CASO A PUNTO DE RESOLVERSE

Policía busca a un sicópata por el crimen de la odontóloga Luciana Bentancur

A cinco meses del crimen de la odontóloga del pueblo Castellanos, Luciana Bentancur, la Unidad de Análisis de Hechos Complejos de la Policía identificó a un sospechoso.

Movilización por el crimen de Luciana Bentancur. Foto: Fernando Ponzetto
El 18 de octubre de 2019 más de 40 vecinos del pueblo fueron a la ciudad de Canelones a entregar una carta a la fiscal. Foto: Fernando Ponzetto.

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El miedo que se instaló hace cinco meses en la población del pueblo Castellanos tras el homicidio de la odontóloga Luciana Bentancur (35) es fundado. La Policía ya tiene identificado al posible matador: es oriundo del pueblo canario.

La investigación, liderada por el comisario Germán Suárez de la Unidad de Análisis de Hechos Complejos de la Policía, ya identificó a un sospechoso del homicidio cometido de 49 puñaladas el 4 de septiembre de 2019.

Según un operador judicial, el individuo se ausentó del pueblo Castellanos al día siguiente del asesinato de la odontóloga y por el momento se encuentra prófugo.

La Justicia ya dio orden de detención para esa persona. Es posible que contara con un cómplice.

El perfil del sospechoso hace suponer a los operadores judiciales que se trata de un sicópata que ingresó al consultorio de la odontóloga con fines de robo y luego la mató con saña.

Según la fuente, dicho perfil brinda a la Policía una explicación psicológica sobre la cantidad de puñaladas que sufrió la víctima, quien vivía sola con su hijo pequeño.

En el momento del crimen, el menor se encontraba al cuidado del padre, que se había separado de Luciana.

Luciana Bentancur
La vecindad realizó siete marchas en su nombre y creó una página de Facebook para intercambiar información. Foto: El País.

En el entorno de Luciana se sabía que la dentista tenía un cajón debajo de su mesa de trabajo donde colocaba los honorarios que le entregaban sus clientes. Lo mínimo que guardaba allí eran unos $ 15.000. Es posible que el 4 de setiembre de 2019, día del asesinato, la odontóloga contara con unos $ 20.000.

En el lugar no había dinero cuando llegaron los familiares a la casa. Así que ese dato abre la posibilidad de que el móvil sí podría haber sido el robo.

Horas después del crimen, efectivos del Departamento de Homicidio y de Policía Científica prácticamente se instalaron en el pueblo. Los investigadores policiales entrevistaron a casi todos los pobladores radicados en unas 20 cuadras a la redonda. Castellanos se ubica a poca distancia de la ruta 6.

Una de las líneas de investigación de la Policía apuntó a la expareja de Luciana, pero este probó que se encontraba en otro lugar junto con el pequeño niño.

Otra hipótesis policial se dirigió hacia una familia que vive a poca distancia de la casa de la odontóloga. A esa familia se la involucra con un crimen ocurrido hace dos años en la ruta 81, donde perdió la vida un hombre de campo que había vendido animales. El móvil del asesinato fue el hurto.

Una tercera línea de investigación que lleva adelante el Departamento de Homicidios se podría denominar el “hombre sin nombre”. Este individuo llegó a las 22:00 horas del 28 de agosto pasado y golpeó la puerta del consultorio de Luciana.

Ella lo atendió. Al otro día le dijo a un familiar: “Vino un hombre y me golpeó a las 22:00 horas. Lo atendí. Ni siquiera sé su nombre. No me pagó y se fue. Dijo que venía dentro de una semana”.

Esa semana se cumplió el miércoles, el día del cruel asesinato. Tras los pasos de ese hombre, efectivos de Homicidios solicitaron las grabaciones de cámaras de vigilancia de varios días hacia atrás del crimen. No trascendió si la Policía obtuvo alguna información relevante de esas investigaciones.

El 8 de octubre de 2019, un mes después del crimen, la fiscal Alicia Schiappacasse, dijo a El País que también se realizaron “pericias a celulares”, pero que de ellas no surgieron elementos para detener a nadie.

El País se comunicó ayer con Schiappacasse, quien declinó hacer declaraciones sobre el caso.

Cinco meses.

El tiempo que pasó desde que asesinaron a Luciana no pudo borrar la huella de indignación y de dolor que dejó en los habitantes de Castellanos, pero sí logró disipar solo un poco la sensación de miedo.

“La sensación de miedo no es la misma que al principio pero quedamos más en alerta”, dijo una vecina a El País.

