allanamientos en bocas de pasta base

Operativo boca con llave

Siete días es el tiempo mínimo que requiere la Policía para obtener el patrón de funcionamiento de una determinada boca de pasta base.

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Bocas de pasta base: "Ahí pasa cualquier cosa" dicen adictos y policía. Foto: D. Borrelli

Reconocer vendedores, “campanas”, cómplices, descifrar horarios, puntos de entrada y salida, y confirmar lugares de almacenamiento de la droga son algunos de los principales objetivos en ese plazo.

Por año hay más de 600 denuncias de supuestas bocas y la Policía estima que en Montevideo hay entre 500 y 1.000 puntos de venta de distintas drogas, fundamentalmente de pasta base. Una dosis de esa droga se vende a unos $ 40, pero los adictos que llegan desesperados a comprarla cambian sin problema un celular de US$ 600 por un par de “chasques” (dosis).

El kilo de pasta base cuesta entre US$ 3.500 y US$ 4.000, pero los narcos usan todo tipo de productos para estirarla, desde bicarbonato hasta veneno, y así, por ejemplo, en una boca allanada esta semana en Ciudad Vieja, se armaron 10.000 dosis con medio kilo. Cada día generan verdaderas fortunas con las ventas.

Una boca altera el orden de su entorno y afecta la seguridad en la zona. Los adictos se mueven por las cuadras cercanas, los vendedores van y vienen, y quienes quedan en el medio son potenciales víctimas. Empiezan a haber hurtos, arrebatos y rapiñas en los alrededores.

Quienes consumen quieren más, y hacen lo que sea para obtenerlo.
Así lo define el Ministerio del Interior, y por eso ahora las autoridades se propusieron ponerle punto final a esta situación. Durante los últimos años la prioridad estuvo dirigida a los grandes y medianos narcotraficantes, y en ellos se concentraron el tiempo y los recursos.

Este énfasis de la Policía contra las bocas responde a la ambiciosa promesa lanzada por Tabaré Vázquez en plena campaña electoral: “De ser electos, en cinco años bajaremos 30% las rapiñas y los hurtos”. Llegar a los focos barriales, a los vendedores de cada cuadra, y desactivar esos circuitos es la fórmula elegida. No se pretende hacer grandes incautaciones ni ubicar a poderosos vendedores, sino trabajar sobre la famosa “sensación térmica”.

El plan trazado implica mantener, durante un largo plazo, un ataque constante sobre las bocas. “Sabemos que cerramos una y a la semana la pueden volver a abrir, el que quede va a buscar seguir con el negocio, entonces tenemos que volver. Es un trabajo de no acabar, es como el gato cazando al ratón. Quizá se cambian de lugar, pero lo normal es que de alguna forma las personas cercanas o del entorno del que fue atrapado, busquen reanudar la venta de la droga”, dijo a El País Walter Menéndez, director de la Brigada Antidrogas.

(Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

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