La entrevista del domingo

“La caída de los nacimientos es sorprendente”

Wanda Cabella, demógrafa e investigadora de la UdelaR.

Wanda Cabella. Foto: Marcelo Bonjour
Wanda Cabella. Foto: Marcelo Bonjour

Algo extraño está sucediendo. Algo que a los investigadores los tiene sorprendidos. La demógrafa Wanda Cabella y sus colegas de la Universidad de la República vienen observando que en solo tres años los nacimientos se han desmoronado un 15%. La caída es tal que Uruguay está próximo a una tasa de fecundidad que se estimaba llegaría recién en 2050. La baja del embarazo adolescente, se redujo a la mitad desde 2015, parece ser clave para explicarlo

-En el primer semestre de este año hubo 1.944 nacimientos menos que en el mismo período de 2017, ¿cuál es la tendencia para el cierre del año?

-Venimos observando, por tercer año consecutivo, una significativa caída de la natalidad. Los datos obtenidos hasta octubre de este año permiten proyectar que el 2018 cerrará con unos 40.000 nacimientos, cuando el año pasado habían sido 43.014.

-¿Es mucho esa caída?

-Es enorme. La caída de los nacimientos es sorprendente. Está claro que Uruguay tiene una fecundidad a la baja desde mitad del siglo XX y que seguirá descendiendo, eso lo ha caracterizado frente al resto de países de América Latina. Pero lo que sorprende es la magnitud de la caída de estos últimos tres años: más de 7.000 nacimientos menos. Ya se había dado una baja entre 1996 y 2002, pero ni siquiera a esta velocidad.

-Si no se hubiese dado esta “sorpresa”, ¿cuándo Uruguay hubiese llegado a estas cifras?

-Estamos hablando que el año cerrará con menos de 1,7 hijos por mujer en edad de ser madre. Se está muy cerca de la caída de nacimientos proyectada para 2050. Cuidado: las proyecciones se equivocan. Pero lo cierto es que, en base a lo esperado, la caída de nacimientos se adelantó 30 años o más.

-¿Qué va a pasar?

-Nada es tan lineal. Es probable que esta caída no se mantenga con esta intensidad, pero seguro dejará una huella en la forma que tendrá la pirámide poblacional de Uruguay al futuro. Habrá una generación con menos gente. Esto es común cuando hay una fuerte crisis económica, una guerra, una alarma por el zika como sucedió en Brasil o el shock de un programa de natalidad muy drástico. Pero nada de eso sucede en Uruguay.

-¿Qué lo explica?

-Uno puede ver que la fecundidad está cayendo y cayendo, pero en realidad es consecuencia de que las mujeres están aplazando la edad en que tienen a su primer hijo. Eso que se llama la postergación de la maternidad. En Europa es muy claro y en varios países el promedio para tener el primer hijo supera los 30 años. En Uruguay, a esta altura, se está cerca de los 25 años. Pero lo particular de Uruguay es que si bien caen los embarazos en todas las edades, entre las mujeres más jóvenes se nota más el descenso. Eso hace pensar que esas mujeres están aplazando cuándo van a tener el primer hijo, pero lo van a tener igual. Incluso puede que lleguen a tener dos hijos que, según las encuestas que venimos realizando, sigue siendo el ideal de hijos que desean los uruguayos. De ser así, la tasa de fecundidad caerá un poco más y luego habrá un “efecto rebote”: un alza.

Foto: Marcelo Bonjou
Foto: Marcelo Bonjou

-Entonces, ¿la caída en los nacimientos es una cuestión de la postergación de la edad de maternidad?

-La caída se explica mayormente por la cantidad de mujeres adolescentes y jóvenes que no están teniendo hijos. Este año ya se sabe que va a terminar así, pero desconocemos si el año que viene a las mujeres de 19 o 20 años se les ocurre volver a tener hijos al ritmo de antes y se recupera con gran velocidad la tasa de fecundidad. Es poco probable.