Pero más allá del dolor y del miedo, lo que sigue fuerte en la localidad canaria es la unión de muchas personas por saber la verdad detrás del asesinato.

Movilización de vecinos de Castellanos por el crimen de Luciana Bentancur. Foto: Fernando Ponzetto
Movilización de vecinos de Castellanos por el crimen de Luciana Bentancur. Foto: Fernando Ponzetto

“Tratamos todo el tiempo de intentar averiguar algo que pueda ayudar a la investigación”, explicó la vecina y contó que se comunicaron con un vidente.

“El vidente nos dijo que la persona que cometió el delito fue en algún vehículo hasta cerca de la casa de Luciana”, indicó y agregó: “Yo vivo a una cuadra y esa noche pasé a las 22:00 y no vi ningún auto parado”.

Y agregó: “Mi hermana vive enfrente a lo de Luciana y no escuchó ruido de vehículo. Nada. Ni a los perros” que tenía Luciana cuidando el fondo de su casa-consultorio.

La vecina dijo que el caso “sigue presente todo el tiempo” en las personas de Castellanos. “Lo único que quiero es que se descubra la verdad de una vez”, sentenció.

Saña.

Luciana Bentancur había viajado el miércoles 4 de setiembre desde Castellanos hacia Montevideo para realizar un curso de cirugía.

Cuando volvió pasó a buscar su auto por la casa de sus padres, se quedó un rato y cerca de las 21:00 llegó a su casa y estacionó el vehículo a un costado de la vivienda.

Luego alimentó a sus dos perros y entró a la casa por una puerta lateral que siempre estaba abierta.

A las 8:00 horas del otro día Luciana tenía que ir a buscar a su hijo, que en ese momento tenía dos años y medio, por la casa de su exesposo, ubicada en la ciudad de San Bautista.

Su expareja, de la que estaba separada desde hace unos cinco meses, llamó a los padres de Luciana cerca de las 10:00 horas del jueves 5 para decirles que su exesposa no había pasado por la casa a buscar a su hijo.

Sus padres, que viven a unas dos cuadras de su hija, estaban en Montevideo. Por eso llamaron a una vecina y amiga de Luciana para que fuera hasta la casa porque nadie contestaba el teléfono. La vecina le pidió a un compañero de trabajo que la acompañara. Al entrar recorrieron unos metros por el interior de la vivienda y llegaron al consultorio. Allí la encontraron muerta.

“Cada vez me cuesta más ir a la casa de mi hija”
Ricardo Bentancur, padre de la joven asesinada. Foto: Marcelo Bonjour

Pasaron 173 días desde que asesinaron a Luciana Bentancur y su padre Ricardo aún recorre las dos calles de pedregullo que separan su casa de la de su hija. Pero cada día, dice, le cuesta más avanzar por esas cuadras despobladas de Castellanos.

“Yo voy todos los días, toditos los días, pero cada vez me cuesta más, pero tengo que ir”, cuenta Ricardo a El País. “Voy a darle de comer a los perros”, agrega. Ricardo dice que también siente la necesidad de ir a abrir la casa de su hija en la cual también se encontraba el consultorio donde Luciana atendía a sus pacientes. “Duele la ausencia de ella y eso te trabaja la cabeza”, comenta su padre a más de cinco meses de haber perdido a su hija. Desde la noche del 4 de setiembre de 2019 cuando Luciana fue asesinada, su pequeño hijo que ya cumplió tres años vive con sus abuelos. Esto, explica Ricardo, es “el único motivo” que le hace tener fuerzas para seguir adelante.

“Esto no estaba en la lógica que uno pueda imaginarse y para recomponer esto es muy difícil”, dice el padre de Luciana sobre el asesinato de su hija. “Nosotros habíamos perdido dos hijos hace treinta y pico de años y eso a uno no se le borra más. Es un dolor irrecuperable. A nosotros nos partió. Luchamos por el niño pero ya no tenés ganas de nada”, dice.

La tranquilidad del pueblo ubicado a unos 64 kilómetros de Montevideo se vio conmocionada por el brutal crimen. Y, según explica Ricardo, hubo un antes y un después en Castellanos. “El pueblo está asustado, ponen alarmas, cámaras. Esto cambió, fue un golpe tremendo para todos. Ella era muy querida y el sentimiento de la gente es muy grande”, dice.

Tan así es que los 4 de cada mes los vecinos se movilizan por justicia para Luciana. Ya se han concentrado cinco veces y para el 4 de marzo, que se cumplen seis meses, piensan “hacer una movida más grande”, explica Ricardo. “No hay palabras para agradecerles. Sin duda que ella se lo habría ganado”, dijo.

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