Montevideo y sus ventanas rotas

El miedo que cambió la ciudad

La convicción de que no hay lugares seguros ha producido dramáticos cambios sociales.

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Encierros: rejas, cercas, vidrios picados, púas y garitas de seguridad forman la nueva imagen de Montevideo.

Rejas por doquier, cercas electrificadas, vidrio picado, chapas, púas y garitas de seguridad forman parte del Montevideo de hoy. No solo evidencian la inseguridad, también afean una ciudad en la que la gente cada vez se aleja más de los espacios públicos.

Esta semana fue presentado en la Facultad de Arquitectura el libro "Montevideo y el Grupo de Estudios Urbanos, la reivindicación de la ciudad", que toma como fundamento la actuación de un equipo multidisciplinario conformado a mediados de la década de 1980 para pensar soluciones a los problemas urbanísticos y sociales que se planteaban en la ciudad.

El trabajo fue presentado originalmente para el llamado "Premio Villamajó" y fue realizado por tres personas, contando con otros aportes y visiones como la del arquitecto Mariano Arana, dos veces intendente y hoy legislador departamental de Montevideo.

Espacios Reservados: en pleno Centro, los espacios públicos han sido tomados por personas en situación de calle.
Espacios Reservados: en pleno Centro, los espacios públicos han sido tomados por personas en situación de calle.

Hoy, muchos "males" que diagnosticó aquel grupo de trabajo son una patología enquistada en el tejido urbano.

"La ciudad tiene miedo de sí misma. Los ciudadanos, particularmente del área metropolitana temen y evitan el contacto casual. Se toman precauciones para pasear, para circular por ciertas calles, para permanecer en las veredas, para estar en la ciudad. Bajo la convicción de que no hay lugares seguros, el ciudadano termina por recluirse en su ámbito privado. Y por esa razón se evita el contacto con lo desconocido, se desconfía de la diversidad. La diferencia comienza a ser un problema", advierte el trabajo firmado por los arquitectos Fernando Giordano y Andrés Mazzini Casatroja, y por el sociólogo Gustavo Leal.

"Es un proceso de fragmentación social que revierte en el espacio público, que tiende a separar, a segregar, a dividir, como contraparte de todo lo que tradicionalmente han sido lugares de encuentro", declaró a El País el arquitecto Giordano.

El trabajo advierte que el elemento central que afianza y acrecienta este distanciamiento es el "miedo al otro", al "diferente".

Otros tiempos: las veredas eran plazas de convivencia, juegos, comunicación e interrelación entre los barrios.
Otros tiempos: las veredas eran plazas de convivencia, juegos, comunicación e interrelación entre los barrios.

Espacios hostiles.

Los autores advierten que los espacios públicos como ámbitos de interrelación y de encuentro se han "debilitado", en ocasiones de un modo alarmante.

"La vereda, la plaza de de-portes, el campito como ámbi-to de juegos callejeros, fomen-taban la mezcla y el intercam-bio de grupos de origen social diverso y personalizaban los vínculos", dice uno de los expertos citados en el estudio, Marcelo Viñar.

"Hoy, esos mismos espacios urbanos son hostiles y peligrosos", agrega Viñar. "Lo que antes convocaba, hoy promueve la evitación o la huida. También el televisor y la computadora llevan al repliegue hogareño o doméstico como lugar de esparcimiento y eso acentúa desde edad temprana la segregación por estratos sociales. La ciudad crece y el vecino es cada más un extraño y menos un prójimo o semejante."

Giordano entiende que se trata de un tema "central" en el Montevideo actual. Y que como tal, debería estar sobre el escritorio de las autoridades.

"Hay degradaciones que van desde la vivienda individual hasta los conjuntos habitacionales y las cooperativas que se encierran. Es un tema dramático, creo que es el tema de la ciudad de Montevideo de estas últimas décadas. Es un asunto complejo, causa y consecuencia, de una fragmentación social y cultural. La ciudad debería tener su foco en eso, y no es un tema que haya estado presente en la agenda, en los medios", opinó el experto.