"La caída de embarazos en adolescentes explica parte del fenómeno: la tasa se redujo a la mitad" 

Wanda Cabella. Foto: Marcelo Bonjour
Wanda CabellaDemógrafa e investigadora de la UdelaR

-¿Por qué es poco probable?

-Están confluyendo varios fenómenos. Por un lado, hay una parte de la sociedad que está teniendo una postergación de la maternidad “a la europea”. Es decir, son mujeres que en lugar de tener sus hijos a los 25 o 26 años, los empiezan a tener después de los 30. Las universitarias uruguayas, en los últimos 15 años, corrieron la edad de su primer hijo en diez años. Es un corrimiento enorme. Por otro lado, las mujeres con poca educación mantenían la edad de su primer hijo; los tenían a la misma edad que sus madres o sus abuelas. Los embarazos en adolescentes, incluso, habían aumentado y para el resto de jóvenes de esos contextos no había un incentivo que las estimulara a aplazar el calendario de maternidad. Entonces el comportamiento demográfico era un reflejo de la desigualdad, de que hay mujeres a las que no les cambia estudiar más, para acceder a un mejor empleo, una mejor remuneración y así criar mejor a sus hijos. Eso parece haberse modificado un poco y cambió las tasas.

-¿Es consecuencia de la política de implantes subdérmicos?

-Tuvieron su consecuencia porque los estudios demuestran que fueron muy aceptados, sobre todo entre las adolescentes. Estas jóvenes salían de la lógica de la fecundidad que se veía en Uruguay, tenían tasas más parecidas a África que a Europa. Los implantes hacen que muchas mujeres jóvenes pueden olvidarse de protegerse para no tener hijos y eso es bien importante. Es que en las encuestas la mayoría de estas chicas decía que usaban métodos anticonceptivos, pero no tenían la constancia que se necesita en su uso. De ahí que era tan común el embarazo no intencional.

-El 38,9% de las mujeres que fueron madres el año pasado, declararon que sus embarazos fueron no intencionales. ¿No es una cifra muy alta para la caída de la fecundidad que está habiendo?

-Sin duda. La no intencionalidad viene bajando pero esperábamos que lo hiciera a una velocidad mayor, y no sabemos cuál es el motivo.

-¿La cantidad de abortos explica la baja de la natalidad?

-No. La interrupción voluntaria del embarazo se aprueba en 2012, se reglamenta en 2013 y en 2014 ya estaba plenamente implementada. A partir de entonces siempre queda en un número que oscila entre los 8.000 y 9.000 al año. Es decir la fecundidad cae y la cantidad de abortos legales se mantiene constante. Incluso se mantiene el porcentaje de adolescentes que se practican una interrupción del embarazo y sin embargo en esta edad los embarazos cayeron brutalmente. Puede que exista una mínima partecita de la caída que se pueda explicar por las interrupciones, como también lo puede explicar un programa. Pero ni soñando los abortos se correlacionan con las cifras que estamos viendo de caída de la natalidad.

-“En Uruguay se está estimulando a que todos seamos trans o gais, entonces es obvio que la gente tenga menos hijos”. ¿Mito o realidad?

-Es otro gran mito. El matrimonio igualitario, por ejemplo, es una cuestión de derechos y no de cómo es el comportamiento sexual y reproductivo de una población. En todo caso, las leyes que fueron aprobadas desde 2010 a la fecha y que hacen a la llamada “agenda de derechos”, sirve para que haya más información disponible, para que se debata. De fondo, eso sí parece más claro, está habiendo un cambio de época. Las multitudinarias marchas del 8 de Marzo, esas que ahora van personas de todos los barrios, nos hablan de que la sociedad se está pensando de otra forma. Eso tampoco explica una caída de la fecundidad tan drástica en tres años, pero es un aditivo.

-¿El cambio de época también involucra a los hombres?

