EL MISTERIOSO CASO DE JOSÉ MARÍA MORALES

Cerro Largo: hombre que desapareció murió en el lugar donde nació

La vida de José María Morales fue un círculo: estuvo desaparecido durante cuatro días tras bajarse de una ambulancia en plena ruta en Cerro Largo y fue hallado sin vida en la misma zona donde nació.

En esa zona se detuvo la ambulancia de Unem para que descendiera el jubilado José María Morales. Foto: Archivo
En esa zona se detuvo la ambulancia de Unem para que descendiera el jubilado José María Morales. Foto: Archivo

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La vida de José María Morales (72) empezó y terminó en el mismo lugar. Morales acompañó el miércoles 30 a su suegro, un retirado policial de 89 años, en el traslado en ambulancia desde la ciudad de Melo a Montevideo. El anciano debía hacerse un tratamiento para combatir una enfermedad estomacal.

Cerca del mediodía de ese miércoles, la ambulancia partió hacia a Melo. Morales, un sereno jubilado del Cementerio de la capital de Cerro Largo y bromista empedernido, hacía chanzas o conversaba con el chofer y el enfermero, a quienes conocía de tiempo atrás. Su suegro iba acostado en la camilla. En una parte del trayecto, Morales se durmió.

Eran cerca de las 18:00 horas de ese miércoles. La ambulancia circulaba sin problemas hacia Melo. A poca distancia del kilómetro 370 de la Ruta 8, Morales se despertó y se sintió mal. Se tomó el abdomen. Le pidió al chofer que detuviera la ambulancia. Incluso llegó a bromear: “Pará, o hago acá dentro”, según el testimonio que narró el suegro de Morales a sus familiares.

A la fiscal Adriana Umpiérrez, el chofer y el enfermero le declararon que observaron una conducta errática de Morales: trató de abrir la puerta lateral de la ambulancia en varias ocasiones e inclusive se sentó encima de su suegro.

El chofer detuvo la ambulancia a metros del kilómetro 370 de la Ruta 8. En ese lugar comienza un camino de balasto y a su costado hay un campo con un embarcadero de ganado.

Morales descendió de la ambulancia y, corriendo, se internó en una hilera de chircas altas, de casi un metro. El enfermero lo siguió unos metros, lo llamó por su nombre y no obtuvo respuestas. Lo vio agacharse tras las chircas. Luego lo perdió de vista.

Fiscal Adriana Umpiérrez. Foto: Archivo El País
Fiscal Adriana Umpiérrez. Foto: Archivo El País

A un centenar de metros del lugar, en dirección a Montevideo, hay una hilera de eucaliptos. No es un monte cerrado. Morales se perdió en esa dirección.

Según las conclusiones del médico forense, Morales no sufría un dolor digestivo sino un ACV que le ocasionó la rotura de una arteria meníngea ubicada en la base del cráneo.

Es normal que un ACV de ese tipo genere síntomas similares a dolencias estomacales y vómitos o que el pico de presión ocurra cuando la persona afectada duerme, según dijo una fuente médica a El País.

La hemorragia no afectó las facultades motrices de Morales. Sí le generó confusión porque esa arteria irriga esa parte del cerebro. Morales era hipertenso. Y no había llevado su medicación en el viaje.

Su esposa, Santa Aguirre, dice a El País que Morales a veces se olvidaba de tomar su medicación. Y recuerda que, años atrás, su esposo había tenido un problema motor en un brazo como consecuencia de un pico de presión generado por una elevada demanda de trabajo al acercarse el día de los muertos. Morales quiso llevarse un cigarro a la boca y no pudo.

Cerca de donde se detuvo la ambulancia, los policías no encontraron restos de materias fecales ni de vómitos.

La desaparición.

El chofer de la ambulancia esperó a Morales durante 15 minutos. Al ver que no regresaba, el conductor prendió la sirena. Luego lo llamaron por su nombre y nada. En ese momento avisaron a la Policía que había desaparecido.

Morales comenzó a caminar en dirección a Montevideo. Es probable que lo hiciera por un costado de la Ruta 8. En algún momento de su caminata, atravesó la carretera; fue de una senda a otra. Siguió caminando a campo traviesa por lo menos un kilómetro más. Se sacó el pantalón embarrado. También se quitó un buzo de lana de manga larga, el pañuelo y una campera polar.

