LEGITIMA DEFENSA Y VIOLENCIA

Nueve delincuentes abatidos por la Policía en dos meses

Fiscal: traslado de presos podría haber terminado ayer en “una masacre”.

Familiares desconsolados llegaron a la escena del hecho, en donde estaba el fiscal de Homicidios Juan Gómez. Foto: Francisco Flores
Familiares desconsolados llegaron a la escena del hecho, en donde estaba el fiscal de Homicidios Juan Gómez. Foto: Francisco Flores

Son nueve los muertos por balas policiales en lo que va del año 2019. Un caso ocurrió en enero, otros siete en febrero y el noveno tuvo lugar ayer jueves en Instrucciones y Millán. Ninguno de los efectivos terminó en la cárcel o imputado.

Hasta la pasada jornada, la Fiscalía de Homicidios de primer turno, a cargo del fiscal Juan Gómez, no había solicitado la detención del funcionario policial que disparó su arma contra un recluso que estaba siendo trasladado.

Durante todo el año 2018 se dieron 22 muertes por disparos policiales, según datos de la Fundación Propuestas (Fundapro). En pocos meses se multiplicaron los casos de fallecidos por disparos policiales y, abruptamente, comenzó a dejarse de lado el concepto de que la Policía tiene las manos atadas, según explicó la semana pasada en la ciudad de Melo el fiscal de Corte, Jorge Díaz.

“Eso de que la Policía tiene las manos atadas es una buena excusa pero no es real”, dijo.

Desde el pasado mes de febrero, El País intentó conocer si había alguna nueva orden hacia los funcionarios policiales con respecto al uso de las armas. Las diversas fuentes policiales consultadas al respecto negaron haber recibido nuevas órdenes sobre el tema. Para el fiscal de Homicidios, Juan Gómez, esta serie de episodios violentos responden “al aumento del grado de violencia”.

“Si repentinamente alguien esgrime un arma y la otra persona tiene posibilidad de defenderse, obviamente se va a defender. Es un fenómeno del que habrá que estudiar muy bien cómo se sale”, expresó ayer a El País el fiscal.

Escenas de profunda angustia se vivieron ayer por la muerte de un recluso. Foto: Francisco Flores
Escenas de profunda angustia se vivieron ayer por la muerte de un recluso. Foto: Francisco Flores

Un muerto

El incidente de ayer, ocurrido en Instrucciones y Millán, pudo haber terminado en una “masacre”, según indicó Gómez. Fuentes de la Policía aseguraron a El País que la “pericia” y “decisión” de un efectivo evitó una tragedia mayor.

En horas del mediodía de ayer, un delincuente con profusos antecedentes penales fue abatido dentro de un furgón de traslado de la Policía mientras era conducido, junto a otros dos detenidos, hacia el local de la Fiscalía de Ciudad Vieja.

El fallecido, Juan Pablo García, de 37 años de edad, venía en la penúltima fila de asientos del vehículo. Estaba esposado, con las manos hacia adelante debido a que no fue posible amarrarlo desde la espalda, como indican las normas. Los informantes policiales explicaron que la corpulencia del recluso hacía imposible esa maniobra. En determinado momento, tomó el arma de uno de los efectivos que estaba en la camioneta. Trató de disparar varias veces pero no pudo debido a que la pistola no tenía una bala en la recámara. Antes de que pudiera mover la “corredera” de la pistola, un efectivo sacó su arma y disparó cinco veces, Dos proyectiles dieron en el recluso.

“Fue una situación de extrema importancia y de extrema violencia. Pudo ser una masacre”, aseveró a El País el fiscal Gómez. Confirmó además que el arma que fue robada al efectivo no estaba en condiciones de disparar, “en una actitud muy responsable del policía”, lo que conllevó a que el delincuente no concretara su objetivo, en un incidente que duró pocos segundos. Ante el primer enfrentamiento, la camioneta golpeó contra una columna. Mientras tanto, el delincuente todavía no había sido abatido y estaba armado. Allí se produjo el disparo. “Con esa arma esgrime contra otro policía que efectúa los disparos que segaron la vida de este detenido que iba a declarar”, dijo Gómez. El chofer y otros ocupantes del vehículo saltaron para salvar sus vidas. Uno de ellos golpeó su cabeza contra el pavimento.

Otros policías recibieron lesiones por la rotura de uno de los vidrios del vehículo y por el impacto contra la columna. Todos los efectivos heridos fueron trasladados al Hospital Policial y posteriormente dados de alta.

El fallecido pasó 18 años en prisión por un caso de homicidio especialmente agravado. Los primeros datos indican que se trata de un crimen relacionado con un empresario financiero de la ciudad de Rivera ocurrido en el año 2000. En el lugar del hecho se presentaron dos familiares del recluso fallecido.

Hacía pocos meses que había salido de la cárcel y ahora estaba siendo investigado por tres rapiñas, porte de armas y desacato, luego de enfrentarse con la Policía. En la última detención le incautaron un revólver con la numeración limada.

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