-La idea de que el hombre es el proveedor y la mujer la que cuida está más en cuestión. Pese a estar poco estudiado, los varones, al menos en lo discursivo, declaran que ellos quieren ser parte del cuidado, que quieren compartir el tiempo con sus hijos. No solo el tiempo, la puesta de límites, el acompañarlo en los procesos fundamentales. En varios países europeos se pide que las leyes no tengan sesgo de género y que un juez, por ejemplo, no determine por defecto que la tenencia de un hijo le corresponde a la madre.

-¿Pero eso repercute en la fecundidad?

-Sí en la medida en que al compartirse los roles de cuidado la mujer está más estimulada a tener la cantidad de hijos que desea. Dicho de otro modo, se vive el proceso con menos estrés. En este sentido, Uruguay tiene que contrarrestar eso de que la crianza es cuestión de mujeres. A veces con medidas como licencias paternales y a veces con cambios culturales.

-Somos pocos y caen los nacimientos. ¿Se viene el apocalipsis?

-Claro que no. La baja de la fecundidad y natalidad tiene su parte positiva: la población está accediendo a métodos anticonceptivos efectivos y, sobre todo, cayeron los embarazos en adolescentes. Hace poco fuimos a un congreso en México y los colegas de otros países no podían creer la excelente performance de Uruguay en este sentido: hace tres años la tasa de fecundidad en adolescentes era de 58 cada 100.000 y ahora se terminará el año con la mitad. La noticia es todavía más positiva si se tiene en cuenta que los embarazos en adolescentes estaban concentrados en los sectores con menos recursos, menos educación y mayor porcentaje de embarazos no intencionales.

-Pero, ¿no vamos camino a la extinción?

-Más de la mitad de la población en el mundo vive en países cuya tasa de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo (cada mujer en edad de ser madre tienen menos de dos hijos en promedio). En Uruguay se suele tomar la caída de la natalidad como una mala noticia porque somos pocos. Es una especie de preocupación nacional que ya se veía en el discurso de los pediatras de principios del siglo XX.

-Reitero: ¿vamos a ser cada vez menos?

-No. Nunca vamos a ser un país enorme, jamás vamos a llegar a los 10 millones de habitantes. Simplemente va ir cambiando la sociedad: las parejas van a tener los hijos más tarde, las familias van a ser más igualitarias, hay gente que se va a ir y otros, como sucede con la inmigración actual, van a venir. Parte de la mirada negativa del tema recae en la visión economicista, en la presión sobre el sistema de seguridad social (menos jóvenes para mantener a más viejos). Pero en realidad es positivo que las personas vivan más y con mejor calidad de vida.

-¿La llegada de inmigrantes compensaría la baja de nacimientos?

-En números, hay años que sí y otros que no. En todo caso la llegada de personas en edad de trabajar aligera la presión en la seguridad social. Pero así como los uruguayos tenemos un miedo a la extinción, casi endémico, también está en nosotros el querer irnos. Somos así.

Los hijos no son cuestión de dinero
Wanda Cabella. Foto: Marcelo Bonjour

 ¿Hay que aplicar medidas que estimulen la natalidad?

-Pienso que no. Simplemente se pueden implementar las condiciones para que las personas tengan la cantidad de hijos que desean y a la edad que quieren. Como meta, un Estado que se proponga aumentar la natalidad no suele funcionar. España tuvo una de las caídas más drásticas. Entonces se les ocurrió “el cheque bebé”: por cada hijo se recibían unos 4.000 euros.

-¿No funciona?

-No. Es una mentalidad cortoplacista. Nadie cambia la cantidad de hijos que quiere tener por una medida tan puntual. Las medidas que pueden tener cierto efecto, y aun así no son determinantes, son las que tienden a compatibilizar la vida laboral con la familiar.

-¿Qué significa?

-En los países nórdicos, por ejemplo, no se propusieron que la gente tenga más hijos, sino que exista satisfacción. Son países que ahora están en tasas de fecundidad cercanas a los dos hijos por mujer gracias a que el varón interviene en la crianza, hay licencias de maternidad, paternidad y de cuidado por más tiempo. Si la mujer puede estudiar, trabajar en igualdad de condiciones y encima comparte las tareas, el ser madre genera menos estrés.

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