ENTRE LOS TRIBUNALES Y LA DELINCUENCIA

Los policías denuncian sentirse "rehenes" en los barrios críticos

Desde diciembre hubo 5 custodios lesionados durante ataques y robos.

Los ataques a custodios se han dado en torno a Casavalle. Foto: L. Pérez
Los ataques a custodios se han dado en torno a Casavalle. Foto: L. Pérez

Desde diciembre, cinco policías fueron lesionados en Montevideo durante ataques y robos que sufrieron mientras estaban en funciones como custodios de mujeres víctimas de violencia de género. El último incidente de este tipo se dio en el barrio 40 Semanas, el pasado lunes. Otro agente asignado a esa custodia en días anteriores, Carlos Pírez, que hoy es directivo nacional del sindicato policial, dijo a El País que en zona roja la función ya es complicada aunque se asigne a dos agentes. Y todo empeora si es enviado un solo policía.

"Nosotros estábamos afuera, en medio galpón, pared a un costado y techo hasta la mitad, un techo todo lleno de agujeros. Los días de lluvia uno se moja y los días de frío no hay como cobijarse. Nunca accedimos a la vivienda y en el galpón había un water pegado a la pared, pero sin cisterna ni nada. Uno se arriesga a cualquier tipo de enfermedad".

En medio de un asentamiento, a la tensión que puede padecer el policía por la propia función se suma la hostilidad del entorno.

"Los muchachos vecinos pasan e insultan siempre. Y hay que estar ocho horas como mínimo, pero llegué a estar diez. Hay que esperar que manden el relevo y por eso se hace más tarde. Algunos compañeros están en lugares peores, sin techo ni nada. Uno fue amenazado de muerte, pero lo seguían mandando ahí. Incluso la víctima de agresión que estaba cuidando, la mujer, pedía que no lo mandaran más, porque era para problema de ella, además de un problema para el policía. Es muy bravo, se vuelve todo muy turbio".

Pirez cuenta que no fue víctima de robos o de ataques físicos pero agrega que no lo convocaron más a quedarse haciendo la custodia en solitario desde que un día se negó a permanecer solo, cuando un patrullero llegó para llevarse a su compañero de guardia, sin realizar un relevo. "Era mi integridad física y mi vida", sostiene Pirez.

En la actualidad, el sindicato espera pruebas de posibles levantamientos de actas y sanciones a más agentes que se negaron a quedarse de custodios sin la compañía de otro policía.

Confusiones.

El sistema puesto en práctica por la Justicia ante la falta de tobilleras, está dando lugar también a situaciones en que los policías se sienten entre dos frentes. En otra custodia, a dos cuadras de la que hizo Pirez, vecinos comunicaron a los guardias que el agresor denunciado por la mujer protegida entraba todos los días a la casa y tenía relaciones sexuales con ella.

Entre insultos y maldiciones, la mujer pedía a los policías que se retiraran, hasta que se corroboró que el hombre entraba a la casa y entonces el predio fue delimitado de otra manera. "A la mujer también la amenazaban otros vecinos, porque por culpa de ella estaba ahí la policía", dice Pirez.

Hay custodios que llegan al lugar asignado en su moto. Pero en realidad deben ser trasladados en patrullero, como también la víctima, si por ejemplo debe ir a un juzgado o a una fiesta. Sucede en cambio que una comisaría puede tener varias custodias, y entonces no es suficiente con un solo patrullero si todo no está muy bien coordinado y no se dan imprevistos. El PADO no hace traslados de esa especie y sus móviles no salen del sector fijado como casi tampoco la URP, destinada a patrullajes preventivos.

Más de 400 policías custodian a 80 víctimas

Por orden judicial, hay más de 400 policías que actúan en la función de custodios, para proteger a unas 80 víctimas de violencia de género. Eso resta un 40% del patrullaje cotidiano, que ocupa en todo Montevideo a unos 1.200 efectivos. El director de la Policía Nacional, Mario Layera, adelantaba a Telenoche a mediados de febrero que las resoluciones judiciales que determinan custodias ya estaban saturando la capacidad del Ministerio del Interior y "afectando muchísimo" a las otras tareas que debe cumplir la policía, como el patrullaje o las investigaciones. Según Layera, el desequilibrio podría afectar al resto de la población.

TESTIMONIO.

Cuando la casa puede volverse una prisión

No es sencillo ser "una 10-10", código que la policía asigna a la mujer que debe proteger por mandato judicial luego de sus denuncias por haber sufrido agresiones físicas o psicológicas de una expareja.

Graciela Castillo cuenta que pasar por esa experiencia la llevó a sentirse casi en prisión domiciliaria, con los policías dentro de su casa durante el día, y en la puerta o dentro del patrullero por las noches.

En 2015, la Justicia había determinado como medida cautelar que el hombre que la acosaba en Montevideo debería respetar 300 metros de restricción. Pero quien había sido su pareja continuó hostigándola, por lo cual ante otra denuncia que hizo y la falta de tobilleras, la Justicia resolvió fijarle una custodia en 2017.

Castillo es maquilladora, y debió suspender los trabajos con quinceañeras y novias que realizaba en su casa, porque la sola presencia policial alteraba el ambiente. También se vio obligada a pedir licencia en otro trabajo porque a su jefe tampoco le parecía adecuada la presencia policial.

Mientras estuvo con custodia, para trasladarse de una zona a otra, al cumpleaños de un sobrino o a ver a su padre, Castillo debía esperar a que los agentes coordinaran con la seccional del destino. Como contó al portal Ecos, el hombre la sigue acosando ahora pero a través de un juicio civil.

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