Llegó hasta una cañada ubicada a la altura de los kilómetros 364 y 365 de la Ruta 8, y a un kilómetro de esa carretera. No logró cruzarla.

Morales caminaba en dirección a donde nació y vivió hasta su adolescencia. El lugar se conoce como “bañados de Morales”. Se trata de un paraje rural. “Antes de ser empleado municipal en el cementerio, mi esposo trabajó dos años en la estancia frente al lugar donde paró la ambulancia”, explica Santa Aguirre.

José Maria Morales. Foto: Ministerio del Interior.
José Maria Morales. Foto: Ministerio del Interior.

Y recuerda que, en un viaje que hicieron a Montevideo en ómnibus, Morales le decía cuando llegaron frente al paraje “Bañados de Morales”: “En aquella estancia vivía fulano, en aquella otra zutano. Se conocía de memoria todo el lugar”.

Fabricio Morales dice que bromeaba con su padre sobre que en el paraje rural también había nacido Juana de Ibarbourou, cuyo apellido de soltera era Juana Fernández Morales. La poetisa, en realidad, nació y vivió hasta su juventud en la ciudad de Melo.

La muerte.

A las 10:00 horas del domingo 3, el cuerpo de Morales fue encontrado dentro de una cañada por el dueño del campo. Esos días había llovido y la cañada estaba crecida y tenía corriente. Es posible que el cadáver hubiera sido arrastrado por las aguas.

Fabricio reconoció a su padre por el buzo -se lo había regalado tiempo atrás- y su calzoncillos.

Apreció que Morales tenía un corte en la frente. El dictamen fiscal determinó que el golpe no produjo ninguna lesión de entidad. La cañada tiene poca profundidad y su fondo es rocoso.

Rastrillajes durante cuatro días en la zona.

Durante cuatro días la desaparición de José María Morales fue un enigma. A poca distancia de donde se detuvo la ambulancia, se armó un campamento donde se coordinaron los operativos de búsqueda. La jurisdicción policial pertenece a la Seccional 10ª de la localidad de Arbolito, Cerro Largo. Allí ocurrió la famosa batalla entre fuerzas gubernistas y blancas. En la búsqueda de Morales trabajaron efectivos de la Policía, Bomberos y Prefectura. El propio jefe de Policía, Wilfredo Rodríguez, participó en el rastrillaje, ya que conoce muy bien los parajes aledaños a Arbolito. Con un bote, efectivos de Prefectura “peinaron” la cañada en la búsqueda del cuerpo.

Un hombre afable y con muchos amigos

José María Morales hacía ocho años que se había jubilado como sereno del cementerio de Melo. Era un hombre afable, pronto para un chiste y muy solidario. Acompañó a su suegro en el viaje de ambulancia desde Melo hasta Montevideo porque eran grandes amigos. “Vos estas de vago”, le dijo su suegro días antes del viaje, en alusión a que era un hombre jubilado. “Vos vas conmigo a Montevideo”. Morales accedió. Durante su trabajo en el cementerio, Morales también tenía como tarea abrir la morgue. Y cuando no iba un enfermero del hospital, Morales le preparaba los instrumentos al médico forense, Juan Muñoz, para una autopsia. El trabajo que hacía Morales a cualquier hora del día o de la noche, llevó a que el Poder Judicial le pagara una compensación.

Rastrillarán por objetos personales

La fiscal de Melo, Adriana Umpiérrez, dijo a El País que la carpeta investigativa sobre la muerte de José María Morales todavía no está cerrada y agregó que hay una serie de elementos que hacen presumir que se trató de una muerte por ACV.

Las declaraciones del personal de la ambulancia, el paciente (suegro de Morales) y de un peón rural de la zona coinciden en que se detuvo la emergencia móvil y que Morales descendió corriendo.

Familiares de Morales dijeron que faltaba su billetera con $ 500, el reloj y su alianza. La fiscal dijo: “Es verdad. Esos elementos no se han encontrado. Por eso se está tratando de rastrillar la zona. Pero no se advirtieron lesiones externas que hagan presumir que existió una conducta delictiva”.

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