UN BARRIO CON CONTRACARAS

Una plaza de Palermo está que arde

Una veintena de indigentes tiene en vilo a vecinos con cantos, gritos, peleas y fogatas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Carros de supermercados con pertenencias personales son parte del paisaje. Foto: M. Bonjour

El barrio Palermo de a poco va resurgiendo gracias a la multiplicación de casas recicladas, conjuntos de cooperativas y apartamentos a estrenar. Los constructores confiesan que en la nueva apuesta inciden los servicios consolidados en la zona y la cercanía con la rambla.

En una sola manzana, en donde se levanta el complejo "Estrella del Sur", el impacto será enorme: unas 1.500 personas irán a repoblar Palermo.

Sin embargo, en otros puntos del barrio la degradación preocupa a los vecinos. Residentes de casas que dan a la plaza Juan Ramón Gómez se sienten sitiados durante el día y al borde de un ataque de nervios en las madrugadas.

En el espacio público triangular ubicado entre las calles Durazno, Minas y Magallanes, una veintena de indigentes duermen, deambulan, se drogan, encienden fuego para cocinar, cantan alcoholizados, insultan o se traban en peleas.

En lo que es el único pequeño pulmón del barrio Palermo, desde la rambla hasta 18 de Julio, a la intranquilidad reinante se suma la suciedad y fuertes hedores. Los ocupantes hacen sus necesidades fisiológicas al aire libre, en la propia plaza o en torno a los arbolitos de las veredas, a pasos de las puertas de edificios o casas bajas.

Las fogatas para las ollas o el asado se arman muy cerca de la caja plástica en donde están el tablero de llaves térmicas del alumbrado público y automóviles estacionados en la calle Durazno. "De milagro no tuvimos que llamar a los bomberos todavía", dice a El País uno de los vecinos ya cansado de no encontrar solución.

Desconsuelo.

Varios han ido a la Seccional 2 de la calle Zelmar Michelini en donde entregaron una carta firmada por numerosos afectados. Presentaron denuncias en el Comunal Zonal y dos por tres llaman al Centro Coordinador de Emergencias de Montevideo, desde el cual se promete la recorrida de control aunque últimamente nunca se cumple.

En realidad, en todas partes reciben respuestas que los desconsuelan más: "solo tenemos cinco inspectores" o "no damos abasto". En algunas ocasiones, cuando intervino el poder público debido a reyertas monumentales, los ocupantes de la plaza se deshicieron de los documentos de identidad, para así complicar los procedimientos de la policía y jueces,

"Eso obliga a que quienes los detuvieron tengan que encargarse de tramitarles la cédula antes de conducirlos a la Justicia, y si los penan a tareas comunitarias deben hacer el seguimiento. Los policías están repodridos, más trabajo para ellos que soluciones", comenta uno de los afectados.

A más de un vecino algunos de los líderes de los ocupantes llegaron a decirles, palabras más o menos: "de la puerta de su casa pa dentro manda usted, en la plaza mando yo".

Convivencia.

"Un hogar nuevo de mujeres del Mides que abrió en la calle Durazno entre Magallanes y Gaboto empeoró la situación, que ya era mala. Es insoportable, hay líos entre los hombres que están en la plaza y las mujeres, se gritan de todo", indica una vecina.

"Entre las 2 y las 5 de la madrugada es imposible dormir, hay tamborileos, pero no de los grupos normales de Palermo. El otro día golpeaban baldes de plástico por hacer ruido no más. La policía dice que no tiene remedio, que no sabe qué hacer, les pide que se vayan, pero vuelven", cuenta otra vecina.

En días de lluvia como el de ayer, el retiro voluntario de los ocupantes de la plaza no cambia la realidad. Tiran colchones debajo de aleros de las viviendas y allí se establecen. Los bancos de la plaza se mantienen como sus roperías, allí guardan lo poco que poseen.

Los vecinos denuncian que a estas alturas hay algunos jóvenes que asoman como cómplices del sostenimiento del penoso estado de cosas, ya que le entregan colchones y ropas a los ocupantes, entre otras colaboraciones.

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