EL PODER DE LOS DELINCUENTES

Casavalle, vivir entre bandas

Ayer no hubo servicios de educación ni de salud en el barrio por el despliegue de un gran operativo policial

VEA LA FOTOGALERÍA.  Foto: Francisco Flores
Escuelas y servicios oficiales cerraron sus puertas ayer en Casavalle. Foto: Francisco Flores
Escuelas y servicios oficiales cerraron sus puertas ayer en Casavalle. Foto: Francisco Flores
Escuelas y servicios oficiales cerraron sus puertas ayer en Casavalle. Foto: Francisco Flores
Escuelas y servicios oficiales cerraron sus puertas ayer en Casavalle. Foto: Francisco Flores
Escuelas y servicios oficiales cerraron sus puertas ayer en Casavalle. Foto: Francisco Flores

El de ayer fue un día sin niños en las calles de Casavalle y Borro. Los servicios públicos de educación, salud y asistencia ciudadana desaparecieron para dar lugar a un operativo policial.

La medida, comunicada a la hora 6:00 por el Ministerio del Interior, alcanzó a las escuelas públicas de Primaria y UTU, los colegios y servicios sociales de la Iglesia Católica y el liceo Impulso. Tampoco funcionó la policlínica municipal.

En la puerta de cada institución de los dos barrios había un cartel del Ministerio del Interior que anunciaba la suspensión por el día de las actividades cotidianas y el retorno a la normalidad en el día de hoy.

Además fue suspendido el transporte colectivo y retirados los guardaparques de la plaza pública de Casavalle.

El objetivo era ubicar a los dos responsables del ataque a una mujer, conocida en el barrio como Vanessa, en horas del mediodía del miércoles, que terminó con un niño de 12 años herido de bala en el pecho.

Al amanecer, cientos de efectivos de la Guardia Republicana y otros grupos policiales ingresaron a los dos barrios. La operación también se extendió al cercano barrio Gruta de Lourdes, donde fue apresado "El Fefo", un joven de 19 años, de iniciales R.R.L.L., sin antecedentes penales, sindicado como el ejecutor del disparo.

El fiscal de Homicidios, Juan Gómez, anunció ayer que en esta jornada podría realizar la formalización del detenido.

Se trata de un sujeto vinculado a los "Camala", una banda que mantiene un antiguo enfrentamiento por el control de la venta de drogas en la zona con los "Chinga", grupo al que pertenece la mujer de 38 años atacada el miércoles pasado, según fuentes policiales.

El "Camala" es un delincuente que fue enviado a la cárcel en el mes de septiembre de 2017, junto a sus compinches apodados "El Pitu" y "El Negro Martín".

Los tres fueron remitidos por haber participado del triple crimen y calcinación de Joaquín Labiano, Brian Méndez Silvera y Micaela Saccone, esta última una joven que no tenía vínculos con la banda.

Mientras tanto, la mujer atacada en la plaza de Casavalle se encuentra bajo custodia.

Los investigadores policiales sostienen que ella fue testigo de un crimen en los primeros meses del año. De hecho, antes de disparar, los atacantes le exigieron a los gritos que retirara una denuncia que, luego se supo, nunca había presentado.

Durante el pasado mes de diciembre la Policía realizó el operativo "Mirador", una acción de grandes proporciones directamente contra los "Chinga", un grupo que ocupó el lugar de la banda que dejó Wellington Rodríguez Segade, conocido como "Tato", un barrabrava de Peñarol acribillado en el año 2015, en un enfrentamiento con "Los Algorta", otra banda barrial.

Para detener a los jefes de los Chingas se requirió de 600 efectivos policiales que llevaban órdenes de tres fiscales. En aquel momento se probó que los delincuentes expulsaban de sus casas a familias enteras para dedicar esos sitios al acopio de drogas y armas, según informó el director de la Policía Nacional, Mario Layera.

Días después de la operación "Mirador", moría en un "ajuste de cuentas" una de las figuras principales del grupo. Esa semana la Policía capturó a otro integrante que había realizado una rapiña.

Con sus líderes presos o muertos, se creyó que la banda estaba desarticulada. Sin embargo, pocos meses después, los "Camala" siguieron operando a cargo de sujetos de menor jerarquía dentro de la banda y de mujeres parejas de los jefes anteriores.

Vanessa, la mujer a la que apuntó "El Fefo", presenció un homicidio en los primeros días de este año. Su testimonio comprometería a miembros de la banda rival.

Territorio.

"De aquí para allá es de los Chinga, para acá atrás es todo de los Camala, mejor no entrés, quédate cerca de la plaza", recomendó Eduardo, un adolescente que llegó a la hora 15:30 tras estudiar en otro barrio. Parado en la Plaza de Casavalle, sabe de memoria las diferencias territoriales entre las dos bandas enemigas.

No hace mucho que Eduardo dejó de ir a la escuela. Los recuerdos de su infancia están marcados por hechos violentos. "En el año 2010, yo estaba en la escuela, y vi como secuestraron a la directora", contó. Confiesa que su estrategia es no meterse en los líos de las bandas. Eso significa "no ver, no escuchar y no hablar", aclara.

Mariela baja del ómnibus y camina rápido. Vive en el barrio desde hace varias décadas y su rutina está adaptada al modelo de vida que le impusieron los delincuentes organizados.

"Salgo a primera hora de la mañana y vuelvo antes que oscurezca. Cierro la puerta de mi casa y me olvido del resto. No conozco a nadie, lo mío es buenos días y buenas tardes, nada más. Todas las noches se escuchan disparos", afirmó la mujer, que es madre y tiene una nieta pequeña. "Yo no puedo traerlos a mi casa, tampoco puedo pensar en que llevarlos a la plaza es un peligro. Por suerte, mi hijo no vive acá. Yo no me voy porque no me alcanza la plata. Aquí han tratado de arreglar el barrio pero no se puede, pusieron la plaza, hicieron calles, pero no hay caso, todo sigue igual", dijo Mariela.

Otra mujer asegura que su oído ya está acostumbrado a escuchar detonaciones. "Aprendí a diferenciar el ruido de las pistolas, las escopetas y los ametralladoras", afirmó.

Murió de angustia por tiroteo en la plaza

Caminar por el barrio Casavalle tras la suspensión de los servicios públicos es algo extraño. El bullicio habitual de los niños deja lugar a un tenso silencio. Unos adolescentes se animan a jugar al fútbol en la plaza, pasan mujeres apuradas de un lado al otro del barrio, de vez en cuando se ve un auto.

Un hombre hace cola en un kiosco pintado de azul, en la esquina de Martirené y Aparicio Saravia. Va vestido completamente de negro y lleva a anteojos oscuros. Alcanza con preguntarle si es el del barrio para que cuente su dolor.

"Hace una hora murió mi madre, la mató la angustia por el tiroteo en la plaza. Al lado del niño que balearon estaba uno de sus nietos. Ella tenía problemas cardíacos y no resistió tanto miedo", dijo a El País.

La mujer, vecina de siempre, vivía en medio del barrio, escenario principal de la lucha entre las bandas denominadas como "Chinga" y "Camala".

El hombre compra un paquete de cigarrillos, se seca las lágrimas y se abraza con una mujer que llega en una moto. Juntos van a realizar los trámites correspondientes a la triste situación familiar, en la seccional 17, ubicada frente a la Plaza de la Convivencia de Casavalle, donde hirieron a un niño de 10 años durante el mediodía del pasado miércoles.

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