JUICIO POR HOMICIDIO CON ODIO POR GÉNERO

La mataron con 50 puñaladas: “Me drogo y hago cagadas”

El fiscal de Delitos Sexuales de 2° Turno, Raúl Iglesias, pedirá pena máxima en juicio por el crimen de mujer trans en 2018.

Policía científica. Foto: Gerardo Pérez - Archivo El País.
Los homicidas de Fanny en ningún momento mostraron empatía por ella o arrepentimiento por su asesinato. Foto: Gerardo Pérez - Archivo El País.

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Al mediodía del 15 de noviembre de 2018, Rubén B., de 36 años, se droga con pasta base en la zona de Piedras Blancas. Hace dos días que consume en forma ininterrumpida esa droga y marihuana en las inmediaciones de las calles Jorge Pacheco y José Belloni.

Rubén ve acercarse a un joven desconocido caminando hacia él. El recién llegado se sienta a su lado. “¿Me dejás fumar?”, pregunta William I., de 21 años.

Rubén accede. Después, William le pide que lo acompañe a la casa de su mujer, que le dará unos pesos para seguir drogándose. A metros de donde se encuentran hay una parada de taxis. Se suben a uno. William da la dirección de la casa de su pareja, en la calle Cufré (Cordón Norte). Al bajarse del taxi, William le dice a Rubén: “A mi mujer decile que soy tu primo”.

A las 13:40 horas de ese día, William toca el timbre. Pero su pareja, una mujer transexual de 37 años, Fanny A., no se encuentra en el apartamento. Como William no tiene llaves, ambos hombres esperan en la puerta del edificio. Mientras tanto, el taxi aguarda a metros del lugar a efectos de que se le abone por el viaje realizado desde Piedras Blancas.

Cerca de las 14:00 horas, Fanny regresa al edificio y sube a su apartamento. Y minutos más tarde lo hacen William y Rubén.

Una vez dentro del apartamento, se produce violencia y gritos que alertan a los vecinos, quienes llaman al 911 solicitando la presencia de la Policía.

William toma un cuchillo de cocina y le asesta 50 puñaladas en el cuerpo y en el rostro a Fanny.

Según la Fiscalía, el ataque de los dos hombres a la mujer trans no solo tuvo fines de robo. “Como un acto de discriminación por la orientación sexual e identidad de género de la misma, y también por motivos de odio, desprecio y menosprecio hacia ella, le dieron muerte con un cuchillo de cocina de aproximadamente 20 centímetros de hoja”, dice el pedido de procesamiento de los dos asesinos al que accedió El País.

Y agrega: “La víctima recibió múltiples puñaladas provocándole cortes en su cara, cabeza, cuello, e inclusive se relevan heridas corto punzantes en la espalda, lesiones en venas yugulares, todas las que determinaron su muerte”.

Policía científica. Foto: Gerardo Pérez - Archivo El País.
Los dos homicidas aguardan el juicio en prisión. Foto: Gerardo Pérez - Archivo El País.

La huida.

Tras el crimen, Rubén B. intenta retirarse del edificio dejando huellas y sangre en el sistema de seguridad de la puerta, ya que no podía salir. Logra escapar a la calle gracias a una vecina que le franquea la salida.

Rubén se dirige al taxi, que aún lo esperaba, solicitando que lo lleve al barrio Piedras Blancas.

Al ver que Rubén tiene sangre en su mano, el taxista se niega a realizar el servicio y se retira del lugar, sin siquiera solicitarle el pago del viaje adeudado. Tras alejarse el taxi, Rubén se pierde de vista.

En el apartamento, William observa a su pareja caída en el suelo. Luego se dirige al dormitorio a buscar objetos de valor. Minutos más tarde, el asesino baja por el ascensor del edificio llevando una garrafa de 13 kilos, un morral con dinero y tarjetas de débito que pertenecían a Fanny.

Al llegar a la calle, William es detenido por dos policías que habían dado respuesta a la llamada efectuada por los vecinos minutos antes.

Ambos funcionarios suben al apartamento de la víctima. Encuentran a Fanny en el piso del baño, sin signos vitales, con una gran cantidad de heridas en su cuerpo. También observan un gran desorden en el apartamento.

“Cuando me drogo”.

A otros policías, William les dijo que hacía un mes que convivía con Fanny, a quien había conocido en la explanada de la Intendencia de Montevideo.

