ESTUDIO DE LA FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Pasta base en lugar del aula escolar

Niños adictos sufren retraso mental y problemas de empatía por consumir la sustancia.

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Infancia: la calle y las bocas de droga son ambientes propios de los adictos. Foto: archivo El País

Tienen entre seis y doce años y consumían pasta base. Abandonaron la escuela y su vida era en la calle. Sus padres, desesperados, muchas veces salían a buscarlos. A veces estaban en bocas de droga y otras tomando alcohol y fumando en la calle. Así era, en síntesis, la vida de 37 niños que hoy están internados en una clínica psiquiátrica de Montevideo quienes, según una investigación realizada por la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, sufren de graves problemas por haber consumido estas sustancias.

"Hemos confirmado que el 100% de los niños analizados tiene un nivel de retraso mental que va de leve a moderado", contó a El País Alfredo Parra, autor principal de esta investigación.

El estudio —que plantó su semilla en 2012 cuando la facultad firmó un convenio con una clínica psiquiátrica de la que se pidió no revelar su nombre —corrobora que a estos niños les cuesta la "conceptualización verbal". Es decir: entender lo que dice el otro y expresar ideas por medio de las palabras.

En contrapartida, han visto que aumentan las competencias "ejecutivas" que, según los autores del estudio, se relacionan con sus historias de vida. "Vienen de familias que hablan poco y hacen mucho, como traer la comida lo más pronto posible para la casa, por ejemplo", puntualizó Parra.

La falta de empatía es otra de las características que pudieron detectar en esta investigación. El estudio revela que "no sienten culpa sobre lo que hacen". "Cuando les preguntás: Si me pegás, ¿qué sentiré?. ellos te contestan: No lo sé", narró el experto.

Uno de los métodos utilizados para comprobar la empatía fue el test de Sally y Ana. Les muestran a ambas en una habitación jugando con una pelota. En un momento, Sally toma la pelota, la deja en su canasto y se retira de la habitación. Ana agarra la pelota del canasto de Sally y la guarda en su caja. Cuando vuelve Sally a la habitación, se le pregunta a los niños: "¿Dónde piensa Sally que está su pelota?".

"Lo que tendría que imaginar el niño es lo que piensa Sally: que la pelota está en su canasto. Un niño de cuatro años lo puede responder adecuadamente", señaló Parra. El resultado arrojó que 14 puntuaron positivamente y 23 de forma negativa.

Con este test, además de verificar cuál es el grado de empatía de los niños analizados, tratan de de estimular "que piense en lugar del otro", puntualizó.

Cómo son.

Son niños que sufrieron maltrato sexual, violencia doméstica y en la mayoría de los casos abandono del sistema educativo. Los psicólogos y psiquiatras que participaron en este estudio confirmaron que la droga les llega "como un problema más" a estos menores al estar "más horas en la calle que en sus casas". No acceden a las drogas por deseo, sino porque entran en contacto con "barritas" que se las ofrecen.

Al principio, los psicólogos buscaron estudiar solo los efectos que producía la pasta base de cocaína en estos menores. Pero se dieron cuenta de que estos niños eran policonsumidores. "Yo fumo y tomo cerveza desde que era chiquito", le contó un niño a Parra. En otros casos también había consumidores de marihuana.

Lo que corroboraron es que la deserción escolar agudiza el consumo. "Son chiquilines que estando en el sistema educativo consumían pasta base y tenían conductas delictivas. Pero cuando se da el abandono ahí se precipita el consumo y viene la internación", agregó Parra.

Estos menores, quienes en su mayoría provienen de los barrios Casavalle, Cerro Norte, Manga, Casabó y algunos de zonas periféricas de Maldonado y Lavalleja, no hablan de sus sentimientos ya que sus padres no les enseñan a contar lo que les pasa, concluyó el psicólogo.

Por su parte, el director del Observatorio Uruguayo de Drogas, Héctor Suárez, pese a no haber participado del estudio de la Facultad de Psicología, matizó los resultados de esta investigación: "Lo que hemos concluido en nuestros estudios es que la pasta base aumenta o exacerba alguna debilidad que ya está presente". Agregó que esta sustancia "participa en este problema, pero no lo genera".

Los tratamientos sobre estos niños tienen un enfoque integral que incluye orientación psiquiátrica y educativa. "No tienen competencias lógicas de secuenciación: no entienden que hay una serie de pasos para llegar a un fin", puntualizó Parra. Por eso, en la clínica donde los atienden buscan establecerles una rutina que les facilite una "organización interna".

UN FENÓMENO EN LA PENUMBRA.

Prevalencia de drogas en menores.

En Uruguay se desconoce la cantidad de niños que consumen pasta base. Lo más aproximado que existe es la VI Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media elaborada en 2014 entre personas de 13 a 17 años. Según ese estudio, la prevalencia de consumo en esta población es de 0,9%.

La Facultad de Humanidades, en otro estudio denominado "Fisuras", realizó una aproximación cuantitativa y etnográfica sobre la pasta base en el país. Si bien no citó casos de niños, reveló datos sobre la demanda de tratamiento, concluyendo que 43% de los consumidores solicitó atención en algún momento de su vida.

Hace cuatro meses, el subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, compareció ante la Comisión de Constitución y Legislación de la Cámara de Senadores y aseguró que los niños en edad escolar eran utilizados para transportar droga de un barrio a otro. "Hay madres que usan a niños para trasladar pasta base", señaló en esa comisión el director general de Tráfico Ilícito de Drogas, Walter Menéndez. Esta semana, en diálogo con El País, Menéndez negó haber dicho esto.

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