A SANGRE FRÍA

Crónica de un doble crimen: "Los invitaron a un té y los ejecutaron"

Los detalles del doble homicidio, ocurrido en 2008 y que salieron a la luz en un reciente fallo del Tribunal de Apelaciones de 2° Turno, parecen salidos de una película de mafiosos.

Vista general de la rambla de Piriápolis. Foto: Ricardo Figueredo (Archivo)
Vista general de la rambla de Piriápolis. Foto: Ricardo Figueredo (Archivo)

El caso generó conmoción pública. Un armero y su hija fueron asesinados en Piriápolis y sus cuerpos encontrados en el maletero de su auto en el barrio Carrasco.

Los detalles del doble homicidio, ocurrido en 2008 y que salieron a la luz en un reciente fallo del Tribunal de Apelaciones de 2° Turno, parecen salidos de una película de mafiosos situada en las inmediaciones de una playa de la costa oeste de Estados Unidos.

El 17 de junio de 2008, Euclides Viera, quien se dedicaba a la venta y tramitación de portes de armas, fue contactado mediante llamadas de teléfonos móvil por Esteban R. y Cristian F. El armero conocía a este último porque le había gestionado un porte de armas para él y otro para su hermano. Además de ese trámite, el armero y Cristian habían iniciado tratativas para crear una empresa de seguridad, emprendimiento que no se concretó.

Cristian y Esteban idearon un plan truculento. Esteban llamó a Viera interesándose por la adquisición de cuatro pistolas, dando como explicación que era parte de una familia de cuatro hermanos que se dedicaban a la producción de arroz y que querían tenerlas por seguridad.

Esteban le solicitó a Viera que se trasladara con las armas hasta su domicilio en la ciudad de Piriápolis, hecho que ocurrió dos días después en horas de la tarde noche. Viera no sospechó lo que iban a hacerle, porque conocía a Cristian.

Antes de partir, Natalia Viera escribió el lugar de la cita a la que iría con su padre: “último anillo casa antes de las aerosillas”, garabateó.

Al atardecer del 19 de junio de 2008, Viera y Natalia se dirigieron a Piriápolis en un auto Volkswagen Santana. El armero y su hija llevaban varias armas para exhibirles a los clientes que los habían llamado.

El armero y Natalia llegaron al domicilio indicado que era habitado por Esteban, en calidad de préstamo, ubicada en el último anillo del Cerro San Antonio. Tocaron a la puerta, Esteban les abrió y los invitó a ingresar a la vivienda. El armero y su hija se sentaron de espaldas hacia una ventana que daba hacia el fondo y que tenía una cortina de color rojo.

“Mientras que Esteban se retiró hacia la cocina a preparar té para los visitantes, Cristian desde el exterior sorprendió a las víctimas, las cuales se encontraban absolutamente desprevenidas. Les disparó tres veces con un arma de fuego a través de la cortina roja que cubría la ventana que daba al fondo y estando las víctimas de espaldas a la misma”, señala el fallo del Tribunal de Apelaciones fechado el 18 de marzo de 2021. Dicha sentencia fue redactada por la ministra Gabriela Merialdo y firmada por los ministros Luis Charles y Ángel Cal.

Uno de los disparos dio en la médula espinal de la mujer y otro en su cuello causándole la muerte en forma inmediata. En tanto, el armero sufrió un impacto en el hemitórax derecho. Quedó gravemente herido.

“Cristian F., a los efectos de ultimarlo, ejecutó a Viera con un disparo directo a la cabeza ocasionándole la muerte inmediata”, agrega el fallo.

Al regresar de la cocina, Esteban cuestionó a Cristian. “Gallego, ¿qué hiciste?”, exclamó.

Cristian, que era una persona fornida y con buen manejo de armas por integrar durante tres años el Ejército español, apuntó a la cabeza de Esteban. Y así luego, amenazándolo, lo obligó a cargar los cuerpos en el maletero del auto Volkswagen Santana.

“La idea era que Cristian entrara a la casa encapuchado a rapiñar las armas del armero. Mi defendido no sabía que iba a ultimar al armero y a su hija”, dijo el abogado defensor de Esteban, Juan Barca.

A Carrasco.

Tras las muertes del armero y de su hija, Cristian y Esteban arrastraron los cuerpos hacia el baúl del auto. Luego se apoderaron de las armas que habían llevado para exhibirles y también tomaron su dinero. Ya con los cuerpos en el maletero, se dirigieron en el propio vehículo de las víctimas hacia la ciudad de Montevideo.

Conducía Cristian y Esteban ofició como acompañante. Al llegar a la zona de la calle Lombardía, en el barrio Carrasco, dejaron el auto abandonado con los cuerpos dentro. De allí se dirigieron a la Terminal Tres Cruces, donde tomaron un coche con destino a Piriápolis.

Al otro día, un vecino alertó sobre la presencia extraña de un Volkswagen Santana. Cuando los policías abrieron el maletero, encontraron los dos cuerpos. Mediante el contralor de registro del peaje Solís, los Policías supieron el recorrido realizado por el Volkswagen Santana del armero.

En tanto, otro equipo policial ingresó a la casa del armero y encontró la agenda de Natalia Viera con los datos de la ubicación de la casa de Esteban en el Cerro San Antonio. Al llegar a esta vivienda, los agentes se encontraron con las manchas de sangre, tres spray de autodefensa de los vendidos por el fallecido y una cortina de color rojo con tres orificios chamuscados por las balas.

Enfrentan penas de 25 años de prisión

El Tribunal de Apelaciones de 2° Turno confirmó la sentencia de primera instancia del Juzgado de Maldonado e imputó a Cristian F. y a Esteban R. dos homicidios muy especialmente agravados por el concurso. El Tribunal entendió que existió un plan de los imputados para ultimar al armero Euclides Viera y a su hija con el propósito de robarles armas y dinero.

En su sentencia, el Tribunal entendió que también había que incluir el agravante de la premeditación con la que actuaron los acusados. Los dos imputados enfrentan penas de 25 años de prisión por ambos crímenes.

En el caso también fueron condenadas otras cinco personas por encubrimiento y receptación, ya que compraron o se apropiaron de armas de Viera.

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