LOS HERMANOS MÁS PELIGROSOS

Homicidios, torturas y drogas en un clan familiar; detalles de la investigación detrás del "Betito" y el "Ricardito"

Luis “Betito” Suárez y Ricardo “Ricardito” Cáceres son 2 de 5 hermanos de la misma madre. Se criaron en el Cerro y desde que eran niños comenzaron a dar los primeros pasos en el mundo criminal.

“Betito” Suárez fue detenido y condenado el miércoles tras declarar ante la fiscal Ferrero. Foto: Marcelo Bonjour
“Betito” Suárez fue detenido y condenado el miércoles tras declarar ante la fiscal Ferrero. Foto: Marcelo Bonjour

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Son hermanos y forman parte de una de las bandas más crueles: la peor cara del delito. No se sabe cuántas personas perdieron la vida por no pagar sus deudas por droga, ni las que fueron asesinadas a raíz de enfrentamientos con otros grupos. Quienes los investigaron creen que son muchas. Algunas se probaron, otras no.

Luis “Betito” Suárez y Ricardo “Ricardito” Cáceres son hijos de la misma madre. Se criaron en el Cerro y desde que eran niños comenzaron a dar los primeros pasos en el mundo criminal. Hurtos, rapiñas, narcotráfico y homicidios comenzaron a integrar sus currículos.

Sin embargo, los investigadores marcan que los peligrosos hermanos tienen perfiles distintos.

“Betito”, el más grande de los dos, es un narcotraficante reservado e inteligente que, con la plata que obtiene producto de la venta de drogas, compra autos y casas lujosas, adquiere comercios y le da plata a la gente que lo rodea para generar confianza. En sus primeros pasos como criminal integró la “superbanda”, dedicada a asaltar comercios y bancos en la década de 1990.

“Ricardito”, en cambio, muestra la cara más violenta de la familia. Es quien ordena sicariatos, secuestros y mutilaciones para dejar una huella y dar un mensaje a los deudores.

El más joven de los dos está recluido en el Penal de Libertad y hace un año comenzó a ser investigado por la fiscal Mónica Ferrero y un equipo de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (Dgrtid), al ser sospechoso de comandar la banda organizada, dedicarse al negocio de droga en el Cerro desde la cárcel y lavar dinero.

Todo esto, con la ayuda de su medio hermano, “Betito”. Fuentes de la investigación aseguraron a El País que ambos delincuentes tienen su propio “modus operandi” y cada uno cuenta con un grupo distinto de personas para llevar adelante sus negocios, que están vinculados principalmente a la venta de pasta base.

Más allá de los genes, comparten algo: ambos hermanos se hicieron fuertes en la cárcel.

La familia.

“Ricardito”, aseguran fuentes que lo investigaron, es el que está rodeado de las personas más violentas y actúa con el fin de generar temor. Pero el clan delictivo abarca a más hermanos. Pablo “Pablito” Suárez, Lorena “Loly” Suárez, y “Nono” Suárez (menor de edad). Los primeros dos se encuentran en prisión por distintos delitos.

Una de las muertes que se le atribuye a este clan delictivo es la de Claudia Silvera, pareja del barrabrava de Peñarol Wellington Segade. Luego del homicidio de Segade, asesinado en un conflicto entre otras bandas, Silvera fue con un monto de dinero importante a la casa Lorena “Loly” Suárez para llevar adelante un negocio de droga.

Después de la “entrevista” salió con su auto desde el Cerro hacia su casa en el 40 Semanas. Una banda armada la sorprendió en su casa y la secuestró frente a sus hijos. Murió con un disparo en la cabeza y su auto apareció prendido fuego.

“Pablito” Suárez, uno de los hermanos del clan, fue condenado por participar del homicidio de Silvera. Por este hecho y otras tantas muertes que se le atribuyen a la banda es que, tanto el apodo “Betito” como “Ricardito” generan temor en el barrio más alto de Montevideo.

"Betito" Suárez en 2009. Foto: Archivo El País.
"Betito" Suárez en 2009. Foto: Archivo El País.

Pero lo que más preocupa de este clan es la violencia que emplean “los soldados” de “Ricardito”. Según narraron las fuentes a El País, este delincuente, tanto desde el barrio como desde la cárcel, habría estado detrás de varias extorsiones, amenazas y órdenes para “arrancar dedos, cortar orejas y lenguas, y hasta perpetrar algunos homicidios”.

