La inmunoterapia en Uruguay

Nueva promesa para el cáncer

Se llama inmunoterapia: uruguayos pagan hasta US$ 150.000 para importar las drogas.

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Melanoma: es el tipo de cáncer en el que estos medicamentos han dado más resultados.

Un hombre tenía cáncer de piel y se enteró que en Buenos Aires podía comprar un medicamento que le prometía postergar cuatro meses el último día de su vida. El "dólar blue" le permitió gastar 80.000 dólares en lugar de los 150.000 que le costaba. Lo compró. Lo trajo de contrabando y su oncólogo se lo administró.

La historia es como un vaso con dos mitades. La mitad vacía es que el cáncer le robó la vida a pesar de que gastó una cifra que muchos uruguayos no verán nunca. Las equivalencias pueden ser muchas; con ese dinero la Facultad de Medicina formaría dos médicos, alguien sin vivienda podría llegar a comprar un pequeño apartamento y más de un desempleado encontraría aire en las finanzas de su familia.

Pero el vaso tiene otra mitad y es que esta persona pudo vivir 12 meses más. El fármaco le prometía 4 y logró vivir 12. Es decir, el día de su muerte se alejó 365 días en el calendario. Si tuviera el dinero contante y sonante, ¿lo cambiaría por un año más con su familia?

El caso fue contado a El País por fuentes del Instituto Nacional del Cáncer y tiene varias aristas que lo vuelven noticioso. En primer lugar, no se trataba de un fármaco que ofreciera el Fondo Nacional de Recursos. No se encontraba (ni se encuentra) en Uruguay y, por lo tanto, el usuario no podía ir a juicio para exigir que se lo administraran.

En segundo lugar, la droga no funciona como la quimioterapia, atacando el tumor por medio de un químico que ingresa al cuerpo. Su mecanismo de acción se llama inmunoterapia y apunta, en pocas palabras, a fortalecer las defensas del cuerpo para que el cáncer "no se esconda" y lo pueda combatir por sí mismo.

De las drogas que actúan por este mecanismo hay tres que recibieron la aprobación de la Agencia de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés). Los nombres no son fáciles de retener, se denominan ipilimumab, nivolumab y pembrolizumab. No son para cualquier tipo de cáncer. El primero está indicado para el tratamien-

to de melanoma (piel), y lo prueban en cáncer de pulmón, vejiga y cuello de útero.

Los otros dos fármacos se indican para algunos tipos de cáncer de pulmón y, en algunos casos, son empleados en combinación con el ipilimumab. Este último fue el que el hombre trajo desde Buenos Aires; lo que sufría era cáncer de piel, una patología en la cual no hubo avances en materia de tratamiento en 30 años. No tenía otras alternativas.

Los niveles de efectividad contra la enfermedad no son fáciles de determinar porque varían según tipo de cáncer y población estudiada. Pero en 2011, cuando la Unión Europea aprobó incorporar el ipilimumab, uno de los trabajos en los que se basó indicaba que la supervivencia a los 12 meses era del 46% por ciento frente al 25% del grupo control.

Existe un grupo de pacientes que reaccionan de forma radicalmente mejor que los demás; pero aún se desconoce por qué.

Mauricio Cuello, profesor adjunto de Oncología Clínica y del departamento básico de Medicina de la Universidad de la República dijo a El País que ninguno de los tres fármacos en cuestión está registrado en el Ministerio de Salud Pública. Sin embargo, esto no quiere decir que si un paciente desea recibirlo en Uruguay se vea obligado a traerlo de contrabando, incurriendo en un delito.

El MSP cuenta con un procedimiento llamado "Ingreso de medicamento o producto médico no registrado", a través del cual el paciente, con el aval de su oncólogo y el dinero disponible, puede importar alguno de estos tres fármacos (u otros no registrados) para su uso personal.

Según pudo saber El País, entre 5 y 10 uruguayos ya han realizado o se encuentran en proceso de realizar este trámite. Invertirán de 100 a 150 mil dólares en su tratamiento; el doble si les recomiendan aplicarlos de forma combinada. El proceso es coordinado con cada institución de salud.

Las respuestas de Beatriz Luna, directora del Departamento de Medicamentos del MSP, ante la consulta de exactamente cuántos uruguayos han utilizado este procedimiento para el ingreso de estas drogas (la gestión se conoce como "importación de uso compasivo") fueron dos. La primera: "Tengo que solicitar autorización a mis superiores para brindar esa información. En caso afirmativo, me comunico". La segunda, días después: "Hemos recibido la respuesta al respecto y no podemos brindar la información solicitada".

