Huellas del horror nazi en Uruguay

Holocausto. Desde el martes podrá visitarse una muestra interactiva en el Subte Municipal En Uruguay viven menos de 20 sobrevivientes del nazismo alemán, de 3.500 que había en 1957

2008-04-12 00:00:00 300x300

ANDRÉS LÓPEZ REILLY

Susana Herskovicz llegó a Uruguay en 1947. Tres años antes vio a su madre por última vez en frente a los portones de Auschwitz, el campo de exterminio nazi en el que tuvo que convivir con el horror y lo peor de la miseria humana.

En 1957 había en Uruguay 3.500 sobrevivientes de ghettos y campos de concentración. Hoy, probablemente sean menos de 20.

Con los años, muchos de estos judíos inmigrantes mantuvieron silencio sobre lo que tuvieron que vivir, incluso con sus propias familias.

Susana Herskovicz contó su historia por primera vez en 1998, a pedido de sus hijos, en un librillo que registra breves historias de la presencia judía en Uruguay. La segunda vez, lo hizo en una entrevista que El País le realizó ayer en su casa, cercana al Hospital de Clínicas.

"Muchos sobrevivientes sienten la necesidad de hablar ahora, pasadas muchas décadas de aquel horror brutal", explica Isabel Burstein, coordinadora de la muestra "Memoria y legado del Holocausto", que será inaugurada oficialmente el lunes en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. La exposición se realizará en el Subte Municipal, en Plaza Fabini, hasta el 6 de junio.

"Hoy los jóvenes no saben nada de lo que pasamos. Ni se imaginan lo que fue, pero ya está, se terminó, es parte de la historia", señala Susana Herskovicz, como buscando eludir los flashes más duros de los años del terror. Recuerdos que sin embargo tiene muy presentes en su vida, producto de una memoria prodigiosa.

Es allí, en el ejercicio intelectivo de toda una vida, que el recuerdo de su madre, Guizella, aflora con frecuencia en su mente, pues Susana no pudo guardar siquiera una fotografía de la persona que la cuidó hasta que un militar, en la irracionalidad más absoluta del nazismo alemán, las separó para siempre de un tirón.

EL COMIENZO. Susana nació en Pics, una ciudad de 100.000 habitantes al Sur de Hungría, en la frontera con Yugoslavia.

Eran seis mil judíos y vivían muy bien. Cuando terminó el bachillerato, con 18 años, quiso seguir estudiando pero no le fue posible ingresar a la Facultad. Era 1939 y ya soplaban los vientos de guerra.

Su tía, que vivía en Montevideo, llamó a su madre para que se vinieran a Uruguay. Su padre había muerto y sólo quedaban ellas dos, que nunca pensaron que los acontecimientos se precipitarían de tal manera.

En 1944 los alemanes ocuparon Hungría y comenzó una suerte de efecto dominó. Primero fueron las sanciones contra los judíos: tuvieron que entregar las radios y los obligaron a usar la estrella de David, de color amarillo, confeccionada con tela por ellos mismos.

Al poco tiempo los obligaron a trasladarse a un ghetto, en un barrio alejado de la ciudad, con muy modestas viviendas.

Abandonaron sus casas y éstas fueron ocupadas por otros. Sólo les dejaban llevar lo imprescindible, por lo que juntaron la mayor cantidad de objetos de valor que les fue posible.

Sin embargo, les advirtieron que si llevaban alguna joya y no la entregaban, los alemanes los matarían en el acto. A las mujeres las encerraban en una pieza y, una por una, las revisaban para saber si escondían algo en el útero.

La mayoría destruyó todo lo que traía consigo; rompieron el dinero y lo tiraron por el inodoro para que no quedara en poder de los alemanes.

Fue entonces que los llevaron a una estación de trenes y los subieron a vagones como ganado. Así viajaron durante tres días y tres noches. No había lugar casi para sentarse y tenían que hacer sus necesidades en un balde. Para entonces, ya había varios muertos en ese expreso del terror, que tenía para ellos un destino absolutamente incierto.

AUSCHWITZ. Por fin el tren se detuvo. Todos bajaron y Susana se acurrucó en el suelo para hacer sus necesidades. Hacía días que se sentía mal. Los soldados alemanes los iluminaron con reflectores, empujaron a su madre hacia un lado y a ella hacia el otro. Nunca más la volvió a ver. Los "viejos" murieron en las cámaras de gas.

Fue allí que conoció a Joseph Mengele, quien se paseaba por el campo haciendo gala de su soberbia junto a un par de ovejeros alemanes. Nunca más olvidó aquel rostro crispado por el odio y el rencor.

Les despojaron de toda la ropa y les raparon la cabeza. A las mujeres las formaban en ruedas y a las que no eran "perfectas", las mataban. En las sucias barracas de Auschwitz, atestadas de cuerpos enfermos, Susana vivió sus peores años.

Su vida, como la de tantos otros sobrevivientes, es uno de los ejemplos más notables de la resiliencia: la capacidad que tienen los seres humanos de sobreponerse a la adversidad y la tragedia.

Con los años, conoció en Uruguay a su marido, Yoshka, a quien el Holocausto le arrancó una hija de 5 años.

Hoy se enorgullece de tener dos hijos y dos nietos.

Seis millones de muertos y una nación devastada

El Holocausto ("Shoá" para la colectividad judía) fue la persecución y el asesinato sistemático burocráticamente organizado de aproximadamente seis millones de judíos por los nazis y sus colaboradores.

"Holocausto" es una palabra de origen griega, que significa "sacrificio por fuego." Los nazis, que tomaron el poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una "raza superior" y que los judíos, considerados "inferiores", no merecían vivir.

Durante el Holocausto, los nazis también tuvieron en su mira a otros grupos por razón de su percibida "inferioridad racial": los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos, y otros). Otros grupos fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: comunistas, socialistas, testigos de Jehová y homosexuales.

Entre 1942 y 1944, los nazis deportaron millones de judíos de los territorios ocupados a los campos de exterminio, donde fueron ejecutados en instalaciones diseñadas especialmente para tales fines.

La guerra terminó con la rendición incondicional de las fuerzas armadas el 9 de mayo de 1945. En el período posterior al Holocausto, muchos de los sobrevivientes encontraron refugio en campos administrados por los aliados.

Entre 1948 y 1951, casi 700.000 judíos emigraron a Israel, incluyendo más de dos tercios de los judíos desplazados en Europa. Otros emigraron a los Estados Unidos y a otros países de América. Los crímenes del Holocausto devastaron la mayoría de las comunidades judías de Europa.

Fuente: ushmm.org

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