una encuesta sobre la infancia en Uruguay, vuelve a cobrar sentido. Casi la mitad (45%) de los niños de las zonas más carenciadas reside en viviendas que tienen más de dos personas por habitación. En los hogares más ricos, en cambio, el hacinamiento afecta apenas al 2%.

Si se deja de lado el contexto, uno de cada cinco niños uruguayos vive hacinado. Así lo constata la segunda Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud (Endis). La cifra casi no se movió desde que se aplicó por primera vez esta encuesta, en 2013, pero la aparente estabilidad esconde una trampa: el 17% de estos niños cambió su situación habitacional; algunos para bien y otros para mal.

El bolsillo parece determinante para varios de los asuntos que releva la encuesta. El 31% de los hogares más pobres tiene problemas de saneamiento, frente a solo el 1% de los más ricos. El porcentaje de hogares monoparentales en el primer quintil de ingreso duplica la cifra global. Y, para aportar otro ejemplo, en los barrios más pobres solo la mitad vive con su padre frente al 90% que lo hace en las zonas más adineradas.

Estas inequidades son concluyentes en las habilidades que los niños desarrollarán luego y en la asistencia a los centros educativos, dice el informe. Sin embargo, "los cochecitos (o las personas que viajan en ellos) no se manifiestan", advirtió la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, quien pidió cuidar especialmente a la primera infancia.

Arismendi se reunió ayer con las autoridades del Ministerio de Economía para solicitarles más dinero de cara a la próxima Rendición de Cuentas. Fuentes del gobierno aseguraron que el Sistema de Cuidados tendrá un incremento presupuestal, pero lejos del ideal que planeaba la cartera al comienzo del quinquenio.

Uruguay invierte unos US$ 3.500 al año por cada menor de 18 años. Y puede decirse que el gasto público social fue haciendo, en los últimos años, foco en la primera infancia. Sin embargo, un estudio de la Cepal revela que el Estado uruguayo gasta 1.000 dólares menos en un menor de tres años que en los niños de edades superiores.

El motivo es simple: la inversión más fuerte en la infancia está centrada en la educación formal y obligatoria. Como ejemplo de lo "poco" que sucede fuera del aula, solo el 21% de los niños practica algún deporte o juegos espontáneos. Así las cosas, los resultados de la Endis reafirman tendencias pero no muestran grandes cambios, explicó la investigadora Giorgina Garibotto.

Las tendencias a las que refiere es que se sigue notando el crecimiento de los hogares monoparentales, la mayor exposición a las pantallas de los celulares y los televisores, el estímulo casi universal con canciones para niños y que Uruguay "está mejor" que la región.

Como esta encuesta tiene el objetivo de servir para confeccionar las políticas, el Mides, el MSP, el INAU, el MEC y el INE firmaron un acuerdo.

Padres cada vez más ausentes en la crianza

Cuando en 2013 se hizo la primera encuesta Endis, el 76% de los niños vivía con su padre (hombre). Dos años después, la cifra cayó al 73%. Y en los sectores más pobres, desciende al 48%.

Uno de cada tres niños que no convive con su padre, no tiene contacto con él. Una proporción similar lo ve tres veces por semana y el resto menos tiempo.

Entre los niños que no viven con su padre, a su vez, en dos tercios de los casos (65%) la razón de la no convivencia es que se separó o divorció de la madre. El siguiente motivo más frecuente es que nunca convivió (26% de los casos).

En relación a las condiciones en las que viven los niños, se informa que el 15% vive con madres que se encontraban deprimidas, ansiosas o tenían otra alteración emocional.

Ante los cambios que quedan en evidencia del núcleo familiar,"se requiere contar con políticas que apoyen a las familias y les brinden herramientas para que transiten estos cambios preservando los vínculos con los niños y sin que estos cambios pongan en riesgo el desarrollo integral del niño ni vulneren sus derechos", dice el informe.

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