JUAN PABLO ESCOBAR

"Netflix muestra una visión glamorosa de mi padre"

El hijo de Pablo Escobar extraña la figura paternal del narcotraficante más famoso del mundo, y recuerda lo consentido que fue durante su infancia y parte de su adolescencia, pero critica la estructura criminal que el padre montó.

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Juan Pablo Escobar. Foto: Ricardo Figueredo

En diálogo con El País, debido al lanzamiento de su segundo libro: In fraganti, lo que mi padre nunca me contó, Juan Pablo Escobar —que en los 90 se radicó en Argentina, con el nombre de Sebastián Marroquín— rememora el momento en que el líder del Cartel de Medellín le mostró sobre una mesa todas las drogas que vendía y le contó las consecuencias del consumo. También fustiga la serie Narcos y la cataloga de “mentirosa”.

—¿Se siente más Juan Pablo o más Sebastián?

—Más Juan. Soy la misma persona porque para mí la identidad no te define. Lo que te definen son tus acciones. Te puedes llamar José, Pedro o Carlos, al final lo que cuentan son tus actos. Algunas personas se tomaron muy en serio el tema de la identidad. Para quienes vivimos en un mundo mafioso, cambiarse el nombre es como cambiarse la ropa.

—¿Extraña a su padre?

—Lo extraño por su cariño y su figura paternal. Lo que no extraño es la violencia ni la zozobra que se vivía en ese momento.

—¿Fue violento con usted?

—Jamás. Ni una mala palabra. Ni contra mí ni contra mi madre.

—En el libro recuerda una anécdota en la que habían hablado de la posibilidad de llevar a Michael Jackson a cantar a la hacienda porque era su cantante favorito. ¿Lo consentía mucho?

—Sí, lo que pudiera darme gusto me lo daba. El nivel de presupuesto que tenía era muchísimo más alto que el tradicional, por lo que los regalos eran en mayores cantidades. A veces eran regalos que estaban por fuera de mi edad. Me daba una moto, por ejemplo.

—Era hijo de un millonario.

—Hasta los siete años vivía con mucho lujo y opulencia, pero no había tantos problemas de seguridad y orden público como los que después vinieron. Después de esos problemas, hubo momentos. Todos esos lujos no duraban nada. Podíamos tener una propiedad nueva, pero la quemaban o la confiscaban.

—¿Cuál fue el momento en el que se dio cuenta de que estaba vinculado al narcotráfico?

—Tenía siete años. Después de que murió el ministro de Justicia (Rodrigo) Lara Bonilla en el 84. Ahí es como que cambia toda la película.

—¿Hasta ahí era en paz?

—En ese momento mi padre me dice: "Mi profesión es ser bandido y eso es a lo que me dedico". En este libro relato en un capítulo, donde se habla de la muerte del ministro, que mi padre le encuentra "sentido a su vida" el día que mató a Lara. Dijo: "Definitivamente soy un bandido y moriré como tal". Fue como una liberación. Él decía que si no mataba a Lara, se suicidaba.

—¿Cómo era la relación entre su padre, las drogas y usted?

—Cuando tenía ocho, nueve años estábamos en la hacienda Nápoles, puso todas las drogas arriba de la mesa y me dijo: "Siéntate que vamos a hablar de drogas". Me explicó las consecuencias de cada una de ellas y los efectos en el cuerpo humano. Me reconoció que las había consumido todas menos la heroína. Y me dijo: "Si en algún momento te salta la curiosidad de que quieres probar, no lo hagas con tus amigos porque no sabes qué te pueden ofrecer. No está regulado y te pueden vender veneno". Me dijo que lo único que fumaba era marihuana, porque la cocaína no le gustaba. Y lo hacía en momentos en los que descansaba, tranquilo. Y me dijo: "Si algún día te dan ganas de probar y no te aguantas ven y lo pruebas conmigo". Desde ese día mi padre legalizó las drogas para mí y yo perdí la curiosidad y no tenía ganas.

—¿Tocó un arma?

—Claro, muchas veces. Era normal. Estábamos rodeados de armas todo el iempo. Hicieron más de una docena de atentados y de intentos de secuestro. Tenía que aprender a defenderme.

—¿Y cómo canalizabas ese miedo siendo tan joven?

—Me encerraba y rezaba. No había nada más que hacer. Sentía que en cualquier momento me iba a llegar el balazo.

—¿Pudo haber sido el sucesor de su padre?

—Claro que sí. Todavía podemos. Todos los días podemos. Yo llevo 23 años eligiendo diariamente no serlo. Tu también puedes serlo, pero eliges otras cosas, tienes otros valores, por eso te dedicas a lo que te dedicas.

—Pero estabas en un entorno que, tal vez, favorecía dedicarte a eso.

—Sí, esa es la cultura en la que me crié. Como fui tan consicente de tanta violencia que venía de respuesta, me parecía un absurdo continuar con esa vida. Nunca disfruté con mi padre en esa violencia y nunca se sentía bien.

—¿Por qué estás en contra de las series que han salido sobre tu padre?

—Esto es un juego de ellos y mío. Ellos juegan a hacer dinero con Pablo Escobar y yo que soy el hijo tengo derecho a hacer lo mismo. La diferencia entre ellos y mi trabajo es que yo lo hago con seriedad y responsabilidad y cuento las historias como verdaderamente ocurrieron, no las invento como ellos. Ellos sí inventaron. Ellos nunca se tomaron un café con Pablo Escobar, yo me tomé 500. Yo viví con él, lo cuidé. Cuando no estaba ni Popeye (sicario de confianza de Escobar) ni nadie más, yo estaba con él. Entonces, ¿quién lo conoce más? ¿Netflix o yo? Ellos le muestran a los jóvenes una visión glamorosa de la actividad del narcotraficante, la glorifican y la pintan de una manera que los jóvenes dicen: "Quiero ser Pablo Escobar".

—¿Lo sabe porque le llegan mensajes?

—Por Facebook me llegan fotos de chicos de países superdesarrollados que tienen miles de oportunidades, quieren ser Pablo gracias a Netflix. Eso es lo que me molesta, porque instalan una cultura gángster que no la necesitamos.

Recorre el mundo con un mensaje conciliador

Juan Pablo Escobar recorre el mundo, principalmente Latinoamérica, explicando y dando conferencias a jóvenes sobre qué constituyó el narcoterrorismo en su vida. "Una historia para no repetir", suele ser el título de sus charlas, en las que dice lograr la "atracción inmediata" de adolescentes.

Además, protagonizó el documental Pecados de mi padre, estrenado en 2010, centrado en los hijos de los políticos víctimas de la guerra contra el narcotráfico de los 90. Esa obra recibió siete distinciones internacionales y fue proyectada por la ONU en la celebración del Día Internacional de la Paz. Como pacifista, concretó el diálogo, la reconciliación con hijos de la violencia ejercida por su padre en las décadas de los 80 y los 90. Según dijo a El País, lleva más de 100 personas contabilizadas que han aceptado el perdón por los crímenes que cometió su padre. En 2014, publicó "Pablo Escobar, mi padre. Radiografía íntima del narco más famoso de todos los tiempos". Ahora, "Con Pablo Escobar, in fraganti. Lo que mi padre nunca me contó" , busca dar a conocer detalles que nunca se conocieron sobre el famoso narco.

Además de conferencista y escritor, Juan Pablo es arquitecto y diseñador industrial. Escobar Henao, el nombre de las tiendas, cuenta con imágenes alusivas a su padre y una oración reflexiva para "transmitir mensajes de paz, convivencia pacífica y de bien".

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