SERGIO ABREU

"Los mercados mueven la producción y el empleo"

El excanciller y exsenador Sergio Abreu afirmó que si se firma un acuerdo entre América Latina, especialmente el Mercosur, y la Unión Europea, debe interpretarse como una señal política para que Brasil no sea un obstáculo para que sus socios se relacionen unilateralmente.

Abreu: “Hasta ahora el Mercosur funcionó como un bloque comercial de utilería”. A. Colmegna
Abreu: “Hasta ahora el Mercosur funcionó como un bloque comercial de utilería”. A. Colmegna

“Para negociar hay que tener en cuenta la asimetría: los intereses de los países desarrollados son distintos a aquellos en vías de desarrollo”, dijo.

Fue ministro de Relaciones Exteriores entre 1993 y 1995, en pleno gobierno del Partido Nacional con Luis Alberto Lacalle en la Presidencia. Años después, entre 2000 y 2002 lo convocó el Partido Colorado para que condujera el ministerio de Industria, Energía y Minería de la administración del presidente Jorge Batlle. Sergio Abreu, abogado y exsenador, es experto en relaciones comerciales y ha desarrollado una amplia visión estratégica y política del comercio mundial.

—¿Qué valor le asigna al acuerdo que se negocia entre el Mercosur y la Unión Europea?

—Alto valor. Actualmente se negocia un acuerdo de asociación estratégica con la Unión Europea (UE) de base comercial, aunque incluye un diálogo político y temas de cooperación. La Unión Europea es el destino de aproximadamente el 20% de las exportaciones del Mercosur al mundo. Los productos de la cadena agroindustrial llegan al 60% de las exportaciones del Mercosur a Europa. Se perfila un nuevo escenario comercial.

Los dos tercios del comercio mundial se realizan intrafirma, el 60% de los bienes que se exportan son actualmente semi terminados. Las cadenas de producción y de valor agregado se desarrollan en distintos mercados teniendo recursos naturales, costos de producción y los mercados con mayor demanda. En este escenario, tenemos que ubicar los acuerdos comerciales de la Unión Europea con América Latina, y en especial con el Mercosur.

—¿En ese marco cómo ve las negociaciones que se llevan adelante?

—Todas las negociaciones se desarrollan en medio de una crisis del sistema multilateral de comercio, es decir de la Organización Mundial del Comercio. La OMC es la que habilita acordar zonas de libre comercio, uniones aduaneras como excepción a la cláusula de nación más favorecida. Sin embargo, China, principal exportador de bienes del mundo y el tercer exportador de servicios, no participa activamente en el sistema multilateral.

—¿Y cómo se puede negociar con intereses diferentes entre unos y otros países?

—La apertura es un hecho irreversible que se debe negociar bajo el principio de la asimetría, es decir, teniendo en cuenta que los intereses de los países desarrollados son distintos a los de los países en vías de desarrollo.

La UE y el Mercosur no han podido concretar un TLC desde hace décadas. ¿Cuál es el problema? La agenda. La agenda está relacionada con la inversión extranjera directa, el desarrollo sustentable, la propiedad intelectual, las reservas alimentarias y los recursos naturales de los países del Mercosur.

El acceso a los mercados es el motor de la producción y del empleo. Por eso la apertura es para todos y no solo para unos países o para determinados sectores de la economía. En el caso del Mercosur nuestra prioridad sigue relacionando la producción con el acceso al mercado agrícola como la carne en el caso del Uruguay.

—¿Es partidario de una negociación sobre la base de cupos fijos?

—En principio, no deberían existir cupos en el comercio internacional. En el caso del Uruguay, nuestra exportación de carne tendría tres vertientes, una la cuota Hilton negociada en la OMC distribuida entre varios países, otra es la cuota 481, un beneficio lateral y temporal que estamos utilizando por la compensación que la Unión Europea le hizo a los Estados Unidos por el caso de las hormonas, y la tercera el cupo de carne que se nos concedería. Ahora serían unas 90.000 toneladas sin entrar en aspectos técnicos. Este tercer cupo con Europa sería el único que estaría regulado por el Tratado con la UE.

Los países europeos se benefician con Tratados de Inversión y doble tributación que hemos firmado. Pero el bloque tiene que reconocer la asimetría existente y una estructura productiva diferencial, reservas alimentarias y recursos naturales esenciales para el futuro de la población.

—¿Es decisivo para usted que la región suscriba un acuerdo con la Unión Europea?

—Es muy importante firmar un acuerdo con la Unión Europea, que no es lo mismo que firmar cualquier acuerdo. La Unión Europea necesita emitir una señal política ante las dificultades del Brexit y el resurgimiento de bolsones de nacionalismo en muchos de sus países centrales. Esa señal es tanto hacia adentro como hacia afuera. También lo tiene que hacer el Mercosur que hasta ahora ha funcionado como un bloque comercial de utilería.

Si se firma el acuerdo con la UE también tiene que ser una señal política que involucre al Brasil, que debe atarse a las obligaciones del bloque y no reducirse a ser un obstáculo para que sus socios se relacionen en forma unilateral. Eso va a contribuir a que nuestro bloque pueda tener una expresión de una incipiente disciplina hacia afuera. Si esto no se logra, el Mercosur seguirá siendo un proyecto de integración inconsistente.

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