La columna de pepepreguntón

El avestruz

El gobierno ha procurado transmitir la sensación de que el país está "blindado" y que no hay razones para pensar que la fuerte crisis por la que está atravesando Argentina y la inestabilidad que sacude a Brasil impactarán de manera severa en la economía uruguaya.

Está bien que el gobierno trate de calmar las aguas. Eso es lo que debe hacer un gobierno. Transmitir serenidad. Pero una cosa es llevar tranquilidad y otra muy diferente negar lo evidente y enojarse con los que no hacen otra cosa que advertir que lo que se avecina no es bueno.

La crisis argentina nos pegará fuerte. Afectará de manera obvia nuestra próxima temporada turística, porque para los argentinos nos hemos vuelto carísimos. Vendrá menos gente. Por tanto, entrarán menos dólares. Habrá menos trabajo en todos los sectores que viven del turismo. Y eso se sentirá a lo largo del año entrante, en especial en los departamentos del este, donde más de uno tendrá problemas para mantenerse al día con los impuestos municipales.

Pero el problema va bastante más allá. Porque hay empresas uruguayas que tienen en Argentina su único destino de exportación. Y esas industrias ya están recibiendo notificaciones de cancelación de pedidos. El mercado para el que trabajan estará cerrado durante un buen tiempo. Y esos industriales y los trabajadores de esas industrias sentirán el golpe. Y los proveedores de esas industrias y sus trabajadores, también.

Y todo ese impacto se sentirá fuerte en un Uruguay que, aunque el gobierno y el Frente Amplio no quieran reconocerlo, ya está en problemas. Y no por culpas ajenas o por crisis de países vecinos, sino por lo que en Uruguay se hizo o no se hizo en estos años.

Porque en Uruguay hace rato que se vienen perdiendo puestos de trabajo. Porque la inversión privada no ha dejado de caer. Porque el país se ha vuelto poco competitivo. Porque el Estado pesa demasiado; cada vez más. Porque se ha gastado más de la cuenta en años de vacas gordas y ahora una crisis en un país vecino nos encuentra con un déficit de cuatro puntos del PIB. Y las consecuencias están a la vista. El Uruguay luce estancado. Frenado. El consumo ha caído. La morosidad, aunque aún baja, está empezando a crecer. La gente se muestra reacia a tomar créditos. Y se entiende. Siete de cada diez uruguayos siente que la situación económica del país no es buena. Y no hay expectativas de mejora para 2019.

Por tanto, llevar tranquilidad a los uruguayos es una cosa, y esconder la cabeza como el avestruz otra muy diferente. El próximo gobierno, sea del partido que sea, va a tener que decir las cosas claras desde el inicio y tomar medidas ingratas, que nadie va a salir a aplaudir en las calles, pero necesarias e imperiosas.

El que venga va a tener que hacer el ajuste. Va a tener que poner orden. Va a tener que decir que No a los que solo piden y piden, co-mo si los recursos del Estado no salieran de los bolsillos de los producen y trabajan. Si pretende solamente quedar bien y no ser criticado, y seguir haciendo la plancha, la realidad le impondrá el ajuste como ha sucedido en Argentina.

Porque la fiesta, en algún momento, se termina.

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