Investigación judicial

Empresas uruguayas en la mira de un juez español

Manejadas por excomisario que está acusado de varios ilícitos en su país.

Una parte del dinero blanqueado habría sido utilizado para la compra del hotel "Pierre", en el barrio Cantegril. Foto: R. Figueredo
Una parte del dinero blanqueado habría sido utilizado para la compra del hotel "Pierre", en el barrio Cantegril. Foto: R. Figueredo

El juez de la Audiencia Nacional de España, Diego de Egea, tiene en la mira a varias empresas uruguayas manejadas por el excomisario José Manuel Villarejo, acusado de cometer delitos de todo tipo, entre ellos pertenencia a una organización criminal, cohecho y blanqueo de fondos.

De Egea espera desde el año pasado que la Justicia uruguaya responda los exhortos enviados desde el año pasado para conocer los pasos de Villarejo en el Uruguay.

Empero, no solo no existió hasta el momento ninguna respuesta de la Justicia de nuestro país, sino que además ninguna autoridad uruguaya, tanto judicial como del gobierno, se interesó por conocer lo que ocurre con las firmas operadas por Villarejo en el territorio nacional.

Por la misma causa se encuentra encausado —pero en libertad— un socio del policía, el abogado madrileño Rafael Redondo, también involucrado con las empresas uruguayas.

Según el juez, Villarejo lideraba una organización que llevaba adelante todo tipo de trabajos de recolección de información, consultoría, inteligencia y vigilancia. Como contraprestación, recibió dinero de sus clientes que luego fue enviado a varios países, entre ellos a Panamá y Uruguay.

El 5 de noviembre del año pasado, la jueza española Carmen Lamela dictó el auto de prisión de Villarejo, de su socio Redondo y del también comisario Carlos Salamanca, a los que les imputó los delitos de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales como resultado de la operación "Tandem", llevada adelante por la fiscalía española. En el mismo auto de procesamiento, se ordenó la libertad de otras cuatro personas. La Justicia española estima que el comisario jubilado blanqueó unos 5,5 millones de euros, producto de su ilegal accionar.

Hotel en Punta.

Una parte de ese dinero fue empleado para la compra del hotel "Pierre" ubicado en el barrio residencial Cantegril de Punta del Este.

En el caso del complejo hotelero, Villarejo empleó las empresas Topy SA y Pierre SRL. Estas dos firmas luego fueron cedidas a la pareja conformada por los esposos Adrián Beloso y Raquel Serna, quienes pagaron alrededor de tres millones de euros. La pareja entregó inmuebles en Madrid y Málaga y se comprometió a cubrir un saldo de precio de US$ 1.051.367.

"¡Cuando llegues a Punta del Este, a Laura ningún caso!", exclamó el comisario jubilado de la policía española José María Villarejo. El interlocutor era Adrián Beloso, un arquitecto argentino de 56 años que residía hasta ese entonces en Madrid. Beloso y su esposa Raquel Serna, habían sido tentados por Villarejo para que le compraran el hotel esteño.

La Laura mencionada es la hija del comisario Villarejo, quien se encontraba entonces en Uruguay no solo para hacerse cargo de la explotación del hotel, sino también para atender otras inversiones que su padre mantenía con su socio, el abogado español Rafael Redondo. Beloso tenía hasta entonces una relación muy estrecha con la familia Villarejo, forjada a partir de su amistad con el hermano del comisario, un provincial de la Orden de los Carmelitas que ejerció el sacerdocio en Buenos Aires en los ochenta.

El negocio.

Beloso y su esposa partieron hacia Uruguay a comienzos de 2013 con el propósito firme de comprar el hotel. Aquí fueron recibidos por inmobiliarios, escribanos y contadores que se presentaron como "socios" de Villarejo.

Un escribano montevideano fue el encargado de realizar los trámites correspondientes para que Beloso y su esposa se quedaran con el complejo hotelero.

No solo la recomendación de Villarejo de no atender a Laura disparó alguna intranquilidad. Algo flotaba en el aire que no le cerraba. De todas formas, la entrañable amistad de las dos familias lo tranquilizó de inmediato. Algo de temor le generó la actitud del escribano. Por un lado, la operación consistió en la compra del paquete accionario de Topy SA y las cuotas sociales de Pierre SRL. La primera como propietaria del edificio; la segunda como operadora del hotel. El escribano actuó como representante de la parte vendedora y la compradora. Al cerrar la operación, el primero le hizo firmar un recibo por la entrega de las acciones. Pero esto nunca ocurrió. Hasta el presente, Beloso no ha podido hacerse del paquete accionario de la firma propietaria del hotel por el que pagó unos tres millones de euros. Sí figura en el registro que lleva adelante el Banco Central del Uruguay. Sin embargo, de las acciones ni noticias; es algo pendiente.

José Manuel Villarejo
El comisario.

Villarejo no solo es el hermano de su "amigo del alma", un cura; también alcanzó al grado de comisario en la policía española e inclusive fue el jefe del destacamento policial del aeropuerto de Barajas. Beloso también sabía, por su relación de amigos, que Villarejo tenía una agencia de investigaciones para realizar informes a varias de las empresas de primer nivel de España. Pero siempre creyó que estaba jubilado y solo se dedicaba a su empresa de seguridad ubicada en la coqueta torre Picasso, situada sobre el Paseo de la Castellana de la ciudad madrileña, barrio de Chamartín. La relación de Beloso con sus íntimos amigos se resquebrajó luego de la temporada 2013-2014, cuando la realidad económica y financiera del hotel no fue la que le contaron en España.

El rey terminó vinculado
El rey emérito de España, Juan Carlos I. Foto: EFE

El juez de la Audiencia Judicial de España, Diego de Egea, no solo ordenó la detención y prisión preventiva del comisario con inmuebles en Uruguay. El pasado 7 de setiembre, dictó el archivo de una de las actuaciones relacionadas con este caso y que provocaron un mayúsculo escándalo en España. En un allanamiento practicado en la casa de un abogado fueron hallados aparatos electrónicos de escucha y grabaciones. También una conversación que Villarejo mantuvo con Corinna Zu Sayn-Wittgenstein, una de las amantes del ahora rey emérito Juan Carlos. En el audio, la mujer aseguró que tenía un predio en Marruecos que en realidad era del monarca. El juez archivó las actuaciones. Empero, el escándalo salpicó la imagen del exmonarca, padre del rey Felipe.

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