banda estaba integrada por dos delincuentes pesados, jubilados y desocupados

Milvana fue secuestrada "al azar"

Residente en una zona pudiente y propietaria de un auto importado, evidencia de alto poder adquisitivo. Joven, para soportar las precarias condiciones de cautiverio en un pozo y no ocasionar problemas.

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Secuestradores dijeron que ya se iban cuando vieron bajar a Milvana. Foto: M. Bonjour

Esas eran las características que la banda de secuestradores, formada por dos peligrosos delincuentes, dos jubilados y desocupados, había definido que debían reunir sus potenciales víctimas.

La respuesta a la pregunta más recurrente en el secuestro de la doctora Milvana Salomone parece ser la más simple: fue al azar. Al menos eso confesaron los responsables ante la jueza penal Dolores Sánchez De León.

De acuerdo al relato de los detenidos, los dos cabecillas de la banda, Gustavo Lepere Medero (procesado) y Pedro Ignacio Leone Echart (prófugo) planificaron llevar a cabo un secuestro. "Eligieron el barrio del Parque Batlle porque ahí hay gente con poder adquisitivo. Habían decidido que fuera una persona joven con un auto importado, porque le aseguraba que tuviera dinero y que no tuviera problemas de salud y se complicara la situación. Ese día (domingo 17 de mayo), y ya abandonando la idea pues estaba la zona algo complicada por los incidentes afuera del Estadio (ese día se había disputado el clásico), ven llegar la camioneta y bajar a la mujer (Milvana Salomone), por lo cual se resuelven rápidamente a privarla de su libertad", relata el auto de procesamiento de la jueza.

De la confesión ante la Policía tampoco surgió un móvil que permitiera vincular a los delincuentes con su víctima. Como prueba de que a Milvana la eligieron al azar, los captores dijeron en el juzgado que comenzaron a investigarla luego de que la secuestraron. De hecho no supieron que ella era de Florida hasta que la tenían en el pozo y en los noticieros se informó ese dato.

"Cerebros".

De la investigación surge que la banda de secuestradores no se caracterizaba por la planificación. Los procesados son un desocupado de 43 años con graves antecedentes por homicidio y una larga trayectoria criminal, dos jubilados de 73 y 72 años, un peón de 23 años y otro sujeto que vive de hacer changas en la construcción de 39 años. El otro cabecilla, Leone Echart, sigue prófugo y es considerado un "pesado" en el ambiente delictivo.

En el momento del secuestro actuaron los dos líderes de la banda, encapuchados y armados, pero fue la propia Milvana la que tuvo que explicarles cómo conducir su camioneta marca KIA dado que no sabían cómo hacerla arrancar porque era automática.

La llevaron con los ojos vendados hasta una casa. Allí tenían preparado un pozo, en el que permaneció cautiva 29 días.

Ese domingo en la noche, Lepere salió con la camioneta. Lo acompañaba, manejando un Ford Escort de color bordó que su hermano le prestó, el peón de iniciales A.E.R.A. El joven cargó combustible en la estación de Garzón y Aparicio Saravia y compró una botella de nafta. Se trasladaron hasta Recalde entre Aranguá y Bvar. Batlle y Ordóñez y prendieron fuego la camioneta de Milvana para borrar las huellas de Lepere, según confesaron.

Luego, ambos sujetos fueron a un supermercado para hacer compras. Cuando retornaban a la casa donde estaba secuestrada Milvana fueron interceptados por un control policial de rutina que no se percató de nada extraño y les permitió continuar.

El video de la camioneta seguida de cerca por el auto "oscuro" terminó rápidamente en manos de la policía. Casi quince días después, cuando la prensa difundió que esta pista estaba siendo investigada, los delincuentes dejaron de utilizar el Ford Escort.

El 30 de mayo los captores rompieron el silencio. Se comunicaron con el propietario de un almacén donde Milvana solía comprar y le dieron instrucciones. El esposo de la médica, Germán Álvarez, debía ir hasta la calle Zambucetti para retirar un sobre del buzón de una casa. Sin embargo, cuando llegó no encontró nada.

