LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Policía en fuga

Hace ya algún tiempo que el Ministerio del Interior resolvió sacar a la Policía de los escenarios donde se juega al fútbol y al básquetbol a nivel profesional en el Uruguay, y derivar esa tarea a la seguridad privada que pudieran contratar los clubes o las asociaciones que los nuclean.

Seamos claros. El Ministerio del Interior no adoptó esa medida porque pensara que con ella mejoraría la seguridad de los asistentes a los espectáculos deportivos. Nada de eso. Simplemente buscó sacarse de encima el dolor de cabeza de tener que mantener el orden y hacer respetar la ley en las tribunas, algo que es inherente a su competencia pero que su incompetencia no le permitió asegurar.

Así que, viendo que la realidad lo había desbordado, se retiró. Sacó a la Policía de donde debía estar. Transformó a las tribunas en zona liberada y dejó a la gente de bien, a los que van a disfrutar de un espectáculo y no a generar disturbios, librados a su suerte.

Se sacó el problema de encima. Les pasó la pelota a los clubes y, lo que es incluso más grave, a la seguridad privada. ¿Quién nos iba a decir que después de haber pintado los muros de todo el país contra toda forma de privatización, el Frente Amplio habría de privatizar nada más ni nada menos que la seguridad pública?

Nadie lo hubiera vaticinado. Pero sucedió. ¿Usted escuchó a alguien de izquierda levantar la voz contra este disparate? Nones. Porque nadie abrió la boca. Después de todo, ¿qué político quiere pagar el costo de tener a la Policía reprimiendo a los barras bravas de los clubes grandes? ¿Quién quiere tener que explicar que hubo que pegar un palo acá o detener por la fuerza a otro por allá? Nadie.

Era mejor dar un paso atrás. Salirse. Renunciar a una competencia que es claramente del Estado. Dejar sola a la gente de bien, que va al fútbol y al básquetbol, y que necesita que la cuiden, que la protejan. Y exigir a los demás que hagan lo que la Policía debería hacer. Y mandarlos, claro, a la guerra con un escarbadientes. Porque, ¿quién puede pensar que lo que la Policía no puede hacer lo van a poder realizar guardias privados, a los que es fácil pasar por encima y hasta agredir sin demasiadas consecuencias?

El Estado ya se salió de las tribunas. Se fue corriendo por la puerta más próxima. Y dejó el terreno libre a los delincuentes. A los que venden droga en los baños. A los que roban. A los que agreden. A los que arrancan y arrojan butacas. A los que rompen los baños.

¿Y afuera de los escenarios deportivos? Bien, gracias. Afuera pasa de todo, a la vista y paciencia de la Policía. Porque, ¿de dónde viene la droga que se vende y consume en las tribunas? De afuera. ¿Y quién es responsable de que esta gente no entre a los estadios? La Policía. ¿Y hace lo que debe? No.

¿Y hace el Ministerio del Interior la tarea de inteligencia mínima y básica para encontrar a los violentos y apartarlos de la sociedad y del deporte? Tampoco.

¿Qué se espera para llamar a responsabilidad a un ministro que, renunciando a una competencia fundamental, sigue tan campante?

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