Dos sirios, padre e hijo, ingresaron con documentos falsos buscando refugio

Del infierno de la guerra siria al Comcar y el INAU

La apertura a refugiados que promovió el expresidente José Mujica llevó a situaciones que el gobierno no previó, como la llegada de tres sirios a Uruguay que hoy están siendo investigados por el Ministerio del Interior, o la de un padre y su hijo que, huyendo de la guerra en Siria, ingresaron al país con documentos falsos y terminó uno preso y el otro en el Instituto del Niño y del Adolescente (INAU).

Ambos casos se registraron en las últimas semanas y fueron confirmados por el secretario de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, Javier Miranda, el miércoles en una comisión de la Cámara de Diputados.

Según la información que manejó en la comisión la diputada del Partido Nacional Gloria Rodríguez, padre e hijo ingresaron por la frontera con Brasil. El hombre terminó en el Comcar y el menor en un centro de acogida del INAU en El Pinar, Canelones.

"Según las noticias que tengo, el adulto fue privado de libertad por adulteración de documento, y debido a eso el niño tuvo que ser enviado al INAU", confirmó Miranda.

El secretario de Derechos Humanos admitió que sabe que "la situación es compleja" y que el INAU y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) están trabajando en el tema, pero no dio mayores detalles de este caso.

De los tres hombres sirios que llegaron por el "programa del Pepe" para los refugiados, Miranda dijo que ingresaron con documentación legal, pero igual se le dio cuenta al Ministerio del Interior para que los investigara. Sin pretender "estigmatizarlos" por su nacionalidad, el secretario de Derechos Humanos advirtió que "hay que tener cuidado y contar con registros mínimos" de estas personas "para saber qué tipo de gente está llegando a nuestro país, con qué motivo y con qué finalidad".

"Hay que tener en cuenta la realidad mundial. Es absolutamente razonable tomar precauciones en cuanto al control de las personas que llegan al territorio, ya que no sabemos con qué fines lo hacen", consideró el jerarca, que concurrió a la comisión a pedido del nacionalista Pablo Abdala.

Según informó Miranda, se trata de "tres adultos jóvenes" que ingresaron al país "a través de la frontera con Brasil, y quienes dijeron que venían a acogerse al programa del Pepe".

El secretario de Derechos Humanos contó que habló hace unos días con el subsecretario de Interior, Jorge Vázquez, porque en esto "hay que tener en cuenta la seguridad".

"Esas tres personas son migrantes comunes y corrientes", aseguró no obstante, personas "que llegan a territorio nacional y solicitan acogerse al estatuto del refugiado". Agregó que en Uruguay hay aproximadamente 200 personas que se acogieron a este estatuto, fuera del programa de acogida a las familias sirias, que vinieron desde lugares como México o Colombia.

Con documentos.

Recientemente los integrantes de las familias sirias que llegaron como

refugiadas en octubre de 2014 obtuvieron un documento de identidad para viaje bajo el régimen de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

"Este documento no es un pasaporte ya que en Uruguay el pasaporte solo se le da a los ciudadanos y para serlo se requieren tres o cinco años de residencia permanente en el país", explicó Miranda.

"No están en condiciones de sacar pasaporte pero sí tienen documento de viaje y esto es muy importante para estas personas porque les da sensación de libertad, ya que saben que se pueden desplazar y no están presas en un nuevo territorio", comentó Miranda.

Otra información que brindó el secretario de Derechos Humanos de Presidencia indica que hace dos semanas la hija de uno de los reasentados en Uruguay vino al país en carácter de refugiada gracias al mecanismo de reunificación familiar.

"Esto lo previmos, incluso, en el momento de la selección —entre comillas— de las personas, para ver cuántas más podrían venir por reunificación familiar", aseguró.

Un litro de leche.

La venida del segundo contingente de familias sirias en el marco del compromiso con la agencia para los refugiados de Naciones Unidas (Acnur), está prevista para el último trimestre de este año; pero "eso está sujeto a revisión. Acnur lo sabe porque lo hablamos", explicó Miranda.

