JUSTICIA

Sufría dolor de garganta y casi termina ciego

Un paciente alérgico a la penicilina reclama indemnización.

El paciente demandó a un centro asistencial fernandino por una supuesta mala praxis y demoras en la atención médica. Foto: AFP.
El paciente demandó a un centro asistencial fernandino por una supuesta mala praxis y demoras en la atención médica. Foto: AFP.

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En 2013, Edmundo F. concurrió a una policlínica de una mutualista de Maldonado a consultar por un dolor de garganta. Pese a haber advertido verbalmente a los médicos y al personal de enfermería que es alérgico a la penicilina (y pese a que en su historia clínica también lo decía), le administraron amoxidal.

La amoxilina es un antibiótico semisintético derivado de la penicilina. Poco días después, Edmundo F. sufrió el Síndrome de Stevens Johnson (SSJ). Se trata de una dermatosis potencialmente fatal caracterizada por la muerte de la células de la piel y la sequedad de todas las mucosas del cuerpo. El grado de mortalidad de ese síndrome es de un 30%.

“En Edmundo F. la enfermedad dejó graves secuelas”, dice la demanda civil presentada contra el centro asistencial, a la que accedió El País.

Daniel Burgos y Martín Etcheverry, abogados demandantes, dijeron a El País que se pide una indemnización de US$ 500.000 por daños y perjuicios a Edmundo F. y a su pareja.

Dolor

El Síndrome de Stevens Johnson hace que surjan síntomas que pueden ir desde una urticaria generalizada en el cuerpo hasta, en situaciones graves como ocurrió con Edmundo, reaccionar como si se estuviera quemando de adentro hacia afuera; se cae la piel en capas, las pestañas se invierten hasta el ojo, se afectan mucosidades, el sistema respiratorio y es necesario encontrar atención médica urgentemente.

La demanda advierte que Edmundo F. “no fue atendido a tiempo” de estos síntomas de tipo ocular -inicialmente solo se le administraron gotas lubricantes-, ya que recibió tratamiento contra el síndrome “recién varios días después” y cuando ya “sufría daños irreversibles”.

Las gotas lubricantes que le administraron a Edmundo están indicadas para alivio temporario del ardor e irritación provocadas por la sequedad ocular o del malestar causado por irritaciones leves de ojo o por exposición al viento o sol.

“Ello resulta evidentemente insuficiente para la situación de Edmundo y determinó más adelante que se reviera por otro oftalmólogo la medicación, cambiándola y ampliándola”, señala el escrito presentado ante la Justicia de Maldonado por los abogados.

Durante los primeros días de internación, la piel del paciente fue perdiéndose al igual que la afectada por una quemadura total del cuerpo, lo mismo que las mucosas y tejido conjuntivo alrededor de los ojos y capa externa de los mismos.

“El actor (Edmundo F.) no recibió la atención adecuada de un oftalmólogo”, señala la demanda. Ello le produjo lesiones que pudieron haberse previsto para disminuir las secuelas resultantes, como una úlcera en el cristalino -estructura del ojo humano con forma de lente biconvexa que permite enfocar objetos situados a diferentes distancias- y cicatrices en la conjuntiva que pegan los párpados al globo ocular dificultando el movimiento, agrega el documento.

En lugar de las gotitas oculares, el paciente debió ser atendido con lubricantes y antibióticos tópicos libres de conservador, insiste la demanda. Si existe una progresión significativa de la inflamación en el transcurso de 24 horas, deberán agregarse esteroides tópicos para reducir la inflamación, la cual si no es tratada puede llevar a deformidades palpebrales, señala la demanda citando a la Guía de Referencia Rápida del Síndrome de Stevens Johnson publicada por el gobierno de México.

“A la salida del sanatorio, la enfermedad había dejado a un paciente sin uñas, con la vista totalmente borrosa, con irritación permanente en la vista, con hipersensibilidad a la luz, la piel del cuerpo y manos siguiendo un proceso de recambio doloroso llegando incluso a desprenderse totalmente la piel de la planta de los pies”, dice la demanda.

A raíz de esos errores de tratamiento, agrega la demanda, Edmundo “ha perdido casi la vista” y debe ser sometido a tratamientos permanentes e intervenciones quirúrgicas.

Y advierte que las consecuencias de la enfermedad provocada por la “mala praxis” fueron devastadores para el demandante, cuya profesión de técnico instalador sanitario y de ayudante de arquitecto resultaron imposibles de ejercer dado el daño sufrido a sus ojos.

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