LO SECUESTRARON, COBRARON RESCATE Y LO MATARON

Crónica de un secuestro mortal: "El Bocha caducó; lo solté con el Señor"

La Fiscalía pidió condenas de entre 23 y 25 años de prisión para los seis secuestradores por delitos de secuestro y homicidio.

Patrullero. Foto: Estefania Leal
Nicolás Grunullú tenía antecedentes por tráfico de drogas y había sido secuestrado en 2015. Foto: Estefania Leal

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Eran las 22:00 horas del 9 de setiembre de 2016. Nicolás Grunullú (33), alias “el Bocha”, se encontraba frente a su casa en el barrio Colón acompañado por un niño de 11 años. A poca distancia pastaban varios caballos propiedad de Grunullú, quien también reparaba motos en forma ocasional y traficaba drogas. Tenía dos antecedentes por ese delito.

Un auto Lifan, modelo 320 de color negro, acompañado por una moto, ingresó en la larga entrada de la casa. Grunullú intuyó algo malo y le dijo al niño: “Escondete o te van a matar”. El niño corrió y se ocultó en un galpón.

Minutos más tarde, seis individuos rodearon al “Bocha”. A punta de pistola lo obligaron a subir al Lifan. No era la primera vez que Grunullú era secuestrado. En 2015, varios individuos lo mantuvieron cautivo durante días. Luego de que su familia pagara un rescate de $ 60.000, fue librado sano y salvo.

Horas después del secuestro, la pareja de Grunullú, Julia (nombre ficticio), recibió una llamada en su celular. Era su marido. Grunullú le pidió: “No avises a la Policía. Me encuentro bien”.

Uno de los secuestradores tomó el teléfono y le dijo a Julia que debía pagar US$ 50.000 como rescate para liberar a su pareja. También advirtió a la mujer que tenía 12 horas para entregar el dinero y que cada seis horas se iban a comunicar con ella. “No tengo US$ 50.000”, replicó Julia. Casi en forma inmediata, la mujer recibió una foto por Whatsapp del “Bocha” encapuchado dentro de una vivienda en construcción.

A las pocas horas Julia recibió otra llamada de los secuestradores. Esta vez le pidieron un rescate de US$ 2.000. Luego colocaron el celular en altavoz. Julia escuchó la voz de Grunullú que le dijo: “Agarrá la plata que está arriba del ropero, las drogas, las armas y traé todo”.

Con la ayuda de amigos, Julia reunió los US$ 2.000 exigidos por los secuestradores. Posteriormente se dirigió al lugar de su casa que le indicó “el Bocha” y tomó lo que allí se encontraba: una pistola 9 milímetros, otra calibre 3,57 milímetros, dos kilos de marihuana en trozos y medio kilo de cocaína, dice el dictamen del fiscal Luis Pacheco al que accedió El País.

Pacheco se encarga de aquellos casos anteriores a la implementación del nuevo Código de Proceso Penal, ocurrida el 1 de noviembre de 2017.

Violencia.

Al día siguiente del secuestro, los captores le indicaron a Julia que debía concurrir sola a la Ciudad Vieja. Sucesivamente, la mujer fue recibiendo indicaciones de los secuestradores, a través de Whatsapp, hasta que le indicaron que dejara el rescate cerca del Parque Rodó.

Los secuestradores agregaron que luego le indicarían dónde recuperaría a su marido.

Fiscalía de San José. Foto: Fernando Ponzetto (Archivo)
Fiscalía pidió condenas de entre 23 y 25 años de prisión. Foto: Fernando Ponzetto (Archivo)

Julia dejó el dinero, las armas y la droga en la escalera del Teatro del Verano. Pero los delincuentes nada dijeron respecto a dónde iba a encontrar a Grunullú. Julia temió lo peor.

Al día siguiente, el cuerpo del “Bocha” fue hallado con tres tiros en la cabeza en la orilla del Río de la Plata, próximo a la playa La Colorada.

Tras el hallazgo, la investigación policial trató de ubicar al auto Lifan. A través de las cámaras del Ministerio del Interior, los investigadores descubrieron que Julia había sido seguida por el auto Lifan cuando se dirigía al Parque Rodó.

Luego, una multa de tránsito realizada por la IMM de forma electrónica en Avenida Italia y Morales permitió a la Policía dar con el dueño del auto. Pertenecía a una arrendadora “trucha”, según explicó ayer a El País el juez de la causa, Nelson dos Santos. “Quedé muy satisfecho con la investigación policial. Fue muy sagaz”, agregó el magistrado.

El auto Lifan fue incautado en forma inmediata. En su interior, la Policía Técnica encontró huellas de todos los secuestradores, lo que permitió sus identificaciones. A su vez, la Policía vinculó los celulares de los delincuentes y las zonas geográficas, como ser el lugar del secuestro y el del cautiverio (una casa en construcción), que coincide con la foto enviada a Julia. De esa forma, dice el pedido de condena del fiscal, se conoció el movimiento del grupo, su interrelación y frecuencia de su presencia en los lugares establecidos.

Según el documento, los secuestradores se dividieron el rescate. Uno de ellos declaró haber recibido US$ 600, 200 gramos de marihuana y 50 gramos de cocaína.

Otro delincuente confesó en la Justicia: “Le pregunté a Daniel S. sobre el destino del “Bocha”. Él me respondió: “Al Bocha lo solté, lo solté con el Señor”. Otro secuestrador abandonó la casa en construcción mientras “el Bocha todavía vivía”. En el camino hacia su hogar, recibió un mensaje en su celular: “El Bocha caducó”.

Este individuo, al igual que otros dos delincuentes, fue procesado en 2016 por Dos Santos como autor de un secuestro.

Sus abogados defensores, Marcos Pacheco y Juan Carlos Fernández Lecchini, alegaron que no se le puede imputar el delito de homicidio porque él no estaba en el lugar del crimen. “Manifiesta que nunca previó la posibilidad de que fueran a matar a Grunullú. Tampoco esa era la idea”, dijo Marcos Pacheco a El País.

La Fiscalía pidió condenas de entre 23 y 25 años de prisión para los seis secuestradores por delitos de secuestro y homicidio. El expediente pasó a estudio de las defensas. Luego el juez Dos Santos fallará.

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