PARTIDO NACIONAL

Blancos se lanzan al desafío de rearmar el wilsonismo

El ministro del Interior, Jorge Larrañaga, está a prueba, el senador Jorge Gandini se moviliza y algunos miran a la vicepresidenta Beatriz Argimón.

Con el sector que ha nucleado Luis Lacalle Pou fortalecido tras haber conquistado la presidencia, referentes asociados al wilsonismo intentan crecer. Foto: Francisco Flores
Con el sector que ha nucleado Lacalle Pou fortalecido tras haber conquistado la presidencia, referentes asociados al wilsonismo intentan crecer. Foto: Francisco Flores

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Es como la fábula del escorpión y la rana. Él le pide que lo ayude a cruzar el río. Ella desconfía pero finalmente termina accediendo, porque entiende que no tiene sentido que el escorpión le pique, pues en ese caso él moriría ahogado. Esto pasa en el Partido Nacional: por un lado herreristas -digámoslo así para simplificar, aunque algunos en filas de Luis Lacalle Pou se sienten alejados de esta terminología- y wilsonistas por el otro entienden que tienen que caminar de la mano de cara a lo que se viene. Y que finalizado ya, tras las asunciones de esta semana, el largo periplo electoral, es hora de pensar en reconstruir esta segunda ala del partido que hoy se encuentra ciertamente debilitada.

El futuro político de un partido -o de un sector- suele depender de los liderazgos. La renovación es el mayor dolor de cabeza de una fuerza que aspire a ganar elecciones, y para entender esto basta con mirar lo que ha pasado últimamente en el Frente Amplio o, desde hace más tiempo, en el Partido Colorado. Estamos hablando de liderazgos, además, que puedan tener aspiraciones a nivel nacional -no solo en el sentido de poder llegar a ser presidenciables, sino de arrastrar a la militancia y conseguir votos, y generar la imperiosa mística.

Este es un problema que los herreristas parecen tener solucionado. La figura del secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, es la que todos ven como la del heredero directo de Lacalle Pou. Después hay otros nombres que, con menor fuerza, también se hacen sentir, como el del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema. Lo que confirma esto es que muchos ven en Aire Fresco (la 404), una lista fundada por el presidente -que Delgado maneja a nivel macro mientas que Lema se encarga más de los militantes jóvenes-, el futuro de esta ala blanca. Otro nombre que a veces suena, pero por ahora muy al pasar, es el del ministro de Defensa, Javier García.

Con esto, la mitad del problema del Partido Nacional está solucionado. ¿Pero qué pasa con el wilsonismo?

La puja.

Jorge Larrañaga fue por años la voz principal del wilsonismo. En las últimas elecciones varios dirigentes depositaron dudas sobre su figura y su movimiento, Alianza Nacional. Algunos incluso dieron un portazo -es el caso de algunos en el llamado “Grupo de los Intendentes”-, y otros lo apoyaron a regañadientes -como pasó con el senador Jorge Gandini. Hoy el entorno del ministro del Interior está compuesto tan solo por sus más íntimos colaboradores, los que siguen viendo en su líder a alguien con la capacidad de mover otra vez a los militantes -sobre todo en el interior- y generar un proyecto convincente para 2024, basándose en la buena gestión -que esperan tenga- en el ministerio más difícil de todos.

Jorge Larrañaga, ministro del Interior. Foto: Leonardo Mainé
Jorge Larrañaga, ministro del Interior. Foto: Leonardo Mainé

Larrañaga tampoco apuesta a algo distinto. No participó para nada en la última elección departamental, no va a actos políticos ni organiza nada que tenga que ver con Alianza Nacional. Le pega al Frente Amplio, sí, desde su sillón ministerial, pero pone foco solo en sus antecesores en ese lugar. De su futuro político ni habla.

Gandini, que fundó en 2017 su movimiento “Por la patria”, ya tiene decidido que con Larrañaga nunca más. Ha mantenido las últimas semanas reuniones con intendentes y legisladores para intentar armar un paraguas wilsonista que se mueva por fuera de la figura de su exaliado. Ha asumido, también, un papel de liderazgo dentro del Senado, encargándose de varios temas de la ley de Presupuesto, reuniéndose con los sindicatos y negociando con la coalición multicolor.

Si se le pregunta a Gandini si tiene aspiraciones de ser candidato, él advierte que no es tiempo de pensar en eso, que su idea es rearmar el ala wilsonista sin poner aún foco en este tema. Fuentes de su entorno advierten que es posible que intente una alianza con el Grupo de los Intendentes (liderado por el reelegido jefe comunal de Maldonado, Enrique Antía, y el exintendente de Cerro Largo y senador, Sergio Botana).

