OTRAS COSAS QUE PASAN EN TEMPORADA

Investigar en verano en Uruguay

Trabajan cuando los científicos locales descansan, se quejan del transporte y los precios.

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Irith y Joep pareja de investigadores holandeses. Foto: Marcelo Bonjour

Mientras la mayoría de los científicos uruguayos se encuentran descansando en algún balneario de la costa o en el exterior, en los laboratorios de la capital el inglés se mezcla con el español y de último se escuchan distintas variantes procedentes de otros países de América Latina.

Son extranjeros, están en Uruguay en los meses de verano pero, aunque pueden pasar por turistas recién llegados, eligieron Montevideo para ampliar su formación. No están descansando sino trabajando, aunque aprovechan los fines de semana para conocer un poco del interior del país.

Irith tiene 25 años. Es holandesa y llegó a Uruguay para cumplir con un requisito de la Universidad Tecnológica de Eindhoven (TU/e), institución en la que realiza un máster en Ingeniería Biomédica.

"Como parte del máster tengo que hacer una pasantía en algún lugar del mundo, fuera de mi universidad", relata a El País. "Podría haberla hecho en una ciudad de Holanda pero quería salir al exterior y descubrir cómo se investiga del otro lado del mundo".

Por estos días, mientras en su país experimentan temperaturas que van del 0 a los 10°C, Irith disfruta del verano del hemisferio sur.

El sitio que eligió para hacer su pasantía fue el Instituto Pasteur. Allí, trabaja en la creación de modelos 3D del epitelio intestinal (el tejido que cubre la pared del intestino).

"El epitelio intestinal es importante para hacer de barrera para el ingreso de sustancias que pueden lastimar al cuerpo", explica la joven estudiante. "Alteraciones en sus funciones pueden derivar en muchas enfermedades; es importante tener modelos para estudiarlas y para desarrollar nuevos medicamentos".

En un Instituto Pasteur con mucho menos movimiento en sus pasillos que en el resto del año, Irith trata de obtener "mini intestinos" que puedan servirle de modelos para estudiar estos temas.

Cuando se le pregunta por qué eligió Uruguay como destino responde que nunca había estado en América del Sur y sentía curiosidad por este continente. Además, el país elegido debía contar con dos requisitos: realizar investigaciones de alto nivel y ser seguro. "Eso nos hizo eliminar una cantidad de países", subraya.

El "nos" refiere a Joep, su novio, también estudiante de Ingeniería Biomédica, que eligió la Universidad de la República como sitio para ampliar sus estudios en Montevideo.

Ómnibus y precios.

La pareja de investigadores holandeses alquiló un apartamento en La Blanqueada, donde vivirán hasta marzo, a partir de cuando se irán de viaje por el continente.

¿Cómo es la experiencia de un extranjero investigando en Montevideo en verano? "Es maravilloso poder ir siempre sentada en el ómnibus", responde Irith.

El transporte urbano descongestionado del mes de enero fue un alivio para la joven investigadora, que llegó a fines de noviembre.

"No es agradable ir parado porque aceleran y frenan muy rápido. Y para mí lo peor es que me cuesta mucho reconocer los edificios y saber cuándo tengo que apretar el botón para bajar", lamenta.

En Holanda los ómnibus no solo no van tan cargados sino que cuentan con pantallas con los nombres de las paradas, de manera que el pasajero sepa dónde bajar si no es de allí.

La dificultad de Irith se acentúa desde el momento en que no habla nada de español.

Pero a pesar de las molestias en los ómnibus y de lo "no muy bien conservada" que encontraron a Montevideo, el pasar el verano trabajando por estos lares les ha permitido visitar el este del país.

Durante el pasado fin de semana visitaron Piriápolis, subieron al cerro San Antonio, se bañaron en la piscina del restaurante que hay en la cima y unos kilómetros más adelante visitaron Casa Pueblo. "Me quedé sorprendido por los altos precios de los productos en los supermercados y otros comercios", se queja Joep. "Eso no fue muy agradable".

En su caso, trabaja con imágenes de resonancias magnéticas tratando de identificar, junto a colegas uruguayos, diferencias entre las conexiones cerebrales de personas con depresión y personas sanas.

Pero "me gusta mucho la gente de Uruguay, porque son realmente agradables y serviciales", aclara desde su apartamento a metros del Parque Central. Su novia coincide.

Venezuela.

Angimar (26) es médica y nació en Higuerote, un pueblo al oeste de Caracas, con costa sobre el Mar Caribe. Por eso, cuando llegó a Montevideo, lo primero que hizo fue ir a la rambla a ver el atardecer.

El sitio que ella eligiera para su maestría tenía que tener mar. Angimar es otra de las extranjeras que por estos días se encuentran en la capital uruguaya haciendo investigación.

La doctora estudia enfermedades oncológicas vinculadas con la sangre, como la leucemia linfocítica crónica, que afecta principalmente a mayores de 65 años.

Al igual que Irith, concentra su trabajo en el Instituto Pasteur. Sobre el hecho de que en esta época haya tan poca gente trabajando en la ciudad comenta que tiene su lado positivo. En el caso del instituto, apunta, el que haya menos personas, hace que tenga más tiempo para utilizar los equipos que son de uso común.

Angimar vino a Montevideo con su esposo y la eligieron como destino por considerarla más segura que otras ciudades del continente.

Consultada sobre la situación en su país y si tuvo que ver en la decisión de partir, respondió que en su caso no se trasladó por problemas sociales o económicos sino para ampliar su formación. Por mes se radican en Uruguay 60 venezolanos que huyen del chavismo.

Estar lejos tiene su lado bueno y su lado negativo, apunta. "Estás acá y tienes toda la familia allá. Pero tampoco puedo seguir esperando a que el país mejore para avanzar académicamente", enfatiza.

Desde que llegó vive en el centro, que dice es muy diferente al de Caracas, especialmente por los edificios antiguos. Esta semana conoció el Mercado del Puerto y le gustó mucho.

A fines de diciembre vino su madre para conocer un poco más de la costa uruguaya pero la lluvia les impidió hacer el paseo. Tiene previsto viajar hacia el este próximamente.

"Me dijeron que Punta del Este es muy lindo y que se parece a Isla Margarita. Y que me tengo que tomar una foto en la mano", concluye riendo.

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