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Cómo funcionan.

¿De qué se tratan estos medicamentos? Si se hiciera un paralelismo entre la industria farmacéutica y la de la vestimenta, podría decirse que, en Oncología, son "la última moda". Son un modo diferente de dirigirse a la enfermedad y detrás de ellos hay inversiones millonarias que desvelan a investigadores y magnates del sector.

Cristina Nadal, profesora asociada de la Universidad de Barcelona y oncóloga del Hospital Clinic de la misma ciudad (centro de referencia en España) dijo a El País que las novedades se vienen dando a un ritmo que resulta difícil de seguir, incluso para los investigadores. Recientemente Nadal visitó Montevideo en el marco de las Primeras Jornadas Internacionales de Onco-Hematología, organizadas por el Laboratorio Roche (que también tiene drogas de este tipo en desarrollo).

"La inmunoterapia está basada en conocer mejor la reacción que el cáncer produce en el organismo,", señaló Nadal. El tumor es un conjunto de células alteradas. Cuando comienza, el sistema de defensas intenta aniquilarlas. Pero "el cáncer es inteligente y logra zafarse de modo que tu mecanismo de defensa queda debilitado o el cáncer se hace invisible", agregó Nadal. La inmunoterapia busca reforzar ese sistema, hacer que conozca al tumor y ajuste su reacción a las diferentes etapas de la enfermedad.

El cáncer no es algo estático, es evolutivo, agregó la oncóloga, por lo cual en algunos momentos hay que atacarlo con agresividad y en otros hay que bloquear su progresión. En términos prácticos, los fármacos que ya existen se administran como una suerte de suero intravenoso. Los especialistas estiman que lo ideal sería combinarlo con otras terapias, aplicando en una primera etapa quimioterapia para combatir fuertemente y luego recurrir a la inmunoterapia para evitar que resurja y que no se dé metástasis, que suele ser letal.

En la puerta del Instituto Nacional del Cáncer se lee "Policlínica - Radioterapia- Quimioterapia". Quizás dentro de unos años se lea "inmunoterapia" junto a ellas. Pero mucha agua deberá pasar bajo el puente. Mientras, la ciencia seguirá tratando de controlar más la acción de los fármacos y aumentar la cantidad de personas beneficiadas. Entre tanto, los que puedan llenarán el formulario del MSP y "comprarán" días para vida. El resto esperará a la ciencia y al mercado.

Los costos desmedidos que fija la industria.

Si bien las inmunoterapias son "la vedette" de la oncología, muchos oncólogos cuestionan el costo al que ascienden las drogas. "Yo te puedo entender que un reloj Cartier salga 10.000 dólares, pero ¿un medicamento?", enfatizó Mauricio Cuello, profesor adjunto de Oncología Clínica de la Facultad de Medicina. Pensar en invertir 100.000 dólares por paciente (el costo de todo el tratamiento) con cáncer de piel, aventuró el oncólogo, significaría verter prácticamente todo el presupuesto de salud pública de Uruguay en ellos.

"Le vamos a perder el miedo al cáncer".

nApelar al sistema de defensas del cuerpo es algo que la ciencia hace desde que se crearon las vacunas. En tratamientos contra el cáncer, desde el modo más general, también existen desde hace años, medicamentos que administran al cuerpo compuestos que forman parte de las defensas. Se los da de forma externa para potenciar la reacción del organismo (así funcionan los llamados interferones o los anticuerpos monoclonales). La diferencia de la inmunoterapia que está en boca de los principales centros de salud e investigación en cáncer del mundo, es que se basa en conocer al detalle cómo funciona el cuerpo cuando tiene que atacar algo extraño. Conociendo un sinfín de procesos complejos y específicos, han creado drogas que ayudan al cuerpo a que el cáncer no lo engañe. O bien potencian la respuesta de las defensas (respuesta inmune) o bien logran que el tumor no pueda evadirse (infografía). El primer método es el que se aplica en el ipilimumab, el segundo, en las otras dos drogas que han aparecido (existen decenas en proceso de estudio pero estas tres son las más difundidas). Cristina Nadal, oncóloga del Hospital Clinic de Barcelona, dijo a El País que no hay que esperar curar el cáncer con estas drogas, pero sí ser cada vez más precisos en su diseño. "Es muy probable que podamos cronificar el cáncer, y en ese momento le perderemos el miedo", señaló.

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