Negó haber mantenido discusiones con la víctima el día anterior a su asesinato. “Me fui de mañana (del apartamento de Fanny) con plata. Yo no lo odiaba, no estaba enojado con él (sic). No lo consideraba mi pareja, era trans”, dijo William. Luego reconoció que la relación con Fanny le generó conflictos internos. Después confesó: “Yo sé que cuando consumo drogas me da por hacer cagadas”.

Siguiendo con la investigación, la Policía captura a Rubén B., quien se había retirado primero del edificio.

Tras ser procesados en 2018, los dos homicidas aguardan el juicio en prisión. El proceso se atrasó por la pandemia. Cuando se levante la feria judicial, la jueza en lo Penal de 4º Turno, Laura Sunhary, ordenará la realización de la primera audiencia por el caso.

En esta instancia, el fiscal de Delitos Sexuales de 2° Turno, Raúl Iglesias, pedirá a la jueza que condene a ambos asesinos por un delito de autoría de homicidio muy especialmente agravado (ver nota aparte).

Iglesias solicitará a Sunhary la pena máxima (30 años) de penitenciaría para William, la pareja de Fanny, y 28 años para Rubén.

“Hubo un plus de agresividad por orientación sexual de la víctima”

En su fundamento para la acusación, la Fiscalía de Delitos Sexuales de 2° Turno consideró que ambos imputados cometieron el homicidio de la mujer trans, Fanny A., para robar, pero a su vez fueron impulsados por “un plus de agresividad” para matar a la víctima por razón de “su orientación sexual o identidad de género”, sumado a su condición de mujer, por “razones de odio, desprecio o menosprecio”.

Fanny era una mujer trans de 37 años. Fue asesinada por dos hombres, siendo uno de ellos su pareja. “Fue víctima de violencia de género de manos de un hombre en quien ella confió y le abrió las puertas de su casa”, dice el pedido de procesamiento de los asesinos. Y advierte que Fanny se identificaba como mujer y así edificó su plan de vida y su cotidianidad. “La ferocidad del ataque hacia Fanny se centró en aspectos adoptados por la misma como femeninos (heridas que fueron provocadas en cara, cuello, cabeza, espalda, etc.), teniendo un claro contenido de odio hacia la identidad de género de la víctima, tanto por su condición de transexual así como por su condición de mujer”, agrega la Fiscalía.

Y advierte que siendo los autores del delito dos hombres y la víctima una mujer, corresponde encuadrar también su conducta violenta y sexista en el femicidio.

Historias cruzadas de los dos criminales

Lo único que unía a los dos asesinos de la mujer transexual Fanny A., de 37 años, era su adicción a las drogas. Después, las vidas de los dos hombres no tenían ningún punto de contacto. La pareja de Fanny, William I., proviene de una familia integrada por ambos padres y cinco hermanas. Es el menor junto a su melliza. Sus padres son feriantes. Su padre se jubiló en una empresa de ómnibus. El joven cursó Primaria completa. Por sus problemas de conducta, cambió cinco veces de escuela. Abandonó los estudios al inicio del liceo. Con 15 años comenzó a fumar marihuana y con 19 a consumir pasta base de cocaína. William I. mantuvo una relación afectiva de dos años con una joven, con la cual tiene una pequeña hija. El consumo de drogas del joven rompió la pareja. William no tenía antecedentes penales. Vivía con sus padres hasta que su madre pidió una restricción judicial y debió irse de la casa. Recaló en la Ciudad Vieja. Empezó a frecuentar refugios hasta que conoció a Fanny, quien lo invitó a su apartamento.

Por su parte, el otro homicida, Rubén B., cursó hasta primero de escuela; abandonó sus estudios por negligencia familiar y desamparo. Fue criado por su madre, que ejercía la prostitución. Su padre no tuvo contacto con él ni con sus ocho hermanos. Su madre no podía hacerse cargo de sus cuidados básicos. Rubén B. dijo a la Policía que desde los seis años estuvo en situación de calle. Comenzó a delinquir desde corta edad y a consumir drogas. Ingresó en varias ocasiones a hogares del INAU y luego a cárceles para adultos. Tuvo una pareja, y de esa unión nació una niña. La relación duró poco tiempo. Está en pareja con una mujer de 37 años. Con ella tiene tres hijos, todos ellos concebidos en visitas conyugales en la cárcel. Rubén B. dijo que pasó la mayor parte de su vida preso. Solo estuvo en libertad durante dos años. En ese tiempo incendió la casa de su pareja y por ese delito volvió a la cárcel. Hoy, dijo, su vida cambió. “Ahora estoy con la Biblia, rezo, intento estar mejor”.

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