El propio “Ricardito” dijo durante la requisa a su celda en el Penal de Libertad que el ordenó cortar dedos a la gente que le quedó debiendo, contaron las fuentes. Explicó que es una forma de que lo respeten y de que cuando salga de prisión tengan una “huella de él”.

La Policía ha recibido denuncias de que esta banda mutilaban personas y luego las colocaban en tarrinas. De todas maneras, las búsquedas que se hicieron en el pasado para encontrar los cuerpos no dieron resultados. “Han lastimado a mucha gente por deudas y por no hacer lo que él (“Ricardito”) dice. La gente no declara y tiene miedo; tampoco denuncia por miedo.

La mano derecha del “Ricardito” es el “Pachuli”. Este delincuente fue detenido en diciembre de 2019 y también está preso. El 4 de diciembre, en una audiencia judicial, la fiscal Mónica Ferrero relató que el “Pachuli”, auxiliado por otras personas, le cortó a una persona la falange del dedo anular usando un pelapapa y un termo como martillo. Posteriormente, otra persona tomó la oreja de la víctima con una pinza, mientras “el Pachuli” la cortaba con un cuchillo de cocina.

Un caso complejo.

Las investigaciones sobre esta banda criminal son complejas para la Fiscalía y la Policía. Las víctimas por lesiones no hacen denuncia porque saben que les puede ir peor. Además, si la denuncia se radica, también es difícil determinar que haya sido por una orden de una persona recluida, aunque todas las sospechas se inclinen hacia esa teoría.

Las muertes que ha dejado el clan familiar también trascienden generaciones. Antony Macaris era un joven de 18 años a quien señalaban como una promesa del golf. El hijo del “Betito” Suárez, “Luisito”, fue condenado a fines del año pasado a 25 años de penitenciaria por dispararle en el pecho a Macaris y quitarle la vida en mayo de 2018. El fiscal de Homicidios de ese entonces, Juan Gómez, tuvo que recurrir al testimonios de testigos de identidad protegida para demostrar que el hijo del “Betito” era el culpable. En el barrio nadie se animaba a hablar. Ahora el clan fue desarticulado.

80 detenidos y 30 formalizados.

La Fiscalía y la Policía comenzaron a investigar a Ricardo “Ricardito” Cáceres hace un año. Sospechaban que seguía liderando el comercio de la venta de droga en el Cerro desde la cárcel. A través de un minucioso trabajo de investigación se logró formalizar al delincuente por organización de delitos de narcotráfico asociados al lavado de activo. La investigación, con análisis del celular que usó en la cárcel, permitió que la Policía detuviera también a su medio hermano, Luis “Betito” Suárez, al constatarse comunicaciones entre los hermanos para comprar droga. “Betito” fue condenado a dos años y cuatro meses de cárcel. Para “Ricardito”, además, se podría ampliar la formalización por delitos de lesiones personales. En un año de investigación la Policía detuvo a más de 80 personas, de las cuales unas 30 resultaron formalizadas por formar parte de actividades de venta o traslado de droga.

Dos vidas dedicadas al delito

“Betito” Suárez y su primera vez en cárcel: cuando tenía 18 años, en 2001, Luis Suárez fue a prisión por un delito vinculado a tenencia de droga para su no consumo. Estuvo un tiempo preso. Al año siguiente volvió a la cárcel por un hurto en grado de tentativa.

“Ricardito” tiene nueve antecedentes: el hermano más violento del clan también fue a prisión con 18 años. El 26 de octubre de 2007 fue procesado por un delito de atentado. En 2009 volvió a las rejas por reiterados delitos vinculados al narcotráfico.

“Betito” Suárez a prisión por incendio: dentro de los antecedentes del “Betito”, nueve al igual que su hermano, hay rapiñas, narcotráfico, hurto, copamiento, uso de documento público falso, porte de armas e incendio. Este último fue en 2014. En todos los casos fue a la cárcel.

El día que “Ricardito” fugó y volvió a caer: en agosto de 2019 “Ricardito” se fugó del Penal de Libertad. Fue hallado en setiembre de ese año en el Cerro. Volvió a la cárcel a cumplir su pena y además se le agregó el delito de autoevasión por la fuga.

2021, cárcel para uno y más cárcel para otro: “Ricardito” ya estaba en la cárcel desde 2019. Iba a salir este año, pero ahora volvió a ser formalizado y quedará tras las rejas. “Betito”, en cambio, estaba libre desde 2018. Ahora volvió al lugar donde pasó la mayor parte de su vida.

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