MALDONADO

En Piriápolis exigen atacar informalismo

Comerciantes están enfrentados con “manteros” de la calle.

Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Marcelo Gallardo

Son las diez y media de la noche. En la Rambla de los Argentinos no cabe un alfiler. Los comercios avanzan contra la calle tratando de exponer sus mercaderías, pero chocan contra casi 60 vendedores ambulantes que instalaron mesas y mantas a lo largo de la vereda norte.

Los comerciantes locales los bautizaron de la misma forma que sus pares porteños a quienes ocuparon el centro de la calle Florida o las veredas de otras arterias de la capital argentina: "Son manteros", explica un vendedor del lugar. "Igual que en Buenos Aires donde aparecieron los bolivianos, paraguayos, peruanos y de todos lados"; agrega. "Los han querido sacar varias veces, pero se arma cada despelote... Lo que pasa es que la gente los quiere y cuando se arma lío se pone del lado de ellos", agrega un mozo de la pizzería La Pasiva.

El armado de trenzas de caracoles parece ser la actividad del verano. Hay puestos en todos lados. La mayoría de ellos en el Paseo de La Pasiva. Pero hay malhumor en los comerciantes por lo sucedido semanas atrás, cuando inspectores municipales no pudieron hacer cumplir la normativa ante la resistencia de los ambulantes. En uno de los operativos los inspectores se refugiaron en su móvil. Allí estuvieron ocho horas recibiendo todo tipo de amenazas e insultos de los manteros.

Vivencias.

"Soy de Perú. Llegué a Piriápolis el 31 de diciembre. La temporada viene bien", dice uno de los ambulantes. "¿Te interesa un collar de alpaca? Lo hice yo. Sale mil pesos", agrega.

A corta distancia hay un puesto de venta con variedades de papel para armar porros de marihuana. Y otros elementos como pipas de agua y similares. "Acabamos de llegar. Vamos a ver cómo nos va", dice uno de los vendedores, al tiempo que uno de sus compañeros desempaca más mercadería. "Yo soy ciudadano del mundo", responde otro ambulante quien luego revela su origen mexicano.

Las críticas de los comerciantes son legítimas: "Hay quienes pagan desde 15 mil dólares y más de alquiler. Encima te cae el BPS, la DGI, el Ministerio de Trabajo para sacarte hasta el último mango", se quejó el dueño de un local.

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