Vecinos se rebelan por trabajos de saneamiento que llevan más de un año

Obra vial convertida en pesadilla

En algún momento las obras de saneamiento pluvial de la calle Cufré y Garibaldi tendrían que retomarse. Los vecinos lo sabían; desde la Intendencia de Montevideo se les notificó el reinicio de trabajos en la primera quincena de agosto, lo cual en realidad se postergó por dos semanas.

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Vecinos piden a la IMM que imponga seguridad pero con acceso a las casas. Foto: F.Ponzetto.

Pero la gente estaba desde hacía unos meses acostumbrada a salir de sus casas con cierta normalidad, después que fuesen retiradas de la calle las maquinarias de una empresa que no cumplió las condiciones del contrato y terminó obligada, antes de retirarse, a recomponer las veredas y acordonados, cosa que hizo si bien en forma muy precaria.

Ahora hace un mes que los residentes en Cufré volvieron a verse sitiados. Reaparecieron las excavadores y camiones, volvieron a romperse las veredas para ejecutar tareas subterráneas de Ute, resonaron los taladros de los picapedreros y se fijaron mallas de plástico y madera de obra a lo largo de una cuadra, en las dos aceras y casi pegadas a las puertas de las viviendas.

Por su cuenta, los vecinos decidieron entonces cortar tramos de las mallas ubicadas frente a las puertas de ingreso a sus hogares, ya que a ciertas alturas no podían circular ni siquiera por las veredas debido a la presencia de obstáculos pesados: bolsas gigantes rellenadas con escombros y tierra producto de las zanjas abiertas para extender las instalaciones eléctricas.

En esta oportunidad no han tenido inconvenientes con el suministro de la luz y el agua pero reapareció el barro a consecuencia de las obras y las últimas precipitaciones. Eso resulta una incomodidad, aunque los vecinos manifiestan en especial su preocupación ante las advertencias emanadas de la municipalidad como respuesta a su decisión de cortar las mallas y hasta intercambiar algunas de las enormes tapas de madera colocadas en las entradas a sus fincas, sobre las zanjas que hizo UTE.

"Yo tengo una moto y no podía salir ni entrar, por eso corté el cerco ese, y también ayudé a un muchacho de acá al lado, que tiene un bebé. Le dije: cortá ahí, no te van a decir nada. Pero él antes fue a pedir permiso al obrador, era de noche y no había nadie. Entonces lo ayudé. Hay una parte en que está la UTE y otra acá que es de la empresa Impacto, que ya estuvo la primera vez, cuando hicieron unos trabajos y después se fueron como también se fue una española", dijo a El País uno de los vecinos afectados.

Se irá otro millón de dólares en complementos. Foto: F.Ponzetto.
Se irá otro millón de dólares en complementos. Foto: F.Ponzetto.

Negocios y salud.

"Esto es una anarquía", sentenció el propietario de un negocio que también se sacó de encima parte de la malla que complicaba el acceso a sus oficinas. "Los de UTE se pusieron a trabajar sin decirme nada, llegaron un día a las dos de la tarde y me enchastraron todo. Es una falta de diálogo... oídos sordos. Los de UTE dicen que los manda la Intendencia y ... esperemos que dejen como estaba lo que siguen rompiendo. La vereda la hice yo, con diez centímetros de cemento armado y malla de hierro, hasta con bajada de accesibilidad. ¡Qué vamos a hacer! Rompieron todo. Antes, con las primeras obras de Cufré también rompieron, después remendaron con hormigón y ahora volvieron. ¿Qué más le voy a decir? ´¿Con la verdad no ofendo ni temo? Y así termino en el Paraguay", agregó.

"Nos dejaron más espacio pero otra vez quedamos encerrados. Mi marido cortó la red y gente de la empresa Impacto le sacó fotos. Después me mandaron una empleada del Centro Comunal a decirme que eso no podíamos haberlo hecho. Que teníamos que avisarle a alguien. Le dije que fuimos a avisar a los de la obra pero que ni un perro ladró. No podíamos entrar ni caminando a la casa. Nosotros arreglamos heladeras y equipos de aire y ¿cómo los entramos y sacamos? Ahora dicen que cuando terminen los de UTE esta semana van a cerrar de nuevo y no podremos tocar nada", dijo una vecina que además argumentó la falta de comprensión con personas que tienen problemas de salud.

"Mi hija sufre ataques de epilepsia; un día llegó a estar diez minutos con pérdida de conciencia. Esta entrada acá no la puedo dejar cerrada, no estamos hablando de que se nos ensucie un vestido. Nos tenemos que acostumbrar, ya sabemos, pero es difícil estar en la piel de nosotros. Si mi hija pierde la conciencia se puede quedar sin respirar; si estuviese comiendo algo le pueden quedar otras lesiones", declaró a El País otra vecina, muy joven.

Una de las propuestas de los residentes en Cufré es que se hagan portones, "tipo los de campaña, que se puedan sacar y poner, abrir y cerrar, pero no quieren, no entran en razón. esto es un desastre. Y no sé hasta cuándo vamos a estar así, será para el verano que nos dejen con la piscina que van a hacer", aseguró otra vecina.

Las únicas entradas que se respetaron fueron las de un negocio automotriz que está en mitad de la cuadra y las de pocos de los garajes existentes. Pero, curiosamente, al decir de los vecinos que testimoniaron, en pocos de ellos se ven entrar o salir autos.

"Ahí en frente vivía un doctor que era enfermo, estaba bastante enfermo, hasta que se murió, desde luego. La ambulancia no entraba por ningún lugar. Venían los enfermeros y tenían que caminar por donde podían con una camilla. Eso fue cuando rompieron antes. No queremos que pase más, con esta obras, no puede ser así", comentó el hombre que repara heladeras.

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Mal de muchos.

La dilatada continuación de los trabajos del "Tanque Cufré" resulta urgente por su ubicación en plena vía pública, entre Garibaldi y la calle Isla de Gorriti. También debido al clima de malestar entre los vecinos, ocasionado por ruidos, maquinarias, afectación de su vida cotidiana, la detención de las obras y su prolongación temporal más allá de lo previsto. Los perjuicios por las demoras en la terminación también han afectado a la Intendencia de Montevideo, como ésta lo confesó al adjudicar en forma directa la labor a una nueva empresa.

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