Indiferencia ante muerte de dos niñas gitanas

Las fotografías que muestran la indiferencia de varios bañistas ante los cadáveres de dos niñas gitanas en un playa cercana a Nápoles, causaron indignación en el país, despertando las críticas del arzobispo de la ciudad, Crescenzo Sepe. La prensa italiana publicó ayer las imágenes en las que se ve a dos personas que toman el sol a pocos metros de los cadáveres de Cristina y Violeta, de 11 y 12 años, que se ahogaron tras ser arrastradas por la olas. "Estas son las imágenes de nuestra ciudad que no querríamos ver nunca", afirmó el arzobispo, quien consideró que son mucho peores que las que dieron la vuelta al mundo a causa de la acumulación de la basura en las calles.

Dos niñas gitanas murieron el sábado ahogadas en el mar de una playa de Nápoles, y mientras sus cuerpos cubiertos por toallones estaban tirados en la arena, la gente permaneció indiferente tomando sol como si nada hubiera ocurrido.

Las fotos que registraron este escalofriante episodio de indiferencia frente a la tragedia, fueron publicadas en las portadas de los principales diarios italianos, causando una gran conmoción en el país.

Todo ocurrió en la playa de Torregaveta, en el litoral Norte de Nápoles. Allí habían ido a vender sus chucherías Violetta y Cristinia Ibramovic, dos gitanitas de 12 y 11 años que vivían en el campo roma de Secondigliano-Scampia. Probablemente las dos niñas, que eran primas, no sabían nadar pero cerca del mediodía, cuando el sol pegaba fuerte, decidieron bañarse en el mar.

Una corriente fuerte que las arrastró mar adentro, y una ola muy grande que las tiró con violencia contra un grupo de rocas, provocaron la tragedia. Según la prensa local, desde la playa se oyeron gritos y un equipo de bomberos intentó salvarlas con una lancha, pero todo fue en vano.

Los dos cuerpos sin vida fueron tendidos en la arena a orillas del mar, y como las niñas estaban solas, no hubo escenas de parientes desesperados ante los cuerpos sin vida; sólo unos pocos curiosos que presenciaron el drama y que enseguida se dispersaron. Lo insólito es que, aunque los cadáveres yacían sobre la arena tapados por toallones, la actividad balnearia no se alteró.

REACCIONES. El diario italiano "Corriere della Sera" destaca que en algunas fotos se puede ver a turistas en bikini que siguen tomando sol tranquilamente o comiendo a pocos metros del sitio donde se encontraban los cadáveres.

"La Repubblica", por su parte, señala que fueron muy pocos los que abandonaron la playa después del accidente. A lo sumo, algunos se limitaron a llamar por celular a algún conocido para contarle lo que había pasado, hasta una hora más tarde en que la policía fúnebre apareció para llevarse los cuerpos en cajones, también en medio de una indiferencia total.

"Son estas las imágenes que nunca querríamos ver de nuestra ciudad, más aún que las que se mostraron al mundo cuando Nápoles estaba sumergida en la basura", lamentó el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de la ciudad del Vesubio, quien condenó duramente la indiferencia que rodeó la muerte de las dos niñas gitanas.

"La tristeza no sólo proviene de esos cuerpos debajo de los toallones, señal de una tragedia penosa, sino de la gente en la playa que no tomaba parte y que no se sentía involucrada: darse vuelta hacia otro lado a veces puede ser más devastador que los mismos hechos que ocurren", denunció el prelado con desconsuelo. "No quisiéramos que justamente la indiferencia de las personas se perfile como la más grave emergencia para Nápoles", agregó Sepe en alusión a la conocida y crónica crisis de la basura instalada en esa ciudad.

Más allá de la cuestión residuos -que se convirtió en una prioridad del gobierno de derecha de Silvio Berlusconi-, la reputación de Nápoles también se vio manchada hace unos meses por una oleada inédita de violencia en contra de gitanos, cuyos campos fueron asaltados y quemados después de que una niña de esa etnia fuera acusada de intentar robar una beba de un barrio de la periferia de la ciudad. Entonces, hasta el cuerpo de bomberos y la propia Policía tuvieron que salir a defender a los gitanos que ante la furia popular -quizá manipulada por la Camorra, la mafia napolitana que quería apoderarse de esos terrenos- se vieron obligados a abandonar sus campos.

Se estima que en Italia hay unas 140.000 personas nómades, de las cuales sólo la mitad tienen la ciudadanía italiana.

La mayoría de las familias gitanas vive en precarios campos -algunos legales, otros ilegales- en las principales ciudades italianas (Milán, Nápoles y Roma). Según la opinión pública, ellos son los principales culpables del aumento de la delincuencia que se registra en los últimos años en ese país. (BASADO EN LA NACIÓN)

Un polémico registro

La cuestión de los "rom", como le dicen en Italia a los gitanos, se ha convertido en una prioridad del gobierno de Berlusconi que por este tema ha recibido duras críticas en el exterior. Su plan es tomar a todos los gitanos las huellas digitales, incluso a los niños. Si bien la semana pasada el Parlamento Europeo consideró esta medida como "racista y discriminatoria", el ministro del Interior, Roberto Maroni (perteneciente a la xenófoba Liga Norte), defendió el plan y aseguró que servirá para censar a los gitanos "no por cuestiones étnicas", sino para que tengan "una vida más digna".

Por otra parte, el mismo Maroni -quizás impactado por la trágica historia de las gitanitas de Nápoles- anunció que próximamente propondrá se reconozca la ciudadanía italiana "por razones humanitarias" a los niños gitanos que nacen en la península sin padre. "El primer derecho de un niño es tener una identidad", afirmó el funcionario.

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