Botana, que también ha tenido un rol protagónico en el Senado pero con rasgos orejanos, cuestionando incluso algunos artículos del Presupuesto (no estuvo de acuerdo, por ejemplo, con el arreglo al que se llegó con el FA por la gobernanza de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana), dice que se siente a gusto con la alianza que logró con el herrerismo antes de las elecciones de octubre. El Grupo de Intendentes había coqueteado antes con la exsenadora Verónica Alonso, que también intentó presentar una alternativa al wilsonismo larrañaguista antes de sellar su fallida alianza con Juan Sartori; luego apuntó a la figura de Antía como precandidato, y tras esto, de cara a las nacionales selló la alianza electoral “Unidos” con Lacalle Pou.

Pero el exintendente de Cerro Largo no cree que esto sea eterno. Él lo explica así: en el Partido Nacional hay un oficialismo y una oposición, y él se siente más cómodo formando parte de una alternativa.

¿Y los que faltan?

Pero en todo este juego hay dos piezas que no calzan. Una es la del senador Juan Sartori, que pese a que fuentes cercanas a él advierten que llegó a la política para quedarse y que planea ir por una nueva candidatura, distintos actores blancos (herreristas o wilsonistas) creen que la tiene difícil. Lo que repiten es que la carta que lo llevó a salir segundo en la interna -por encima de Larrañaga y Antía-, fue el comodín de la sorpresa. “¿Quién es Juan?, preguntaban. Bueno, ahora todos saben quién es, ya no puede seguir con eso”, sostiene un legislador nacionalista, refiriéndose al eslogan de campaña de Sartori.

Y por último: Beatriz Argimón. Es uno de los nombres que suenan dentro del Partido Nacional para 2024, pero nadie se anima a ponerla en ninguno de los dos polos. La abuela de la vicepresidenta fue fundadora del Movimiento de Rocha. Su padre era herrerista y su madre es wilsonista. Durante el gobierno de Lacalle Herrera fue presidenta del Iname (hoy el INAU), fundó con Julia Pou la lista 400, luego pasó a Correntada Wilsonista, después se declaró independiente, en 2009 apoyó a Larrañaga, en 2014 a Lacalle Pou, y en 2019, siendo presidenta del directorio del Partido Nacional -cargo para el que la impulsaron el actual mandatario y Carlos Julio Pereyra- también se presentó como independiente.

Beatriz Argimón, vicepresidenta de Uruguay. Foto: Leonardo Mainé
Beatriz Argimón, vicepresidenta de Uruguay. Foto: Leonardo Mainé

Ha jugado de un lado y del otro de la cancha, por eso la gran incógnita es con quién podría sellar una alianza de acá en más. Desde su círculo más íntimo sostienen que por ahora seguirá haciendo lo que realizó desde el directorio: “Cuidar los equilibrios internos, buscar que las distintas partes del partido no se peleen y trabajar para hacer crecer a todos los sectores, porque un partido desunido puede poner en juego la continuidad de este proyecto”.

Muchos depositan en ella, sobre todo grupos de militantes jóvenes, la esperanza hacia las próximas elecciones. Argimón registró una agrupación en la Corte Electoral, pero las fuentes coinciden que no la utilizará hasta que defina su futuro político, que podrá ser de un lado o del otro del partido. “Según dónde se necesite para que el partido crezca”, advierten.

En la fábula del escorpión y la rana, este la termina picando. Se ahogan juntos. El gran desafío de los nacionalistas es mantener la unidad hasta llegar al otro lado del río.

Camino a la reconstrucción.

ministro
Jorge Larrañaga
Jorge Larrañaga
Decidió alejarse de la actividad política partidaria y focalizarse solamente en su tarea como ministro del Interior. Se mantiene rodeado de sus más entusiastas colaboradores, que lo ven con posibilidades de intentar ir por la presidencia por quinta vez. Su suerte depende de sus resultados en la cartera.
senador
Jorge Gandini
Jorge Gandini
Se separó definitivamente de Larrañaga. Desde “Por la Patria” aspira a generar un movimiento nacional. Sabe que tiene mayor incidencia en Montevideo, por eso busca unirse a intendentes del interior desencantados con el ministro. Mira hacia el “Grupo de los Intendentes”, de Botana y Antía.
senador
Sergio Botana
Sergio Botana
Él y Antía, líderes del “Grupo de los Intendentes”, formaron una alianza con Lacalle Pou, “Unidos”. Aunque Botana advierte que falta mucho para 2024, y sostiene que para reorganizar el mapa político interno falta, ya dice que se ve como opositor al oficialismo dentro del Partido Nacional.
vicepresidenta
Beatriz Argimón
Beatriz Argimón
Se muestra como independiente. Ha pasado por el herrerismo y el wilsonismo, pero ante la figura de Delgado, para muchos heredero directo de Lacalle Pou, suena su nombre como posible aspirante a la segunda de estas alas. Ya registró un grupo político en la Corte Electoral y la apoyan jóvenes militantes.
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