ENTRE LA DEGRADACIÓN Y LA IMPUNIDAD

El "pequeño asentamiento" del parque de Villa Biarritz

Se instalan alrededor de garitas policiales en desuso y baños tapiados.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Enchufando cables a una televisión para ver a la Celeste. Foto: M. Bonjour

Apocas horas de que comenzara a jugarse el partido de fútbol entre Uruguay y Brasil por las Eliminatorias para el Mundial de 2018, bajo los aleros de una construcción revestida en piedra laja que está en medio de uno de los sectores del Parque Zorrilla de San Martín, en Villa Biarritz, un grupo de jóvenes aparecía en la tarde de ayer organizando una especie de "previa" al encuentro deportivo.

Ya estaba instalado sobre el césped un gran televisor de tubo y no faltaba el vinacho en tetra ni el palco de polifon.

Encima de los techos, los ocupantes del lugar suelen guardar sus pertenencias, porque a la construcción, en donde un día funcionaron baños públicos para damas y caballeros, no pueden ingresar. Fueron tapiadas las puertas después de varias ocupaciones y de acciones vandálicas.

El secretario del Consejo directivo de Biguá, Marcelo Perillo, dijo a El País que el club tomó a su cargo la infraestructura de las casetas porque allí iba a instalarse la policía comunitaria. Colocaron rejas y puertas nuevas y renovaron el sistema eléctrico. Pero el plan de seguridad no se concretó y la edificación quedó en manos de nadie, hace una década.

Biguá efectúa el mantenimiento de las áreas verdes del parque y tiene guardia para el club, pero no ha recibido aprobación del Ministerio del Interior ni de la Intendencia de Montevideo para encargarse de la seguridad del entorno. Ni siquiera con la figura del guardaparques. Debido a robos a socios del club o por atentados contra el alumbrado público, para Biguá la inseguridad es un tema que le preocupa mucho.

La comuna.

El alcalde del Municipio CH, Andrés Abt, declaró a El País que más de una vez mandó al lugar personal de la Inspección General de la Intendencia y del Centro Coordinador de Emergencias departamental.

"El tema es que derivan a las personas a los refugios, pero como no hay una internación obligatoria vuelven al mismo lugar", afirmó Abt.

Algunos residentes en la zona aseveran que la pasta base está instalada y otras drogas se trafican a plena luz.

También se dan robos entre los integrantes de unos y otros grupos asentados en distintas áreas del parque. Hasta el año pasado, el mayor foco de personas que rondaban por la zona y eran denunciados por los vecinos estaba en dos viviendas cercanas, ubicadas en Vázquez Ledesma y Benito Blanco. Ambas comenzaron a ser demolidas a fines de agosto de 2015 y allí hoy existe un predio baldío. En la medida que aún no está cercado ni tiene vigilancia, dos por tres allí también pernoctan otras personas que rechazan ir a los refugios.

Los vecinos también se quejan considerando que en la zona, por un apartamento de 200 metros cuadrados, pagan hasta 50.000 pesos al año de Contribución Inmobiliaria.

Colgados por ver a la celeste.

Ayer, a las 3 de la tarde, en el centro del parque de Villa Biarritz, un grupo de jóvenes de la calle estaba instalado "como en su casa", algunos dormitando y otros enchufando cables a un gran televisor para no perderse el partido Uruguay-Brasil. En ese lugar, donde hay una construcción tapiada, es habitual la presencia de personas "en situación de calle". No hay policías ni guardaparques.

Un largo proceso de desalojo de intrusos.

Por problemas de inseguridad y falta de higiene fue que la justicia había habilitado el año pasado el desalojo de los ocho intrusos que estaban ocupando ilegalmente dos viviendas abandonadas, situadas en la esquina de Vázquez Ledesma y Benito Blanco. El predio permanece baldío y sin ningún tipo de cercas. Por las noches ha vuelto a ser ocupado, pero ya no es un lugar que permita tan fácilmente guardar objetos robados, como antes sucedía.

Los propietarios de los padrones, que son argentinos y viven en ese país, hicieron la denuncia ante la Seccional 10ª. Eso derivó en la desocupación de los intrusos y en la demolición de los inmuebles, que costó unos US$ 40.000 y solventaron los propios dueños.

"El acuerdo fue que los propietarios asumían el costo de demoler las fincas, cosa que no tenían previsto; los vecinos de las fincas linderas enjardinaban el predio y el club Biguá iba a hacer el mantenimiento", había informado a El País el representante de los dueños del predio, el arquitecto Ernesto Kimelman.

El alcalde del Municipio CH, Andrés Abt, confirmó a El País que el acuerdo implicó a varias partes y que el club Biguá tendría a su cargo el mantenimiento de la plaza en sus áreas verdes.

Está previsto hacer en esos predios una plaza pública, con juegos inclusivos, como los que hay en la Parque de la Amistad, junto al Zoo de Villa Dolores. Participa del proyecto la Fundación Jazmín, que fabrica los juegos y está trabajando con la Intendencia de Montevideo.

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