"En la medida que el espacio público empieza a perder calidad, empieza a ser tierra de nadie, expulsa gente. Es un círculo vicioso, como lo de los basurales, que aparece una basurita y después empieza a crecer", añadió Giordano.

Las nuevas "plazas".

Otro de los autores citados en el texto, el profesor Gustavo Remedi, señala sobre los cambios de las ciudades en las últimas décadas que "de entre todas estas transformaciones, quizás la más notable, dramática y emblemática sea la modificación sustancial del espacio social a causa de la apropiación del espacio público a manos privadas".

El artículo intenta evocar mediante la metáfora del "asalto", por parte del interés privado, la sustracción de las tradicionales actividades que albergaron la plaza y la calle, para localizarlas en los shoppings, en las "plazas de comidas", los "paseos de compras" y las "grandes superficies" comerciales.

También señala que el "vaciamiento" producido en las calles tiende a reducirlas a una función puramente circulatoria. Y admite que las ancestrales formas de comunicación presencial, "cara a cara", se han ido sustituyendo en buena medida por el "encuentro virtual" en redes sociales y teléfonos móviles.

"Montevideos".

Al menos tres "ciudades" pueden distinguirse en el Montevideo actual, con referencias distintivas y signos evidentes de mutuo rechazo, se señala en el libro:

1) El "Montevideo excluido", consolidado luego de tres o cuatro generaciones de pobreza extrema, con edades más jóvenes que el promedio, concentrado en la zona oeste y noreste de la capital, abarca entre el 10 y el 15% del total de la población. Sus habitantes tienen un muy bajo nivel educativo".

2) El "Montevideo vulnerable", constituido por los sectores de trabajadores y clases medias; es la expresión más cabal del entramado barrial policlasista. Puede considerarse socialmente integrado pero cuenta con tensiones que ponen en riesgo esta vocación. Un grupo de ellos resulta muy vulnerable a los cambios cíclicos de la economía y fue duramente golpeado por la crisis del año 2002. Posteriormente, buena parte de ellos se ha beneficiado del crecimiento económico, de las nuevas políticas laborales y salariales, y mantiene una voluntad consistente de adherir a las pautas de convivencia. Afectados seriamente por los niveles de inseguridad, se protegen con sucesivas barreras físicas de los "excluidos" y refuerzan sus estigmas.

También es posible distinguir en esta ciudad a sectores medios, profesionales, pequeños comerciantes y propietarios, que en términos generales participan del desarrollo económico. Con un creciente nivel de consumo, tienden a exiliarse de ciertos servicios públicos.

A nivel de la educación en particular, en la enseñanza secundaria, existe un marcado interés por retirar a sus hijos de los liceos. En el imaginario, esos ya no son lugares razonablemente amigables, seguros y con valores acordes a los que se desea mantener.

3) El "Montevideo próspero". Históricamente, la élite económica en el Uruguay ha mantenido un bajo perfil, pero desde hace al menos una década, se segrega social y territorialmente. Crecientemente, sus integrantes se movilizan en sus entornos inmediatos; el resto de la ciudad es para ellos un entorno hostil.

Almacenes, delitos yplazas pauperizadas.

El fenómeno de vaciamiento de los espacios públicos obedece, de acuerdo con los autores del estudio, a un conjunto de factores confluyentes. Entre ellos, el libro La reivindicación de la ciudad menciona el desplazamiento de parte del comercio tradicional a las "grandes superficies", que se aceleró a partir de mediados de los años 90. Con ello disminuyó el número de almacenes de barrio, rompiéndose los vínculos amigables con el vecindario y su rol socializador. Junto con el aumento de los delitos y su expansión a territorios que antes aparecían más seguros, los autores también señalan, "el incremento ostensible de la presencia de personas en situación de calle que pernoctan o viven en parques y plazas", y el "insuficiente mantenimiento de veredas y mobiliario urbano".

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