SEGUIRÁN AGUANTANDO EL MOSTRADOR

Llegó al fin de otro viaje el Expreso de Pocitos

El Café y Bar nació hace 106 años pero está en su actual local desde mediados de la década de 1930.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cerrará sus puertas por cerca de un mes pero no se irá del barrio. Foto: archivo El País

Mañana cerrará sus puertas el Expreso Pocitos, un clásico Café y Bar que fue inaugurado el 10 de enero de 1910, aunque no en la esquina en donde hoy está emplazado, Benito Blanco y Avenida Brasil, sino en la vereda opuesta.

Sin embargo no será el fin de otra reliquia de Montevideo sino un paréntesis para el desarrollo de obras que podrían durar un mes. Después volverá a levantar las persianas manteniendo el nombre y con una integración de socios diversa.

Edelmiro Costa, de Aragón, fue el primer dueño y quien bautizó el negocio inspirado en el cartel de los tranvías de la línea 31 que llegaban a la terminal de Pocitos, muy próxima al bar, a unos cien metros, (en Avenida Brasil entre Benito Blanco y la Rambla).

A mediados de la década del 1930, al inaugurarse el edificio El Mástil, pasó a instalarse en su planta baja, en donde perdura hasta la actualidad.

La edificación en su conjunto es Patrimonio Histórico Nacional, y expresa gran modernidad, un estilo art decó, con un diseño náutico de los arquitectos Gonzalo Vázquez Barriere y Rafael Ruano que lo volvió un emblema del barrio no bien terminó de construirse.

Propietarios.

A lo largo de 106 años, el Expreso Pocitos tuvo tres propietarios. Los hermanos Carrera lo compraron a Costa, y desde hace más de tres décadas está al frente Manuel Ramos, un coruñés que llegó a Montevideo en 1962, cuando tenía 19 años de edad.

Además de estar vinculado al mundo empresario, Ramos ha participado en el del fútbol (en el club Nacional) y ha sido presidente reelecto de Casa de Galicia.

Junto a millares de clientes anónimos, muchísimos de los cuales eran y son parroquianos del día a día, en el viejo Expreso Pocitos cantó Gardel, y reconocidos políticos también ayudaron a darle fama. Lo consideraron su "templo" o centro social para largas charlas desde jueces de la Suprema Corte hasta periodistas o deportistas.

Durante 37 años Ramos ha visto pasar a mucha gente pero siempre declaró que por las mesas y el mostrador ha desfilado una clientela variopinta, sea que se hable de fútbol, política o religión.

Como declaró en algunas entrevistas Manuel Ramos, el Expreso es una institución dentro de la sociedad. Allí se presentaron libros y no faltaron las voces de ex presidentes, desde José Batlle y Ordóñez a Luis Alberto Lacalle.

Más de cien personas frecuentan el bar por día, aun en feriados, cuando locales de su ramo mantienen bajas las cortinas y las sillas descansando encima de las mesas.

En los inicios, el Expreso era más bien una especie de almacén, con una oferta principal fiambres y bebidas. Algo así como una escapada de la playa para los hombres.

En una edición de El País Viajes —que puede rastrearse en internet— se recuerda que "resulta probable que en su construcción (la del edificio El Mástil) ya se hubiese pensado en una confitería con dos o tres locales por la calle Benito Blanco y uno sobre Avenida Brasil que durante años lo ocupó una farmacia".

En cuanto a la parte del bar se agrega que el almacén sobre la izquierda y su sótano sí parecen haber sido acoplados posteriormente con la unión de alguno de estos locales vecinos por la calle Benito Blanco".

Postal digital.

Sobre la confitería y bar Expreso Pocitos, en el mismo texto se narra que por fuera había una terraza al aire libre, "enmarcada con un murete perimetral bajo y un alero que conformaba la estructura del edificio". Enfrente, por Benito Blanco, estaba la clásica estación de servicio Esso, con forma de casa y techo a dos aguas.

Al costado de la entrada de Avenida Brasil, sobre la terraza, un ventanal de buen tamaño y espesor le daba luz al salón de la confitería y la barra del bar.

"Una estantería que bordeaba el salón tenía botellas de bebidas espirituosas, sobre todo de cerámica esmaltada, de ésas que hoy valen fortunas dentro del coleccionismo", y en el centro del mismo había una vitrina cuadrada de no más de un metro por lado, "también llena de bebidas y algunas latas de ´ultramarinos´ importadas", rememora el cronista Alberto Moroy.

La barra era de mármol, curva. Hacia la izquierda, una máquina de hacer café que parecía de la revolución industrial, chiflaba y tiraba vapor como una locomotora. Sobre el mismo costado, casi enfrentando la caja, estaba la única puerta sobre este sector, la otra se hallaba en la sección almacén. Por la década de 1980, el Expreso ya había sido reciclado.

Renovación en esquina de famosos parroquianos

En el antiguo Expreso Pocitos, las mesas eran redondas y muy pesadas, con mantel y vidrio encima. Las sillas eran butacas con resortes y tapizadas en cuero verde oscuro o marrón. Por la década de 1980 hubo un reciclaje que lo emparentó con los bares tradicionales en cuanto al diseño, pero sus visitantes le siguieron dando un aire singularísimo.

"El Expreso es un lugar de encuentro y de referencia. Toda la vida vinieron políticos e inclusive algunos piden el anexo para reuniones. No tenemos preferencia, somos realmente laicos, no me importa de que partido político sean, o si son de Peñarol o Nacional. Tratamos por igual a los famosos y a la gente común", afirmaba Manuel Ramos en tiempos de celebrarse el centenario del bar.

El edificio El Mástil, en donde el Expreso ocupa la planta baja, generó —al inaugurarse a mediados de 1930—, una revolución arquitectónica en el barrio Pocitos, en donde las líneas de construcción eran de baja altura. Es bien patrimonial.

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