TRES ALARMAS ANTES DE LOS COMICIOS

Cae confianza en el Parlamento, las elecciones y baja la satisfacción con la democracia, según estudio

Casi un tercio de los uruguayos desconfía de las elecciones. Cuatro de cada diez compatriotas están insatisfechos con la marcha de la democracia. Y más de la mitad desconfía del Parlamento.

Listas de partidos políticos para las elecciones del domingo. Foto: Gerardo Pérez
Uruguay es el “mejor de la clase” en los indicadores que muestran la salud de la democracia. Foto: Gerardo Pérez

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"La democracia es la peor forma de gobierno excepto por todas las otras formas que han sido probadas hasta ahora”. A Winston Churchill, ese hombre de ceño fruncido, habano y pajarita, se lo suele citar con relativa frecuencia. A veces por su intervención como premier británico en la Segunda Guerra Mundial, a veces por sus políticas “conservadoras”. Pero en la mayoría de las ocasiones se lo recuerda por sus frases, como esta pronunciada en 1947 y que dio origen al concepto de “democracia churchilliana”.

¿Qué es la democracia? Más allá de algunas reglas de juego, hay tantas respuestas como posibles respondedores. Algo así como “una democracia a medida”. Pero sea cual sea la definición que uno maneje, la última encuesta del Barómetro de las Américas de Lapop confirma una tendencia: los uruguayos están cada año más insatisfechos con la democracia.

En 2010, año del mejor registro, uno de cada diez encuestados estaba insatisfecho con la forma en que la democracia funcionaba. Hoy, tras una caída sistemática, los disgustados son cuatro de cada diez.

Uruguayos y la satisfacción con la democracia. Fuente: LAPOP / El País
Uruguayos y la satisfacción con la democracia. Fuente: LAPOP / El País

Como sucede en casi todos estos indicadores, Uruguay es el “mejor de su clase”. Está primero (léase es la sociedad más satisfecha) entre 20 países de la región en los que se realizó la encuesta. Pero el pulso de la democracia sigue el ritmo del resto de América Latina.

Incluso ha descendido el “apoyo a la democracia”, entendida como ese concepto churchilliano del mejor de todos los “males”. Tres cuartas partes de los uruguayos consideran que la democracia “es mejor que cualquier otra forma de gobierno”. Se trata de una caída sistemática, aunque a menor ritmo que la baja de la satisfacción.

Según Julián González, docente de Teoría Política, pareciera que “la gente tiende a apoyar a la democracia como régimen, pero manifiesta su disconformidad con la marcha de la democracia como ideal… siente que no le soluciona sus problemas”.

De fiesta.

La veda, esa especie de bozal hasta que se abren las urnas, les prohíbe a los candidatos hacer proselitismo por más de 60 horas. De ahí que a la hora de votar los presidenciables usen el latiguillo: “Estamos viviendo una fiesta, la fiesta de la democracia”.

Según González, “una elección reafirma las reglas de juego, pero una democracia excede al sistema reglado”. Las normas “sirven en todo caso para no desbarrancar, como si fuese una cuerda que va sujetando el avance de las sociedades”.

Sin ánimo de “aguar la fiesta”, la última encuesta de Lapop que reúne a más de 31.000 entrevistas, revela que en la región viene en picada la confianza en las elecciones; y eso que la muestra fue tomada antes de los sufragios en Bolivia.

Uruguay no es la excepción. Casi un tercio de los encuestados desconfía en las elecciones. ¿Cómo es posible si desde el retorno a la democracia no hubo fraude? “Pese a que no haya denuncias de fraude o que no haya tantas elecciones como en otros países, lo que provoca cansancio, aquellos que están insatisfechos con la marcha de la economía, o que han sido víctimas de la corrupción o de un delito violento suelen demostrar insatisfacción con las instituciones clave de la democracia… es un efecto cascada”, explica Fernanda Boidi, coordinadora de Lapop para América del Sur.

Uruguayos y la confianza en las elecciones. Fuente: LAPOP / El País
Uruguayos y la confianza en las elecciones. Fuente: LAPOP / El País

Tanto la encuesta de Lapop como la del Latinobarómetro (son las dos más reconocidas a nivel regional) “no sirven para futurología, pero sí dan pistas del humor de las poblaciones respecto a la democracia”, dice la cientista política Boidi.

En este sentido, el estado de ánimo de los latinoamericanos no parece ser el mejor. En una entrevista con El País, el politólogo cordobés Mario Riorda decía que lo que hay entre medio de la euforia y la decepción es el escepticismo.

Julián González también es cordobés, pero en los años que lleva viviendo en Uruguay ha notado que “la cultura cívica y republicana es lo que diferencia a Uruguay y lo que lo vuelve el «mejor de la clase»”.

A su entender, “en la elección el ciudadano no delega del todo la soberanía, sino que en cualquier momento puede salir a manifestarse o echar para atrás una decisión del político”. Y concluye: “Los ciudadanos no son apáticos, se reservan el derecho de vigilancia, de control”.

A las “alarmas” de la insatisfacción con la marcha de la democracia y la desconfianza en las elecciones, se le suma una tercera advertencia de la que Uruguay también es parte: la caída de la confianza en el Parlamento.

En el país, menos de la mitad confía en el Legislativo. Solo México puntúa mejor que Uruguay. En otras naciones esta desconfianza tiene su correlato en que cada vez más latinoamericanos toleran el cierre del Parlamento por parte del Ejecutivo. La cuarta parte de los encuestados en la región toleraría una acción de este tipo.

Uruguayos y la confianza en el Parlamento. Fuente: LAPOP / El País
Uruguayos y la confianza en el Parlamento. Fuente: LAPOP / El País

“Los partidos políticos y los parlamentos son, en el mundo, las instituciones en las que menos se confía”, cuenta Boidi. “A buena parte de los ciudadanos les es difícil entender la labor parlamentaria. Es un órgano deliberativo y no ejecutivo. El legislador no me arregla un puente o construye una garita. Eso hace que las Fuerzas Armadas (en un país que salió de la dictadura hace 35 años) o la iglesia (en el país “más ateo del mundo”) reciban más confianza que el Legislativo”.

El “mejor de la clase” vivirá mañana “la fiesta de la democracia”. Pero González y Boidi advierten que eso no es blindaje suficiente para el sistema.

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