El costo total de la estadía de las doce familias sirias en el país como refugiados lo asume 100% el Estado uruguayo. Es en total de US$ 2,3 millones, informó Miranda. "Este costo significa un litro de leche para cada uruguayo, de acuerdo con el valor actual del dólar", dijo. "Esto implica una inversión y eso es lo que nos hace rever el programa, evaluar si podemos mantenerlo. En este momento, el tema está en discusión en el Poder Ejecutivo", adelantó.

Según Miranda, ante "una revisión de la estructura presupuestal, con el recorte de gastos por un lado y la reasignación de recursos por el otro, este asunto está incluido". Hoy se está negociando con los ministerios de Economía y Finanzas, de Relaciones Exteriores y de Desarrollo Social "para rever los números del programa y su viabilidad. No puedo adelantar cuál va a ser la resolución porque se está en plena discusión", dijo.

Convivencia.

Las próximas siete familias sirias no serán alojados en el Hogar de los Maristas como ocurrió con el primer contingente llegado el 9 de octubre de 2014. Irán directamente al interior.

"La experiencia del refugio, del albergue transitorio que duró entre seis y ocho semanas fue buena pero, sin duda, generó conflictos de convivencia", dijo Miranda, que ilustró sobre algunas de las situaciones. Peleas entre niños, padres que defienden a sus hijos, fueron algunos de los casos relatados por el funcionario.

"La evaluación que hoy hacemos de ese proceso de convivencia no es la más adecuada. Realmente, la etapa fue difícil, por temas de convivencia: a mí no me gusta esta comida, quiero cocinar mi propia comida, el nene grande le pegó al chico y eso no puede ser, ustedes tienen que poner control, y demás", relató Miranda.

Hermana de diputado de origen sirio traductora.


El secretario de Derechos Humanos de la Presidencia, Javier Miranda, contó en la comisión homóloga de la Cámara de Diputados las dificultades de todo tipo que se tienen para facilitar la adaptación de las cinco familias sirias que llegaron a Uruguay en octubre de 2014. Una es beduina, habituada a vivir como nómade en el desierto. Otra es de Alepo, bien citadina. Por eso, el diputado nacionalista Amin Niffouri, descendiente de sirios, propuso que su hermana, que vivió años en Siria, podría colaborar como traductora de árabe. De las cinco familias sirias que llegaron en octubre, tres están en Montevideo y dos en el interior del país. En total son 45 personas. La segunda tanta llegaría a fin de año y son siete familias.

SABER MÁS

Hombre sirio: "En mi casa soy el rey".


Poco después de llegar al Hogar de los Maristas en octubre de 2014, hubo un episodio donde un padre sirio castigó a una de sus hijas. Según contó Javier Miranda a los diputados de la comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes, la jovencita había ido a la playa en el marco de los paseos que se organizaron en esos primeros días de adaptación en Uruguay. La joven volvió con arena en los pies.

El padre reaccionó de forma violenta y castigó físicamente a su hija, entendiendo que se había excedido. "Se imaginó que su hija poco menos que se había desnudado en la playa, algo inaceptable para la cultura de estas personas, y la castigó", explicó Miranda. El secretario de Derechos Humanos tuvo una discusión con el jefe de familia sirio. "Usted no puede castigar a su hija", le dijo, según contó a los legisladores. El padre respondió "¿Cómo que yo no puedo castigar a mi hija?". Miranda replicó: "No; usted no puede castigar a su hija", y el padre agregó: "En mi casa yo soy rey; en mi casa mando yo".

Entonces, Miranda insistió: "Usted no le puede pegar a su hija", y el sirio le contestó: "¿Cómo que no le puedo pegar a mi hija? ¿Me van a meter preso?". Miranda le dijo: "Sí, lo van a meter preso. En este país el castigo físico a un hijo es un delito. Esto no puede suceder de ninguna manera, ni hacia sus hijos ni hacia su esposa ni hacia nadie, porque es un delito". El hombre francamente no comprendía, razonó Miranda, "pero no comprendía culturalmente". También contó que un niño se fracturó un brazo, hecho que ocurrió cuando jugaba con su padre y que no fue un caso de violencia doméstica.

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