ASALTO EN MONTEVIDEO

Toma de rehén en la joyería: "Le dije al negociador que prefería morir a ir preso"

Nicolás D., el rapiñero que tomó de rehén a la dueña de una joyería el 18 de noviembre pasado, dijo a uno de los negociadores que “prefería matarse antes de caer preso”.

El intento de rapiña a una joyería y la posterior toma de una rehén tuvo en vilo a la plana mayor del Ministerio del Interior por 9 horas. Foto: Fernando Ponzetto
El intento de rapiña a una joyería y la posterior toma de una rehén tuvo en vilo a la plana mayor del Ministerio del Interior por 9 horas. Foto: Fernando Ponzetto

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Eran las 16:00 horas del 18 de noviembre cuando Nicolás D. salió de su casa. Se subió a un taxi en las inmediaciones de las avenidas Burgues y San Martín, y este lo trasladó hacia el Centro de Montevideo. En el camino iba mirando los comercios como un león al acecho de su presa. Tenía que elegir uno y asaltarlo.

Precisaba dinero urgente. Con la pandemia, todos sus ingresos como reparador de celulares, una tarea que hacía para varios locales, había mermado enormemente.

Nicolás D. iba calmo en el asiento trasero del vehículo. En un momento pidió para descender en la esquina de Colonia y Vázquez. Pagó el viaje y haciendo gala de su educación le dijo al taxista: “Que tenga una buena jornada”.

Caminó unos metros hacia la joyería Port. Ingresó y pidió a la propietaria, de 74 años, que le permitiera ver algunas alianzas. “Yo tenía intenciones de llevarme algún dinero; llevaba un arma”, explicó horas más tarde a la fiscal del caso, Adriana Costa.

El revolver era un Magnum calibre 3.57, según él con cuatro balas más pequeñas de las que debería haber tenido. De ser verdad tal extremo, esa arma no podía disparar.

Según su versión, le compró la Magnum a un conocido en la feria Tristán Narvaja. Le entregó a cambio $ 20.000. Quedaron en que luego le daría $ 15.000 más al momento de llevarse las balas.

Se entregó el delincuente que tomó de rehén a dueña de una joyería del Centro. Foto: Fernando Ponzetto.
Se entregó el delincuente que tomó de rehén a dueña de una joyería del Centro. Foto: Fernando Ponzetto.

Luego de observar los anillos, Nicolás D. levantó la mirada y le dijo a la comerciante: “Estoy desesperado. Tengo un problema personal y necesito US$ 10.000”.

La joyera le trasmitió que no tenía dinero en el comercio. Le pidió a Nicolás D. que le permitiera llamar a su hijo que posee un negocio a pocos metros de la joyería. El asaltante accedió. A los pocos minutos, el hijo de la comerciante ingresó en el local.

-No vengo a robar, vengo a pedir- le dijo Nicolás D. mientras mostraba su revolver.

El hijo de la dueña se puso muy nervioso. Temía por la vida de su madre, aunque Nicolás D. no había realizado amenazas de muerte.

Copamiento con toma de rehén en joyería del centro de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto
Copamiento con toma de rehén en joyería del centro de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto

-Acá no tenemos dinero- le explicó el hombre al rapiñero. Llévese anillos y collares.

-Yo preciso una suma de dinero en efectivo y no joyas. Tienen secuestrado a mi hijo en el Chuy- explicó Nicolás D.

-Voy hasta el banco y le traigo el dinero que pueda sacar- le propuso el hijo de la dueña de la joyería.

-Cuando vuelva a trabajar le devuelvo ese dinero en poco tiempo. Voy a venir con la cara descubierta y le voy a entregar esa plata- prometió Nicolás D. El comerciante salió a la calle. Fue a una sucursal bancaria cercana y retiró US$ 3.200.

Cuando regresó con el dinero, frente a la joyería se encontraba un móvil policial que cortaba el tránsito de la calle Colonia. Al ver al Policía afuera, Nicolás D. se molestó. Llamó al hijo de la dueña y le dijo que lo había traicionado.

La negociación.

Dentro del comercio y con un gran operativo montado afuera, Nicolás D. se puso nervioso. Sabía que ya no obtendría dinero ni podía irse de la joyería. Estaba rodeado.

En ese momento llegó el negociador de la Guardia Republicana y le pidió a Nicolás D. que liberase a la rehén, a lo que él le respondió: “Vine a esta joyería porque estaba sufriendo una desesperación. Estoy mal desde hace unos meses. Todo para atrás”. Y luego empezó a develar su verdadero drama: cuentas del alquiler de su casa sin pagar, su familia no tenía ni ropa para ponerse, que le habían cortado la luz y el agua, y que a duras penas podía pagar la comida para su pareja y sus cuatro hijos.

El negociador trató todo el tiempo que el rapiñero se mantuviera calmo, lo escuchó y le mostró atención a cada línea de su relato.

Copamiento con toma de rehén en joyería del centro de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Nicolás D. le dijo: “Si en algún momento voy a disparar el arma, lo hago contra mí. Tengo ganas de morirme antes de caer preso”. Luego se dirigió a la rehén: “Usted quédese tranquila que no voy a disparar el arma”.

El negociador insistía en que Nicolás D. dejase salir a la comerciante. Éste le respondió: “Si dejo salir a la señora no soluciono nada, ya estoy preso”.

Nicolás D. vio que el cerco policial se alejaba en un momento que los policías se acercaron para dejar alimentos y medicamentos para la joyera, de la que el negociador había escuchado su voz en un principio, pero ya no.

Tarde en la noche, Nicolás D. recibió llamadas telefónicas de su hermana, su abogado y su actual pareja, quienes le pidieron que se entregara.

Nicolás D. le pidió “mil perdones” a la comerciante por lo que le había hecho. Ella le dijo: “Usted tiene a sus hijos, piense en ello”.

El negociador le explicó los pasos a seguir: debía dejar salir a la joyera, entregar el arma y tirarse al piso. Nicolás D. así lo hizo.

Y, después de nueve horas, la rapiña con secuestro finalizó sin que se disparara un solo tiro y con la comerciante intacta.

Pasó a forense y lo procesaron por rapiña

Al día siguiente del copamiento en la joyería, se realizó la audiencia de control de detención de Nicolás D. En esa instancia, la abogada del detenido, María del Carmen Dávila, pidió a la jueza Diovanet Olivera que Nicolás D. pase a forense por los golpes recibidos en la detención. “Tiene un corte importante en la nariz, le tiraron los dedos meñiques hacia atrás, sufrió una patada en un riñón y el tobillo de una pierna fue lesionado por un pisotón”, dijo la profesional a El País. La magistrada accedió al pedido. En otra audiencia, Nicolás D. fue procesado por tentativa de rapiña y privación de libertad. Tenía dos antecedentes penales por receptación y uno por violencia privada.

Un intento de suicidio frustrado en la rambla.

El 16 de noviembre pasado, dos días antes del asalto a la joyería del centro de Montevideo con la toma de una rehén, el técnico en celulares Nicolás D. fue a la rambla con su revólver Magnum con la intención de suicidarse. “Ya había agotado todas las salidas. No tenía soluciones. No tenía más trabajo ni dinero para cubrir todo lo que se me había sumado y sumado. Pero pensé que si me mataba dejaba solos a mis hijos. Entonces dije: ‘pruebo con un delito y si me sale bien capaz que me recupero. Y si sale mal afrontaré las consecuencias’”, explicó en la Fiscalía.

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