La columna de Pepe Preguntón

Es la hora

El Partido Colorado atraviesa una profunda crisis. La peor de su historia. Ni siquiera después de la hecatombe financiera de 2002 y de su desastrosa votación de apenas un 9% en los comicios de 2004, hubo tantas dudas acerca de si la vieja colectividad no se encuentra cerca de su desaparición.

Las últimas elecciones mostraron que Pedro Bordaberry no solamente no es capaz de captar el voto independiente, sino que ni siquiera puede retener a todos los colorados. Además, su estilo de conducción ha sido fuertemente cuestionado dentro de su partido. Dentro de su propio sector Vamos Uruguay se han alzado voces de disconformidad que, con el tiempo, se han convertido en disidencias.

¿Hay alguno de esos disidentes de Vamos Uruguay que parezca en condiciones de construir un nuevo liderazgo? ¿Hay alguien capaz de nuclear detrás suyo al sector que Bordaberry había logrado construir? Es pronto para decirlo. Pero, a priori, pareciera que ni Amado, ni Ope, ni otros pueden hacerlo. ¿Y en el Batllismo? ¿Son Amorín Batlle, Tabaré Viera o Alberto Iglesias los que pueden liderar una resurrección del Partido Colorado? ¿Es el intendente Osorio, de Rivera, que en medio de la última debacle electoral logró mantener su sillón a salvo? Daría la impresión de que ninguno de ellos luce a primera vista como la solución para el problema.

¿Y entonces? ¿No hay un hombre capaz de sacar del pozo al Partido Colorado? ¿No hay nadie que pueda liderar la resurrección?

¿No hay una persona que esté en condiciones de ordenar la casa, de llamar al orden interno y de recrear, en el mensaje, aquellos valores que hicieron tan fuerte a esta colectividad? ¿No hay acaso alguien en el Partido Colorado que pueda enfrentar la declarada intención del Frente Amplio de apoderarse del ideario Batllista?

Hace algunos días, en una imperdible entrevista que concedió al periodista Gerardo Sotelo en El País TV, el expresidente Julio Sanguinetti demostró que no hay nadie más capacitado que él para liderar este proceso de recuperación del Partido Colorado.

Nadie puede, como él, recordar a los colorados por qué son colorados. O por qué lo fueron hasta que decidieron prestarle el voto al Frente Amplio y dejar de confiar en su partido.

Nadie puede, como él, encolumnar seriamente a la dispersa dirigencia colorada de todo el país. Poner orden adentro, para definir cómo volver a enamorar afuera. Hablar como hay que hablar de las cosas que le duelen al país. Confrontar, con ideas y no con eslóganes, a los populismos y sesentismos que hoy dominan la escena nacional.

Al Partido Colorado lo convencieron en 2004, o sea hace once años, que Sanguinetti estaba viejo. Que debía jubilarse. Que tenía que correrse a un costado, para dar lugar a la renovación. Lo convencieron los mismos que hoy siguen teniendo a Vázquez, Mujica y Astori como sus líderes.

Y el Partido Colorado se dejó convencer.

¿Va a reparar ese error histórico, pidiéndole a Sanguinetti que sea quien lidere al Partido Colorado en esta hora límite, o va a seguir trabajando por su definitiva extinción?

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