LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Miopía

Un puñado de ruidosos sindicalistas llegó hasta el céntrico edificio de una de las principales empresas fúnebres del país. Querían denunciar a la firma por una presunta actitud anti sindical. Y habían decidido hacerlo allí, en un local donde algunas decenas de personas daban el último adiós a un hombre que había fallecido el día anterior.

Minuto a minuto, el ruido exterior fue creciendo. Algunas personas salieron del velatorio para pedir a los sindicalistas un poco de respeto. Un mínimo de consideración. No sirvió de nada. La manifestación no sólo no cesó, sino que no faltó algún sindicalista que se molestara por el pedido de los deudos.

Cuando el velatorio terminó, la movilización devino en piquete. Sí, leyó bien. Los sindicalistas decidieron realizar un piquete para impedir la salida del cortejo fúnebre. Gritaron consignas y rodearon a los vehículos que trasladarían a los familiares del fallecido hasta el cementerio. Llegaron a arrojar volantes sobre los coches.

La situación estuvo a punto de salirse de cauce. Finalmente, después de cinco minutos que parecieron horas, los sindicalistas resolvieron permitir la salida del cortejo.

Esto sucedió en Uruguay. Fue en septiembre pasado. ¿Por qué usted no se enteró? Porque la empresa que fue víctima de este piquete prefirió mantener el tema en reserva. "Si hablamos, no sólo no arreglaremos nada, sino que la próxima será peor", confió un jerarca de la firma.

Si una protesta gremial es capaz de alterar la paz de un velatorio y de hacer un piquete que cierra el paso a un cortejo fúnebre, ¿qué podría sorprendernos a estas alturas del sindicalismo uruguayo?

El piquete está de moda. Los trabajadores del Conrad hicieron un piquete y bloquearon todas las entradas del complejo en Punta del Este para manifestar su rechazo a contratos de trabajo de tres días a la semana. Sobre ese piquete y el perjuicio ocasionado a la empresa, negociaron. ¿Las autoridades? Bien, gracias.

Los trabajadores de los supermercados vienen haciendo piquetes en los locales de las diferentes cadenas para reclamar aumentos de salarios. Hay Consejo de Salarios, pero ellos prefirieron impedir a los clientes entrar a los locales de las mismas empresas a las que le piden aumento. O sea, afectan la actividad de las empresas y, con la amenaza de seguirlo haciendo, exigen incrementos salariales.

¿Este es el sistema de "negociación colectiva" con el que tanto se llena la boca el gobierno?

¿A esto le llaman negociar? ¿A un sistema en el que a los sindicatos les está permitido todo, mientras las autoridades miran para otro lado y las empresas tienen que ver cómo se las arreglan para apaciguar la iracundia gremial?

¿Así pretendemos atraer a los inversores y llamar a apostar al Uruguay?

El Ministerio de Trabajo y la Dirección Nacional de Trabajo, ¿no tienen nada que hacer en este tema?

Los trabajadores tienen, claro, derecho a manifestar su descontento y a reclamar mejoras salariales. ¿Pero a nadie le preocupa que hay derechos de consumidores, de usuarios, de turistas, de deudos en un velatorio, que también deberían ser preservados?

¿O la miopía ya no los deja ver?

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