El 4 de junio, Leone llamó al celular de Álvarez y le dio nuevas instrucciones. Debía dirigirse hasta una casa en Joaquín Artigas. Al llegar encontró tres cartas en el buzón, todas de puño y letra de Milvana. Contenían más indicaciones y aseguraban que la ginecóloga se encontraba bien.

Leone llamó a Álvarez varias veces más desde el mismo celular. Los movimientos de la banda ya estaban bajo control de los investigadores. Finalmente, Leone exigió US$ 300.000 para la liberación de Milvana y detalló el lugar de la entrega.

El viernes 12 de junio era el día pactado para pagar el rescate. Otro de los secuestradores, de iniciales O.S., quien dijo que se dedicaba a changas de la construcción, fue el encargado de dar las directivas, que parecieron inspiradas en alguna película policial.

El esposo de Milvana fue primero hasta una escuela en Manga, luego a Gral. Flores y Corrales y de allí a Luis Alberto de Herrera, donde debió recoger un celular, que minutos después sonó y le advirtió que debía trasladarse hasta Punta Gorda. Una vez allí, en la zona del Molino de Pérez, se le ordenó tirar por el barranco el bolso con el dinero y el celular que había recogido. Un sujeto con casco verde a bordo de una moto levantó el bolso y partió a toda velocidad.

La entrega, pese a su minuciosa planificación, fue monitoreada en todo momento por los investigadores.

El lunes 15, Leone llamó al esposo de Milvana y le anunció "noticias" para el día siguiente. En la tarde de ese lunes Milvana fue sacada del pozo, le taparon los ojos y le pegaron con cinta plástica auriculares con música a subido volumen para que no escuchara conversaciones. A las 6 de la mañana del martes fue obligada a subir al baúl de un auto gris alquilado días antes y la dejaron en una cuneta en la zona de Canelón Chico.

Le ordenaron contar hasta quinientos y pedir ayuda. A Milvana las fuerzas y la ansiedad solo le permitieron llegar hasta 300. Se sacó la venda, vio una casa con luces encendidas y se acercó a pedir ayuda.

Un matrimonio le permitió llamar a su familia y Milvana se sintió en libertad.

Tiroteo, persecución y un escape inexplicable.


El auto Chevrolet Corsa de color gris en el que los secuestradores trasladaron a Milvana para liberarla, fue "discretamente" seguido por la Policía en todo momento. Según consta en el auto de procesamiento, en la madrugada del martes, cuando dejaron a la médica en una cuneta en la zona de Canelón Chico y la policía confirmó que su vida ya no corría riesgo, se dio luz verde para atrapar a los delincuentes. Entonces comenzó una persecución y hubo un tiroteo. Sin embargo, los dos secuestradores, Lepere y A.E.R., lograron escapar.

Tres horas más tarde, a las 9.15, Leone apareció en el radar de los investigadores cuando utilizó un teléfono interceptado para llamar a uno de sus cómplices. "Necesito verte en quince minutos en lo de siempre", dijo. "¿Está todo bien?", le preguntó su compinche. "No, la verdad que no", respondió. Leone salió de su domicilio en la calle Guayaquil y se dirigió hacia el bar Bica, donde levantó a Lepere. Ambos se dirigieron hasta un depósito en la calle Hipólito Irigoyen. Allí los atendió un sujeto que les entregó una mochila con el dinero. El cómplice dijo que uno de los secuestradores, al que se identifica como L. por lo que no es posible determinar si es Leone o Lepere, le dio US$ 20.000 para que se lo llevara a la señora.

Hasta ese momento, Lepere y Leone estaban juntos, y los policías monitoreaban todos sus movimientos. El auto de procesamiento, sin embargo, no especifica cómo fue atrapado Lepere y se escapó Leone. De la mochila faltaron US$ 50.000, que se los habría llevado Leone.

Ese dinero había sido fotografiado por los investigadores y registrado el número de serie de cada billete. Los delincuentes nunca sospecharon que eran vigilados.

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