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Dos millonarias casonas son usadas como "aguantaderos"

Dos bellísimas casonas en la década de los ochenta, hoy son un "aguantadero" de ladrones y morada de "ocupas" en el corazón del barrio de Villa Biarritz.

Foto: Marcelo Bonjour
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Casonas en Villa Biarritz ocupadas. Foto: Marcelo Bonjour
Casonas en Villa Biarritz ocupadas. Foto: Marcelo Bonjour

Los dos predios, ubicados al lado de la plaza Villa Biarritz y a una cuadra de la rambla Mahatma Gandhi, tienen una superficie de más de 1.500 metros cuadrados de terreno. El valor inmobiliario ronda los US$ 5.000.000.

"Esas casonas son hoy una mancha negra para el barrio", dijo a El País el vecino Federico Gallinal, quien vive frente a las fincas desde hace décadas.

Las casonas están rodeadas por un inmenso muro. Los ocupantes ingresaron primero por un pequeño agujero efectuado por la calle Vázquez Ledesma. Desde allí caminaron unos 10 metros para cruzar un inmenso terreno y entraron por los fondos de una de las casas abandonadas.

Como un árbol demolió parte del muro que dividía ambas casonas, los intrusos pudieron ingresar por la parte de atrás de la otra. Algunos bloques, que tapiaban las ventanas, fueron destruidos para permitir el ingreso de luz a las habitaciones.

Por las noches, ningún vecino deja sus vehículos por las calles Vázquez Ledesma ni por Benito Blanco. "Rompen los vidrios de los autos y los roban", explicó el abogado Daniel Abreu a El País.

Por su parte, Gallinal dijo que, cada tanto, la Policía ingresa al predio y saca a algunos intrusos. "Es obvio que es un gran aguantadero. Pero a la Policía la cansaron porque al otro día están de vuelta en el lugar", dijo.

Boom.

A principios de los años ochenta, vivían en las dos casonas las familias Suárez de Lima y Allende. Una de las casas es de dos plantas y la otra de tres. Ocupan, con sus respectivos terrenos, toda la esquina de las calles Vázquez Ledesma y Benito Blanco. Por esos años ocurrió un "boom" de la construcción que llevó a que ambas familias llegaran a una acuerdo y vendieran los predios a un empresario del ramo de la construcción, quien pagó una fortuna por los mismos.

Poco después, la empresa constructora dejó entrever a los vecinos que levantaría una torre en una de las esquinas más emblemáticas de Montevideo.

Por supuestos problemas documentales, el proyecto de construir un edificio en el lugar se enfrió. La empresa cercó el lugar con un muro de un poco más de dos metros de altura. En ese momento, se habló en el barrio que la empresa constructora pensaba tirar abajo a las dos casonas y construir un estacionamiento en los terrenos.

Los vecinos no recuerdan cuando comenzó la invasión de "ocupas". Algunos mencionan que ello ocurrió hace unos 30 años. Varias familias se alojan hoy en la decena de habitaciones de ambas casonas. Una construcción, algo separada de las dos casonas y que oficiaba de cocina-comedor-barbacoa, es un lugar para dormir de vagabundos. Tiene techo de planchada y gruesas paredes. El piso está tapado de basuras y porquerías.

Fuego, fuego.

Los vecinos no solo se quejan de los robos a los autos protagonizados por los "ocupas", sino también de los continuos fuegos que realizan en los fondos de las casonas para, supuestamente, quemar cables de cobre. "Ayer (por el lunes) debieron venir varias veces los bomberos por los fuegos prendidos por los intrusos", dijo Abreu preocupado, ya que el edificio donde vive está al lado de las fincas ocupadas.

Porteros de los edificios cercanos, quienes no desearon ser identificados, señalaron que algunos "ocupas" esperan que ellos saquen la basura de los edificios para clasificarla en plena vereda.

Hace unos días, dos porteros se tomaron a golpe de puño con los intrusos por esta causa, relataron vecinos.

Gallinal recordó que los intrusos también clasifican basura de volquetes ubicadas sobre la calle Vázquez Ledesma y "dejan tirada toda la mugre".

Caminar por el frente de las dos casonas es una odisea. Enseguida golpea al peatón el olor de la basura que reciclan algunos intrusos en los terrenos.

Según los vecinos, los desperdicios también generan una proliferación de ratas en Villa Biarritz. Éstas trepan por las cañerías e ingresan en algunos lujosos apartamentos ubicados sobre Benito Blanco.

"La zona está llena de ratas. Creemos que vienen del predio ocupado por intrusos", dijo Abreu.

En una especie de balcón de la casona de tres pisos, había un sillón desvencijado y restos de cenizas como si hubieran hecho un asado allí.

Una ventana cercana al balcón tenía una pequeña cortina blanca. Cada vez que soplaba el viento, se veía detrás a una mujer, de unos 40 años, que espiaba la calle sin importarle las miradas de los vecinos.

Concejal criticó la inacción de la IMM por no expropiar predios.

En las resoluciones de la Intendencia de Montevideo no hay ninguna referida a las casonas ubicadas en Benito Blanco a la altura del 611 y Vázquez Ledesma. "La Intendencia no ha hecho caso a nuestras denuncias sobre robos, basuras y ratas generadas por los ocupantes de las casonas", dijo el vecino Daniel Abreu.

A fines del año pasado, el tema se trató en el Consejo Municipal CH. Allí se mencionó que los propietarios de las fincas las iban a demoler para construir un estacionamiento, recordó la concejal del Partido Nacional, Matilde Rodríguez.

La concejal señaló que el Municipio CH envió comunicaciones a los dueños de la propiedad para que adoptaran alguna decisión sobre las casonas.

Andrés Vernengo, concejal colorado, dijo a El País que se pidió a la IMM que expropiara esos terrenos para ampliar el parque de Villa Biarritz o que éstos se desratizaran. "Pero no hizo nada. El lugar es una mugre y una cueva de ladrones que cometen robos" en la zona.

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