INFANCIA

Mortalidad infantil está en su mínimo histórico

En 2017 fallecieron 100 niños menos que en años anteriores.

El año pasado se triplicaron los montos por compra directa en servicios para psiquiatría. Foto: M. Bonjour
Ultimos datos confirman una evolución promisoria de las cifras. Foto: Marcelo Bonjour

En el Ministerio de Salud Pública (MSP) la noticia ya se conocía hace varios días; ayer tras el Consejo de Ministros en Torre Ejecutiva de Presidencia de la República, el titular de la cartera, Jorge Basso, fue autorizado a hacerla pública.

El ministro informó que la mortalidad infantil bajó en 2017 de 7,9 cada 1.000 nacidos vivos en 2016 a 6,6, es decir, murieron 100 niños menos que en años anteriores. Basso señaló que "es una disminución muy pero muy importante" ya que "en esta oportunidad logramos no solo que siguiera bajando la mortalidad postneonatal sino disminuir la neonatal y la precoz".

La mortalidad infantil es el indicador demográfico que evidencia el número de defunciones de niños en una población de cada 1.000 nacimientos registradas durante el primer año de vida. A su vez, hay varias categorías que la distinguen: neonatal precoz -la que se verificada desde el nacimiento hasta la primera semana de vida-, neonatal -hasta el primer mes de vida- y postneonatal -hasta el año de edad.

Basso indicó que la tendencia a la baja se verifica desde hace décadas, "la que ha disminuido más rápidamente, francamente es la que está vinculada al impacto de las políticas sociales, la que se produce justamente luego del mes de nacido, hasta el año". A su vez, el ministro también informó que "el embarazo adolescente continuó disminuyendo". Su abatimiento es el principal objetivo sanitario de este período de Gobierno (2015-2020).

El logro es aún mayor, para el gobierno, si se tiene en cuenta que la mejora global responde, sobre todo, a la caída de los fallecimientos en el período neonatal precoz (antes de la semana de vida). "Es la mortalidad infantil más difícil de correr, porque responde al control del embarazo de la madre, a la salud que lleve el adulto y a la calidad del nacimiento", explicó Claudia Romero, responsable del Área Programática de Salud de la Niñez del Ministerio.

Del cerca del centenar de fallecidos menos que hubo en 2017, poco más de la mitad (56) fueron previos a esa semana de vida. "Eso también fue récord histórico", destacó Romero. Aclaró que "el Ministerio trabaja en analizar los datos geográficos y por nivel socioeconómico" de cara a un coloquio que realizará dentro de un mes.

La prematurez y las malformaciones congénitas son las dos causas principales de la mortalidad infantil en Uruguay. Esa es otra característica que acerca al país a sus pares desarrollados. "Las muertes por diarreas e infecciones (muy asociadas a la baja de vacunación) han ido cayendo a expresiones mínimas", dijo la jerarca.

Sobre las malformaciones, en especial las cardiopatías, el Ministerio ha ido incentivando a los prestadores de salud para que controlen el embarazo de su población. En este sentido, la cartera puso el énfasis en la ecografía estructural, una prueba diagnóstico que se realiza entre las semanas 18 y 22 de la gestación y permite descartar algunas problemáticas congénitas. "De haber alguna malformación, ya se puede derivar a la madre a un centro de referencia", explicó Romero.

Aunque aún no está el estudio de datos para 2017, Romero explicó que la tendencia muestra algunas diferencias socioeconómicas en particular en Montevideo. En el período postneonatal —que va del mes al año de vida—, "incide mucho el contexto, si se fuma en el hogar, los hábitos, el cuidado y en eso aún hay diferencias entre los barrios". El ejemplo más claro, agregó, es la muerte por infecciones respiratorias.

La cartera procura que los médicos mejoren aún más la forma en que completan los formularios de defunción. Sucede que muchos ponen como causa de muerte un paro cardíaco, aunque este sea el desenlace y no la razón en sí. Lo mismo ocurre con la muerte inesperada del lactante, casos para los cuales es obligatoria la autopsia.

Para Romero, ahora se abre un debate sobre cómo están afectando la morbilidad (no tanto la mortalidad) las enfermedades crónicas no transmisibles. "En los lactantes no se nota tanto, pero en los niños más grandes se observa obesidad e hipertensión en cifras que antes no veíamos", agregó la responsable del Área Programática de Salud de la Niñez.

Reclaman acceder a datos disgregados.

La psicóloga titular del Programa de Salud de la Facultad de Psicología, Alejandra López, dijo a El País que los datos presentados por el Ministerio de Salud Pública son alentadores pero que de todas maneras es necesario acceder a los datos disgregados, es decir, conocer en qué departamentos, zonas o barrios la situación puede tender al alza. "Es un indicador en el que se tiene que mirar el dato agregado pero también cómo se distribuye en el territorio porque da cuenta de niveles de desarrollo en sentido de que se consideran mortalidades prevenibles", indicó la especialista. La mortalidad infantil es de vital importancia para medir cuestiones básicas de acceso a servicios de salud, crianza, entre otros. También es un indicador respecto al acceso a recursos cognitivos, materiales, redes sociales y comunitarias. Para la psicóloga "los índices de desarrollo humano son una expresión de desarrollo de todos los países".

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